Hace
ya un tiempo inicié una nueva sección analizando diferentes frases hechas que
solemos usar en el castellano, sin plantearnos bien a razón de qué fueron
creadas. Hoy analizaremos otra curiosa expresión, “dar abasto”, muy empleada en
Castilla y León y frecuentemente mal empleada por distintas personas, incluso
en la prensa o en la televisión, apareciendo erróneamente escrita como “dar a basto”,
expresión que no existe y que significaría algo así como ir dando mamporros por
doquier, hasta al que pasara a pedir la hora.
Y es que la expresión original, la
real y verdadera, “dar abasto”, usada por ejemplo para decir: ufff, tengo tantas tareas pendientes que no
doy abasto con las nuevas que me llegan, significa que estamos superados
por la situación, al borde del colapso.
Lo más peculiar de este dicho
popular es que utiliza un vocablo, “abasto” de origen bastante antiguo, ya que
se refiere a “provisión de víveres”. Y curiosamente hasta aún hoy día, existe
en la ciudad de Soria el llamado Mercado de Abastos. Pr desgracia, el
Ayuntamiento decidió demoler el centenario edificio para construir en su lugar
otro mucho más moderno que a mi parecer encaja mal con las milenarias piedras y
edificios que lo rodean.
Fotografía de
1919 mostrando un día de mercado (izda). En el centro, detalle del centenario Mercado
de Abastos de Soria, hasta hace pocos años. Dcha, aspecto actual del nuevo
mercado.
No es el único. Existen otros “mercados
de abastos” en distintas localidades españolas. Su origen y usos están claros
¿no?. Más aún cuando recordemos que la ciudad, que llegó a ser Corte Real con
el monarca Alfonso X el Sabio, tuvo una importancia vital en la Edad Media como
capital de la Mesta o más propiamente dicho, de El Honrado Concejo de la Mesta de Pastores trashumantes, creado por
el mencionad rey castellano en el año 1273 para abarcar y amparar a todos los
pastores del reino de Castilla y León.
De acuerdo con varios historiadores, los
pastores eran toda una institución existente ya desde tiempos prerromanos, que
continuaron con sus costumbres trashumantes, sin apenas variaciones hasta la
Edad Media. Debido a las hambrunas y temporadas de fríos inviernos que
propiciaron aún más miseria, combinado con el hecho de estar en épocas de “luchas
contra el infiel sarraceno”, que por esas fechas aún controlaba buena parte de
la Península Ibérica, hacían que los pastores sufrieran en numerosas ocasiones
robos e incluso asesinatos. De esta manera las distintas asociaciones de
pastores se fueron agrupando para prestarse ayuda y acabaron presionando al rey
que finalmente institucionalizó el colectivo de asociaciones de pastores,
dándole una serie de privilegios entre los que se encontraba el no tener que
prestar servicio militar en las numerosas campañas de la Reconquista, o estar
exentos del pago de los derechos de tránsito por diversas vías (cañadas), que
transcurrían por buena parte de territorios propiedad de las órdenes del
Temple, de Calatrava, de los Hospitalarios o de Santiago, entre otras.
Incluso hay quién se inclina a pensar
que el término de “la Mesta” procedía del vocablo “mechta”, que en lengua bereber
se refería a las majadas utilizadas en invierno para que el ganado lanar no
pasara frío. Recordemos que con la invasión árabe, distintos grupos de pastores
bereberes se instalaron en las dos castillas y parte de Aragón. Otros, en
cambio, defienden que “Mesta” pudo ser un vocablo del castellano antiguo que
aludiera a la mezcla de ovejas de diversas especies y dueños, que efectivamente
ocurrió durante los traslados.
Mapa mostrando
las principales Cañadas Reales utilizadas por los pastores de la Mesta. Imagen
medieval mostrando un pastor que pide cobijo o permiso de tránsito a un señor
feudal e imagen de uno de los momentos en que los actuales pastores
trashumantes pasan por Madrid siguiendo las milenarias cañadas para el tránsito
de ganado.
Durante muchos años este respetado
concejo monopolizó buena parte del ganado lanar y su producción, de gran
calidad a nivel internacional, rivalizando con la producción de los Países
Bajos, manejando bastante dinero y disponiendo de antiguas vías que surcaban
toda la Península Ibérica, antiguas vías de comunicaciones usadas por los
pueblos prerromanos y posteriormente convertidas en calzadas por los ingenieros
del Imperio Romano, que pasaron a designarse como Cañadas Reales (si se visita
el museo de la trashumancia, en Oncala, ya tratado aquí
se verán con todo detalle las distintas denominaciones que recibían las vías
pecuarias en función de la anchura de éstas; es una visita que recomiendo
realmente pues resulta entrañable). Debió ser todo un espectáculo ver transitar
a los ingentes rebaños de ovejas conformados por miles de cabezas de ganado al
agrupar los animales de numerosos pastores deseosos de dar los mejores pastos a
sus ovejas, en las diversas estaciones del año.
Como es de esperar, las fortunas que
movía el negocio lanar pronto atraería a grandes comerciantes del Medievo, como
eran los banqueros y comerciantes judíos procedentes de toda Europa (no en
vano, en aquella época en la ciudad existió la segunda judería más grande, tras
Toledo, considerando el número de hebreos que había con respecto al total de la
población) y los oportunistas caballeros templarios, que recordemos que gran
parte de su fortuna la construyeron por préstamos financieros ya que fueron los
auténticos inventores de “las letras de cambio”. Esto es, un peregrino se
acercaba al inicio de su viaje con su suma de dinero a cualquier encomienda de
la Orden del Temple y entregaba su dinero, recibiendo un papel sellado indicando
la cantidad entregada; a partir de entonces podía viajar por donde quisiera,
acercándose a cualquier encomienda templaria cercana y en ellas podía ir “sacando
dinero”, cual cajero automático actual, hasta agotar la cantidad que había
entregado al principio de su viaje. Como es de suponer que el documento
requería cierta identificación del dueño del dinero, podía viajar sin miedo a
ser robado ya que aunque se llevaran este documento nada podrían hacer con él
si no era el verdadero dueño. Por otro lado, hay autores que creen que los
templarios hicieron uso de un sencillo código basado en triángulos y figuras
geométricas que codificaban los documentos importantes, entre ellos estas
letras de cambio de forma que tampoco había manera de entender qué ponía en ese
pergamino, si se desconocía el código, garantizando que nadie le robaría ese
dinero confiado a la orden del Temple.
A los integrantes del Concejo de la
Mesta se le conocía por el nombre de “hermanos” y además de gozar de una serie
de privilegios por pertenecer a esta asociación tutelada por el mismísimo rey,
tenían la obligación de respetar todos los acuerdos que se aprobaran en las
reuniones anuales, donde en el tribunal que presidía estas asambleas había
representantes de los pastores elegidos por los propios ganaderos, así como
personal designado por el monarca en persona, para representar los intereses de
la corona.
Izquierda:
sellos de la Mesta junto a una fotografía de parte del Palacio de los Condes de
Gómara (Soria). Como reza la heráldica de la ciudad: “Soria pura, cabeza de
Extremadura” refiriéndose a la frontera con los territorios ocupados por los árabes.
Derecha: dibujo medieval del rey
Alfonso X el Sabio, al que ya vimos aquí
que la NASA le ha dado su nombre a un
cráter de la Luna.
Pues bien, hemos visto cómo un dicho
popular -que posiblemente se remonte a la Edad Media o tal vez a los tiempos en
los que el Imperio Español controlaba tal extensión de tierras y ejércitos
terrestres y marinos… que no daba abasto
para abastecer o suministrar
alimentos y avituallamiento a todos ellos- nos ha terminado llevando a tratar
muy brevemente a una de las grandes instituciones medievales españolas: El Honrado Concejo de la Mesta de Pastores.
Me gustaría terminar esta entrada
haciendo un pequeño homenaje a Leonard Cohen, un gran cantante (y trovador) que
ha fallecido hoy y a cuya pérdida debo sumar la también reciente de otro gran cantante,
famoso por ser “el blanco con voz de negro”, Joe Cocker. Sin duda se nos han
ido grandes músicos últimamente (David Bowie, Prince, …), una lástima.
Leonard
Cohen, “aleluya”, en directo:
Joe
Cocker, “night calls” (Llamadas nocturnas):
David
Bowie, “wild is the wind” (el viento es salvaje), en directo:
Prince,
“God was one of us” (Dios era uno de nosotros, de los nuestros), en directo:
Otro artículo curioso y un mágico homenaje a duendes que se fueron dejandonos su música y su belleza.
ResponderEliminarGracias por su comentario, Sr.Bau. Me alegra que le haya gustado el artículo y que tengamos los mismos curiosos gustos musicales. Un saludo.
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