jueves, 27 de agosto de 2026

Robado el tesoro de Villena

Y suma y sigue. Es alarmante el desprecio que en España se tiene por el patrimonio, por las culturas pasadas y por sus restos que aún yacen en el suelo peninsular; que son verdaderamente nuestras raíces.

Y lo digo porque ahora, siendo las 11.46 de la mañana, ninguna televisión se ha hecho eco de la noticia cuando en estos casos, las primeras horas son cruciales (el robo, limpio y -según qué periódico leas dicen, que no había ninguna persona vigilando semejante tesoro arqueológico, de los más importantes de la protohistoria española- se produjo sobre las 5.16 a.m., en cuatro minutos solamente).

El problema es que no hay control alguno de fronteras y esto viene genial a todo tipo de mafias. Si toman un ferry, si van en autocaravana o incluso en coche (ese tesoro de incalculable valor patrimonial y materialmente realizado en oro, cabe en una mochila), nadie revisará las pertenencias. Y de hecho, hace un par de años me encontraba yo descansando un par de días en una de las amplias playas de arena entre Guardamar del Segura y Elche, para desconectar un poco. Allí hay pinares cerca de la playa, así que fui a acercar a mi perro hasta allí. Para variar, el aparcamiento contaba con más de 20 autocaravanas de extranjeros, que allí viven, y para mi sorpresa, de una de ellas (matrícula de Alemania) bajó un hombre de poblada barba canosa, con un detector de metales con un palo más ancho que el de mi ventilador de pie, y se fue delante de mí, a vista de todo el mundo que allí estuviera, para perderse por el pinar. Dudo mucho que lo que encuentre y expolie, lo detecte algún policía o guardia civil. Y ese es solo uno de los millones de turistas que nos visitan cada año, en cualquier temporada.

Ahora que estamos en plena crisis de invasión de Ceuta de un gobierno marroquí que se cree con derecho sobre unas posesiones territoriales españolas que ya eran de España en el siglo XV –el propio Fernando el Católico mostró su interés por esa zona del otro lado del Estrecho, antes que por América– (recordemos que Marruecos, como país, surge en el siglo pasado así que alguien debería “recordarles” que el hecho de que ellos tengan arte nazarí, de omeyas, o de godos vándalos llegados de la Península Ibérica no conlleva que la Península Ibérica o Andalucía sea marroquí sino todo lo contrario, que ellos están “ocupando” un territorio que históricamente perteneció a la Península Ibérica, a la España de entonces), en plena temporadas de fiestas en toda España, los expoliadores han sabido bien aprovechar la ocasión.

Lo que apena es que nadie pudiera medios para impedir que se pudiera robar unas piezas tan jugosas (eso sí, cuando las visité, se comentó la agria polémica de las autoridades locales para impedir que este tesoro fuera llevado al museo nacional de Madrid; de haberlo hecho, ahora mismo seguiría intacto). Y también entristece pensar que con el declive cultural del propio pueblo español, habrá muchos españoles a que les hubiera gustado hacer lo mismo, robarlo y fundirlo o venderlo, solo por la riqueza material que eso supone.

 

Es triste porque la historia se repite. Ya en otras entradas hablé de la Operación Helmet, sobre cinco cascos celtiberos expoliados de España sin que nadie se enterase, que iban a subastarse ilegalmente pero Alemania logró detener la venta y conseguir que se le diera la oportunidad a España de reclamar su patrimonio, previo pago de costas. El gobierno de entonces alegó que “no estaba entre sus prioridades” y miró hacia otro lado. Finalmente fue un particular, extranjero, quién pagó de su bolsillo la compra de los cascos y los cedió al Museo Arqueológico de Madrid… Y no ha pasado nada, ni una dimisión, ni nada. A los interesados en este asunto, si hacen clic AQUÍ  https://valeriaardante.blogspot.com/2014/02/operacion-helmet.html    verán mi comentario de entonces. Por ironías de la vida, estaba hablando entonces del propio tesoro de Villena, como podrán comprobar.

No ha sido el único ejemplo. También en mi web he hablado de dos yacimientos gravemente dañados, uno en Murcia y otro en Jaén. En este último, entre mis dos visitas, comprobé cómo habían robado un altar visigodo, dando la voz de alarma (ver AQUÍ). Precisamente la pieza expoliada fue la elegida para adornar la portada de mi libro “La herencia Goda” (aquí), porque un agente particular con el que hablé sobre el asunto (Guardia Civil) me comentó que cuánto más famosa fuera la pieza, más difícil sería “moverla” en el mercado negro. 

Es muy triste ver qué está sucediendo con nuestro pasado. Cómo el país ha dado la espalda a su impresionante pasado, mientras proliferan cada vez más los relatos manipulados de una historia retorcida y muy forzada, empleada para respaldar generalmente intereses materiales, económicos, de unos pocos (que logran que un grupo más o menos numeroso se crea tales falsas verdades y las haga propias, sin obtener por ello más que rencor al vecino).

Todas las semanas suelo comprobar qué nuevas noticias arqueológicas se han producido, qué nuevos hallazgos dentro de nuestro rico patrimonio. Lamentablemente, suelo quedarme con las ganas (como decía el inigualable Groucho Marx en “Una noche en la ópera”, me quedo “solito con mis ilusiones”) porque si hay mucha, mucha suerte… doy con la excavación de un horno de cerámica, de un muro que debió pertenecer a…, de una excavación apresurada de unos restos encontrados de forma fortuita antes de que desaparezcan bajo las obras de una urbanización, un centro comercial o con el hallazgo de alguna pieza que por supuesto es de manufactura fenicia o griega mostrando que los de aquí teníamos muy poquita capacidad de innovación y mucha para adquirir maravillados todo lo que quisieran importarnos culturas extranjeras que asimilábamos al momento…

En fin, tristes y extraños tiempos éstos que estamos viviendo, donde la historia importa un bledo, el mundo se llena de desinformación, y de visiones cada vez más catastrofistas por el aparente cambio climático –término contradictorio en sí mismo, porque el clima, por definición, es siempre cambiante- y que un poco de conocimiento geológico basta para mostrar que el 80 por ciento de la historia de la Tierra ha tenido varios grados de temperatura media por encima de la actual, como mínimo. Pero eso ya es otro asunto que ahora no viene al caso.

Esperemos que se produzca un milagro y se logre rescatar el fabuloso tesoro de Villena porque, como habrá notado el lector, personalmente soy muy pesimista en este aspecto.

jueves, 28 de mayo de 2026

NUEVO LIBRO DISPONIBLE. Contenido cabalístico y alquímico del Cantar de Mío Cid

¿Es posible que la mayor obra de la épica medieval española esconda un manual de iluminación espiritual? Más allá de las batallas y el honor caballeresco, el Cantar de Mío Cid custodia un doble lenguaje que ha permanecido invisible para el lector contemporáneo, pero perfectamente descodificable para las mentes iniciadas de la Reconquista.




En este revelador ensayo, la autora nos propone un viaje intelectual y místico a través de las corrientes esotéricas que convergieron en la Península Ibérica: el sincretismo de la Cábala sefardí, el hermetismo de la alquimia, el simbolismo del Tarot, el enigma de las Vírgenes Negras y el misticismo sufí. Con un foco especial en la provincia de Soria como epicentro de irradiación espiritual hacia Europa, esta obra demuestra cómo el destierro y la posterior redención de Rodrigo Díaz de Vivar no son solo una crónica histórica, sino un mapa perfecto del viaje del alma. Cada etapa del Cid se revela aquí como un paso por las séfirot del Árbol de la Vida y un tránsito por las vías alquímicas de transmutación interior.

Una obra imprescindible para romper el velo de la historia oficial y descubrir que la literatura medieval fue el último refugio de un conocimiento sagrado que se pretendía censurar.

 

Fecha de publicación: 26 de mayo de 2026   Número de páginas: 289  Idioma: Español.

Puede adquirir su ejemplar en el enlace siguiente de Amazon, haciendo clic aquí

 


sábado, 6 de diciembre de 2025

NUEVO LIBRO DISPONIBLE. Reflejos del otro lado del espejo


Desde tiempos del antiguo Egipto, Grecia y Roma, quizás antes, los espejos han sido vistos como objetos extraños y capaces de mostrar el aspecto de cada uno, pero también considerados portales al Más Allá. Por este motivo, aún hoy en muchos hogares del mundo se tapan los espejos cuando allí fallece una persona, o se entierra un espejo si se rompe, para evitar que sea un portal de entrada de almas en pena y demonios.

En las estelas de guerrero realizadas en el II-I milenio a.C. en la Península Ibérica, aparece siempre un espejo junto al guerrero fallecido, representado junto a su carro de guerra.

Hoy, en el Museo Británico se expone un espejo de obsidiana que el rey español Felipe II regaló a la reina inglesa Isabel I y procedente de Sudamérica, capaz de responder a las preguntas de aquél que se miraba en él, dotado a modo de "espejo mágico" del cuento de Blancanieves.

¿Estaban equivocadas todas estas antiguas culturas, por todo el mundo? ¿O podría ser que algunos de los que hoy habitamos estuvieran en una realidad reflejada, al otro lado del espejo, del que saldrían al "otro lado" en ocasiones?

En este libro se recopilan quince historias inquietantes, historias fantásticas que darán que pensar al lector si en verdad estamos a uno u otro lado del espejo.

 Fecha de publicación: 5 diciembre de 2025

Número de páginas: 371 

Idioma: español 

   👉 Puede adquirir su ejemplar en Amazon, haciendo clic en este enlace (aquí). 


martes, 2 de septiembre de 2025

Corinto y sus increíbles avances

     Aunque es una ciudad de sobras conocida, no quiero dejar pasar la oportunidad para reconocer algunos de los grandes avances que se realizaron en esta población y que por ellos, en gran parte, llegó a alcanzar la fama que tuvo en la antigüedad.



Uno de los elementos más destacables de estas majestuosas ruinas es el templo de Apolo.

            Y es que la ciudad de Corinto, en el mar jónico, en Grecia, posee raíces que se remontan al neolítico. Su posición privilegiada le permitió ir creciendo pasando de ser una ciudad-estado en la antigua Grecia, a una de las urbes más importantes en la época dorada del imperio romano, un lugar clave en las historias bíblicas de San Pablo (a los Corintios) y continuar ganando fama y poder económico hasta llegar a ser una gran metrópolis en el siglo octavo.

            Como decimos, muy probablemente gran parte de esta fama se deba a su acertada ubicación, sobre un estrecho itsmo que conecta la península del Peloponeso con el continente europeo.

            Entre los múltiples restos arqueológicos de distintas eras, destacan los hallazgos del que parece ser un gran puerto comercial que poco tenía que envidiar al afamado de Cesarea marítima, en Israel, y que como se detalla en uno de los capítulos de mi libro “Relatos bíblicos a través de las Ciencias de la Tierra” (2021), fue construido por el rey Herodes con todo tipo de innovaciones, a escalas mastodónticas, con materiales de lujo y gran calidad e incluyendo, como elemento base, un tipo de hormigón que fraguaba bajo el agua.



Se ha destacado con flechas la ciudad actual de Corinto y la antigua (Acrocorinto). También puede verse en la imagen derecha el emplazamiento de una inscripción al emperador romano Nerón, en el famoso Canal de Corinto.

            Si nos aproximamos más a la zona de los puertos próximos a Corinto, encontraremos una zona denominada “Doilkos”. Allí se pueden ver los restos de una amplia calzada de sólidas losas, que se adentraba en el mar, tras ir hasta el pie de playa. Pues bien, esta impresionante calzada son los restos de uno de los mayores avances de la antigüedad, desarrollado por un sabio griego con visión de futuro, llamado Periandro El Tirano (siglo VII a.C., hijo y sucesor de Cípselo, uno de los “Siete Sabios de Grecia”).

            Pues bien, consciente como era Periandro de los peligrosos afloramientos rocosos en el mar que rodea a la península del Peloponeso, de sus a veces caprichosas corrientes y de la necesidad que tenían numerosos marineros y comerciantes de tener que bordear toda la península del Peloponeso para llegar al “otro mar”, al otro lado del istmo, se le ocurrió la genial idea de construir una amplia y sólida calzada por la cual las embarcaciones pudieran acortar horas de peligrosas jornadas de viaje, siendo transportadas sobre maderas y tiradas por bueyes o esclavos, campo a través.


Aún pueden apreciarse los restos de la calzada de Periandro, su ingeniosa “carretera para barcos”.

De esta manera, los cerca de 700 kilómetros a realizar por mar bordeando la península del Peloponeso se acortaban en unos 6,34 kilómetros por tierra.

            A juzgar por los restos que persisten de esta titánica obra, el gasto en hombres y dinero tuyo que ser alto, aunque nada comparable a las riquezas que entraron a las arcas de la ciudad por hacer uso de este invento.

            Así, Periandro (aprox. 627-587 a.C.) se adelantó milenios a la confección del famoso Canal de Corinto, que uniendo ambas costas en línea recta permite el paso de buques, desde que se inaugurara en 1893 (las obras se iniciaron en 1882).



 

        Ahora bien, se ha citado una inscripción del emperador Nerón y es que a pesar de la mala fama de la que goza este personaje, más de uno se sorprenderá al saber que ya durante su mandato ordenó que se iniciaran las obras de tal canal.

Efectivamente, cuando en el siglo XIX se comenzó a perforar la roca para construir el famoso Canal de Corinto, se descubrieron evidencias de obras similares acometidas hacia el 67 antes del cambio de era. Sin embargo, Nerón murió poco después y su ambicioso plan se fue con él. Mucho antes, también Julio César pensó en lo práctico y socorrido que habría resultado este proyecto, de llevarse a cabo.

           Pero no es solo este descomunal puerto comercial del que gozó la metrópolis en su momento de apogeo, ni el gran templo a Apolo,  ni la ambiciosa calzada de Periandro, u otros restos señoriales los restos más imponentes de Corinto, pues parece ser que cada gobernante trató de competir con el anterior en la realización de obras que por solo una de ellas, la ciudad habría gozado de gran fama.

           De hecho, existen otros restos en los que tampoco suele reparar mucha gente, abandonados en medio del campo, junto al vistoso canal.



 

      Se le conoce como “Muro de Hexamilión” y estos restos corresponden nada menos que a una imponente fortificación, tipo el Muro de Adriano, que los romanos alzaron en el siglo V de nuestra era para mantener a raya a los godos. Poseía un grosor de tres metros y una altura de 7-8 metros, uniendo los más de 150 torres defensivas que se alzaban a lo largo de todo el recorrido, de costa a costa, con el fin de aislar la península del Peloponeso, con la ciudad de Corinto (a este lado del muro), del continente con todo el movimiento de pueblos que supuso el avance de los Godos y de los Hunos, causando grandes destrozos por el Imperio Romano.

        Todo esto son “solo” algunas de las maravillas que aún se conservan, aunque sea mínimamente, en el yacimiento de Corinto y en sus alrededores, así que si alguna persona afortunada dispone de tiempo libre para revivir antiguas maravillas del mundo antiguo, sin duda esta visita es una a tener muy en cuenta.