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lunes, 7 de abril de 2025

La guerra del opio. Origen y beneficios de la primera gran droga

   La guerra del opio tuvo mucho que ver con la ambición británica, y el único interés que llevó a este país a dos guerras contra China fue simplemente económico, no se benefició en ella a terceros, ni importó que se perjudicara con sus beneficios al pueblo llano chino. Los británicos fueron una vez más, auténticos.

            Todo comenzó cuando el comercio de China con algunos países europeos, sobre todo con Gran Bretaña, Holanda y Francia, comenzó a ser muy favorable para los chinos. El más perjudicado en la balanza de pago fue Gran Bretaña que era la que más compraba, debido a su gran afición al té.  En el siglo XIX el Reino Unido tenía una alta demanda de China de té, condimentos, seda y porcelana que no se compensaba con las mercancías británicas que China demandaba, de forma que se generó un gran déficit comercial con China, déficit que el Reino Unido debía pagar en plata u oro.

            El comercio con China desde Europa comenzó antes del siglo XVI, aunque fuera en este siglo cuando el comercio marítimo se hizo más directo. Sobre todo después de que los portugueses establecieran primero la colonia de Goa en la India, y después la de Macao en el sur de China. Buenas cerámicas y condimentos llegaban a Europa de mano de los portugueses, pero el comercio más completo y en mejores condiciones económicas lo ofrecía China. Aún fue mayor con el empuje final que dio España tras la conquista de las Filipinas; creció tanto el comercio español con China, que el Galeón de Manila (ver aquí la entrada relativa al denominado “Lago Español”, en esta misma web) que llevaba los productos que España adquiría llegó a transportar más plata a China que la Ruta de la Seda, la variada red de rutas comerciales terrestres y marítimas que ya funcionaba desde antes del siglo I a.C. por la que China enviaba sus productos a la mayor parte del continente asiático, al Mediterráneo europeo y a la costa oriental africana.

Izda, mapa mostrando la ruta de la Seda, con sus variantes. Dcha, monumento a los galeones de la ruta española Manila (Filipinas)-Acapulco (México), en la capital mexicana.

      Esta intensidad de comercio con China en el siglo XVI hizo que varios países europeos se endeudaran,  aunque nunca llegaron al nivel de déficit de Gran Bretaña, cuyas balanzas de importación-exportación fueron siempre muy favorables a China. Los países europeos no disponían de productos de interés para China, que pudieran ayudar a equilibrar la balanza, y todos tenían en mayor o menor medida, que compensar el déficit con plata u oro, apretando aún  más sus finanzas, ya escaldadas tras las guerras napoleónicas.

Para neutralizar esta gran diferencia en la balanza, británicos y holandeses buscaron productos que pudieran interesar a China para  poder disminuir la deuda con su exportación. El opio, que es una mezcla compleja de sustancias que se extrae de las cápsulas de la adormidera (Papaver somniferum), en donde se encuentra la morfina, una  droga narcótica y analgésica, que provoca sueño e inhibe la transmisión de señales nerviosas, en particular las asociadas con el dolor, al estar acompañada de otros alcaloides,  tiene además efectos psicoactivos, que van bien para tratar problemas de la mente, como el deseo y el dolor, y posee además propiedades analgésicas, antitusivas, antidiarreicas  y antiespasmódicas, con el único problema de que crea hábito. Desde el siglo XV se producía en China, extrayéndolo del látex secado (jugo lechoso) que se obtiene de los bulbos de la adormidera, grupo al que pertenece la amapola común. En España se inventó un proceso que lo mezclaba con tabaco y el producto obtenido ofrecía al fumarlo las propiedades señalada; esto hizo crecer la demanda de China de este producto español.

 De las “inofensivas” amapolas se comenzó a extraer una sustancia que terminaría dando lugar al temible Opio.

 El Imperio Mogol de la India o Gran Mogol empezó a vender opio a China hasta que Gran Bretaña se añadió a la ecuación, al entrar en funcionamiento la  Compañía Británica de las Indias Orientales en Bengala, que rápidamente monopolizó el comercio del opio, aunque también los holandeses buscaron este recurso para bajar su deuda con China. La Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales, desde Indonesia inició a su vez ese comercio con China, aunque no llegara, ni mucho menos, a la cantidad que exportaba ilegalmente la India británica en el siglo XVIII. El comercio del opio creció rápidamente, y el flujo de plata desde el Reino Unido a China comenzó a reducirse paulatinamente, más aún cuando contó con el apoyo e impulso de la británica reina Victoria. Nacida en1819, Victoria accedió al trono a los 18 años tras la muerte de sus tíos sin descendencia legítima.  Durante su reinado, el segundo más largo en la historia británica, el Reino Unido experimentó cambios significativos en los aspectos industriales, culturales, políticos, científicos y militares, y se consolidó como una potencia mundial. También fue la primera soberana británica en ostentar el título de Emperatriz de la India, desde 1877 hasta su muerte en 1901. Su reinado, conocido como Era Victoriana, estuvo marcado por el avance industrial y científico, y la expansión del Imperio Británico, apoyando desde la Corona cualquier método para lograrla. Con respecto al comercio del opio, la Reina Victoria tuvo un papel crucial durante su reinad; la Compañía Británica de las Indias Orientales, que operaba controlada de forma indirecta por el gobierno británico, potenció el comercio de opio cultivado en India y lo exportaba ilegalmente a China, donde se convirtió en una terrible plaga debido a su alto consumo, que produjo graves desajustes sociales.


En la lapidaria película “From Hell” (“Desde el Infierno”, como escribió Jack El Destripador en una de sus cartas), se observa uno de los “fumaderos” de Londres, donde se podía tomar alcohol, laúdano y opio. La trama de la película sostiene que “El Destripador” fue el doctor real de la Reina Victoria, encargado de eliminar a las prostitutas que se relacionaron con un miembro de la Casa Real (para más detalles, ver aquí). El propio investigador inventado por el escocés Arthur Conan Doyle, Sherlock Holmes, también era asiduo al consumo de estas sustancias (opio y laúdano, tintura de opio).

     El problema que desencadenaron las dos guerras británico-chinas del opio tuvo su origen cuando el emperador chino Daoguang prohibió la venta y el consumo de opio en 1829, debido al gran número de adictos que había en la población china. Intentó limitar la entrada de productos del mundo exterior, para lo que señaló como entrada de ese comercio exterior al puerto de Cantón. Estableció monopolios y trámites rigurosos para reducir el flujo de ese comercio, obteniendo como resultado altos precios de venta para los artículos importados y ajustando una demanda limitada, lo que desató la disputa sobre todo por el comercio del opio, en la que chocaba la visión que se tenía en ambos lados. El emperador censuró el opio en su país por el efecto negativo en la población, al observar los problemas de salud y sociales vinculados con su consumo; sin embargo, los británicos veían el mercado de opio como la mejor oportunidad para compensar y superar su gran deuda en el comercio con China. Observaron las grandes ganancias que potencialmente traería ese mercado cuando invadieron Bengala en 1764; vieron que las ganancias se acercaban al 400 por ciento y potenciaron el cultivo de la amapola, que crecía casi en todas partes, por lo que fueron aumentando vertiginosamente las exportaciones de opio por cauces legales, o ilegales, porque tenían a su servicio a una cantidad de gente importante y un buen número de funcionarios chinos comprados. En 1830, ante el alarmante y desenfrenado abuso del comercio del opio en China, el Emperador Daoguang ordenó a Lin Hse Tsu, gobernador imperial de Cantón, que suprimiera el contrabando ilegal del opio en China por parte de ciudadanos británicos, y que combatiera rápidamente esta plaga. Lin respondió atajando la corrupción, arrestando a un número muy numeroso de funcionarios imperiales corruptos, y a más de 1700 traficantes chinos al servicio inglés, destruyendo más de 20.000 cajas de opio.

Lin envió una carta a la Reina Victoria​ pidiéndole que respetara las reglas del comercio internacional, que no comerciara con sustancias tóxicas y que prohibiese el narcotráfico. Pero la reina Victoria no accedió a las peticiones chinas, ya que el comercio de opio era muy lucrativo y compensaba su  déficit comercial con China, así que aceptó cualquier actuación que lo potenciara. De esta forma se convirtió en la cabeza visible del mayor cártel de narcotraficantes de la Historia. Poco después estallaría la Primera Guerra del Opio.

Izda, célebre fotografía de la reina Victoria de Inglaterra. Dcha, mapa explicativo de la Primera Guerra del Opio

      Tras la prohibición del gobierno imperial chino, los británicos tuvieron muy claro que lo único que levantaría la prohibición sería una guerra con China, y que era el momento adecuado pues era evidente la debilidad militar china. El Reino Unido sólo necesitaba un motivo, y lo encontró; tras la incautación del opio por parte del gobernador de Cantón, el gobierno británico acusó a China de destruir mercancías británicas, lo que fue el principio de una escalada de tensiones. Así, en julio de 1839, marineros británicos y estadounidenses produjeron una series de altercados en el puerto de Kowloon (Hong Kong), interfiriendo en las costumbres y en el ordenamiento chino, por lo que Lin Hse Tsu exigió responsabilidades y castigo para los infractores, que no fueron atendidas por los británicos. Como respuesta se les cortaron los suministros de víveres y trabajadores, lo que hizo que los británicos mandaran un barco armado, con suministros, a Kowloon, pero no pudo desembarcar por el bloqueo chino. Un mes después llegaron dos barcos británicos procedentes de Singapur que no tenían relación alguna con el comercio de opio, pero la relación entre ambos países estaba muy tensionada, por lo que tampoco se le permitió entrar en Cantón. Los ingleses protestaron al entender que, al no tener relación esos dos barcos con el comercio del opio, podían entrar en Cantón, lo que provocó un enfrentamiento entre británicos y chinos, al que se sumaron otros barcos británicos que realizaban el bloqueo comercial a China. Este fue el primer episodio bélico de las llamadas Guerras del Opio.

La negativa de la Reina Victoria a cesar el comercio de opio llevó a la Guerra del Opio, en una primera guerra (1839-1842) en la que se enfrentaron el Reino Unido y China. Por el lado inglés, el motivo era la defensa de los intereses comerciales que obtenían en el contrabando de opio, cultivado en la  India e introducido ilegalmente en China; por el lado chino se trataba de imponer sus leyes y el control a ese comercio. La guerra finalizó con la derrota china, y tras la firma del Tratado de Nankín China tuvo que aceptar abrir cinco puertos a la libre entrada de mercancías británicas, lo que permitió que continuara el comercio de opio; tuvo que conceder una indemnización  y además, ceder Hong Kong al Reino Unido por 150 años. Esto contribuyó a la expansión del imperio británico y a su entrada en China junto con una representación occidental en ese país asiático.

Pero la cosa no quedó ahí. El acuerdo de Nankín no fue del todo respetado por los ganadores y pronto surgieron nuevos desacuerdos en las relaciones diplomáticas, en el comercio y también en el estatus legal de los ciudadanos extranjeros que acudieron a China. Hubo otros incidentes, como “el incidente del Arrow”, que tuvo que ver con la piratería y el contrabando que surgió en el mar de China que hizo que actuara su marina y apresara al barco Arrow (traducido Flecha) del que se sospechaba que realizaba labores de piratería; al comprobar que era de propiedad británica, su gobierno negó la acusación y acusó a China de atacar propiedad británica. Fue el último enfrentamiento que inició la Segunda Guerra del Opio, también llamada Guerra de las Flechas (1856-1860) en la que los  británicos, esta vez ayudados por los franceses, Estados Unidos y Rusia, denegaron la oferta británica de participar con ellos en la segunda guerra, pues luchaban por el derecho a importar opio a China, aunque al final mandaron algunas fuerzas en ayuda de Gran Bretaña. En esa segunda guerra, cuando se estaba negociando el nuevo tratado de paz tras la victoria anglofrancesa, el Alto Comisionado británico en China ordenó a las tropas que saquearan y destruyeran el Palacio Imperial de Verano, residencia principal de la corte, en el que los emperadores de la dinastía Qing gestionaban los asuntos de Estado. Fue el fin de la dinastía Qing, y tras la derrota de China se la obligó a firmar en 1858 el “Tratado de Beijing” mientras las potencias occidentales ocupaban la capital.

Al final de esta segunda guerra se consiguió la legalización del comercio del opio en China, además de que el país asiático indemnizara a británicos y franceses con 8 millones de taeles de plata a cada uno. Reino Unido, Francia, Rusia y los Estados Unidos, tendrían el derecho de establecer embajadas en Pekín, una ciudad cerrada hasta entonces; también se abrirían diez nuevos puertos marítimos al comercio extranjero, incluyendo Niuzhuang, Hankou, Danshui y Nankín. Además se permitiría a los barcos extranjeros navegar por el río Yangtsé, y se aceptó el derecho de los extranjeros a viajar por el interior de China, lo que estaba prohibido hasta entonces. También se obligó a China a ceder terrenos a aquellos países que “ayudaron” a ganar la guerra. Cedió a Gran Bretaña la Península de Kowloon como parte de Hong Kong, de acuerdo con la “Convención de Pekín”; a Rusia, tras la firma del  “Tratado de Aigun” más de 1,5 millones de kilómetros cuadrados de territorio en el noreste y noroeste del país, y también Portugal amplió su territorio en Macao.

Todo esto condujo en parte a la caída de la economía y del potencial chino. Estas guerras se consideran el primer gran conflicto por drogas conocido en la Historia de la humanidad.

miércoles, 7 de febrero de 2024

Un templo inusual y extraordinario

Con frecuencia tendemos a medir inconscientemente el valor de unos monumentos antiguos por la facilidad que nos presenta su construcción, sin reparar en el gran desarrollo tecnológico que han experimentado las herramientas de construcción que hoy usamos, con respecto a la antigüedad.

Aún así, uno de los complejos de la antigüedad que más me han fascinado, a pesar de ser relativamente desconocido es un conjunto arquitectónico que aún hoy sigue siendo usado por la religión que se tiene por la más antigua de las existente, la hinduista.

Se trata del conjunto de templos conocidos como Ellora Caves, en el noroeste de la provincia india de Maharashtra.

El complejo consta de 34 monasterios y más de 100 cuevas acondicionadas para la vida eremítica, que se extienden a lo largo de 2 kilómetros.

Con el pasar del tiempo, aquí se rinde culto a distintas deidades por monjes hindúes, pero también del jainismo y budismo. Como digo, su uso ha sido ininterrumpido desde que se construyeron hasta hoy día, posiblemente por encontrarse cerca de una importante vía comercial.

El complejo fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1983.

Posiblemente el que mayor afluencia de visitantes recibe es el denominado Kailasa Temple, que lleva por nombre el del pico montañoso de los Himalaya en el que la tradición asegura que nació el dios Shiva, el principal dios del panteón hindú (sería equivalente por tanto al Osiris egipcio o al Zeus grecorromano).

Efectivamente, dicho templo se realizó para venerar al dios principal hindú, que conforma la trinidad (llamada Trimurti en el hinduismo) junto con Brahma (creador del Cosmos, con 4 caras, por ser omnipresente y cuatro brazos en relación con la esencia humana: ego, inteligencia, mente y conciencia) y Visnú (Vishnu, dios del equilibrio y la paz, mantiene la calma entre el creador Brahma y el destructor Shiva).


            De la trinidad, Shiva es el destructor pero visto como elemento necesario para purificarse o alcanzar objetivos nobles. En cierta manera podría considerarse el germen de la evolución, del cambio, del avance en contra del estado estático permanente.

            Tal vez para elevar su grandeza, en un momento dado unos monjes decidieron realizarse un templo que fuera digno de él. Y vaya si lo lograron.

            El templo Kailasa (Kailasanatha o Kailash, cueva 16) tiene el honor de ser la estructura monolítica más grande del mundo, pues se trata de un santuario excavado en roca basáltica, construido de arriba hacia abajo, en el siglo VIII.

            Esculpido en una sola pieza, sorprende el detalle de figurillas, estatuas, filigranas, etc que lo adornan y que no deja de sorprenden a los ingenieros actuales pues a día de hoy costaría bastante realizar algo parecido.


    Las dimensiones del templo son tales (compárese con las personas que aparecen en las imágenes) que se estima que debieron excavarse 400.000 toneladas de roca basáltica de esta montaña para tallar el complejo de templos que vemos.


    Y aún más sorprendente resulta cuando según los textos antiguos consultados, el templo se realizó por unos monjes armados de martillos y cinceles … en 25 años. La pregunta no se hace de esperar, ¿cuántos monjes serían? Pues de ser ciertos los datos supondría que estuvieron trabajando de manera continua, día y noche, durante los 25 años, extrayendo a diario dos toneladas de roca viva a la hora, para horadar el macizo basáltico que existía previamente.


 


           Más estupor nos generan los ancianos de la zona, que conservan tradiciones antiguas transmitidas por vía oral que aseguran que el templo se construyó no en 25 años sino … ¡en una semana!.

            Por si esto fuera poco, si uno se para a observar con detalle las filigranas, relieves, estatuillas, marcos de las ventanas, estatuas, columnas …. no saldrá de su asombro al comprobar que están perfectas tanto en proporciones como en dimensiones. ¿Cómo las realizaron así, sin error alguno, considerando que el complejo se iba labrando conforme se horadaba el macizo rocoso basáltico de arriba abajo, insisto, en una sola pieza?

            Porque si analizamos otros casos de tales dimensiones, veremos que se añadieron bloques tallados (tal vez para sustituir un error cometido en la labra) en otros monumentos hindúes de Asia, o las proporciones no eran perfectas (como vimos aquí en el caso del templo egipcio de Abu Simbel, donde los Osiris de las columnas son paticortos), se prescindió de añadir filigranas (como en el caso del templo del cañón de Petra, en Jordania) … o directamente se ven irregularidades (como en los bloques monolíticos de Tiahuanaco, junto al lago Titicaca en la parte de Bolivia y también visto aquí).



 


       A falta de datos históricos sobre el complejo, los arqueólogos e historiadores han establecido que todo este conjunto de templos debió realizarse entre los siglos VII y XI, constando de 17 templos hinduistas, 12 budistas y 5 jainistas.

        En cierta forma, este templo hindú me recuerda a otros excavados también en un macizo volcánico basáltico a miles de kilómetros de aquí, en esta ocasión cristianos y también ubicados a una importante ruta comercial: los templos de Lalibela, en Etiopía (África), declarados Patrimonio de la Humanidad en 1978.

        Ubicados en la región etíope de Amhara (norte de Etiopía, cerca del río Jordán, donde fue bautizado Jesucristo por San Juan Bautista), se dice que dicho complejo monacal fue construido para albergar a los cristianos huidos de la ciudad santa, con la intención de fundar "la Nueva Jerusalén". 


 

 Como en el caso de los templos trogloditas de la India, tampoco existen muchos datos sobre la construcción del conjunto de iglesias rupestres etíopes, aunque se cree que debió realizarse hacia el siglo XIII (pues en algunas de sus paredes pueden verse cruces paté típicamente templarias), tomando su nombre del monarca Lalibela al que se le atribuye la orden de la construcción del complejo y que se dice que visitó Jerusalén poco antes de que cayera en manos musulmanas -en 1187-, llevándose consigo a familias cristianas que deseaban asentarse en un sitio más pacífico.

       De nuevo como en la India, existen leyendas locales que atribuyen la creación del complejo a un grupo de ángeles que talló el conjunto, horadando la roca basáltica roca de arriba abajo, en 11 días con sus noches. Sin embargo, los investigadores actuales estiman que para realizar este complejo debieron haber estado trabajando no menos de 40.000 personas entre finales del siglo XII y mitad del siglo XIII, siendo descritas en Europa por primera vez  en 1520, por el explorador portugués Francisco Álvares.

        El complejo de Lalibela cuenta con once templos en forma de cruz y fachada parecida al Templo de Salomón, monolíticos y con unas dimensiones de entre 40 o 50 metros de profundidad (o altura del edificio). Entre el conjunto de templos interconectados entre sí, destaca el de Biete Giyorgis, coronado por una cruz copta.

        Con todo, y sin quitar mérito a su construcción, en general los muros de estos templos están desprovistos de decoraciones y filigranas que tan abundantes son en los templos de la India de Ellora Caves, donde son frecuentes las estatuas en semirrelieve o en relieve completo, por centenares (lo cual aporta mayor mérito a su realización, requiriéndose de una coordinación del conjunto, una planimetría, una visión de la decoración por encima de la roca viva, ... que no deja de maravillarme).

            Y por si este enorme complejo troglodita fuera poco, aún existe otro (de dimensiones ya más reducidas aunque igualmente impresionantes) en las llamadas Cuevas de Ajanta, también en la India (con 29 cuevas, de las que 5 son templos, realizadas por monjes budistas que las labraron también en la roca volcánica pero además las pintaron con vivos colores, entre los siglos II a.C. y VIII d.C., de nuevo según estimaciones de los arqueólogos).


 

sábado, 25 de marzo de 2023

El aún nada claro origen del ser humano actual

Este viernes (ayer), estuve de visita en la bella localidad de Orce (Granada) para mostrar a unos amigos el museo paleontológico de los Primeros Europeos (las trabajadoras que éste y de la Oficina de Turismo son un encanto) y aunque les gustó, salieron con más dudas que entraron porque tras mostrarle todo lo que allí había y resumirles la complicada vida de Josep Gisbert luchando contra académicos nacionales y extranjeros, les hablé del estado de conocimientos actual sobre la evolución humana, que ya he abordado en varias ocasiones en esta web.

Sobre Pep Gisbert, como bien supondrá el lector, los académicos españoles (colegas de profesión) fueron los que más encarnizadamente trataron de desprestigiarle públicamente al sostener él que había encontrado un fragmento de pariental homínido de unos 1,5-1,2 millones de años, frente a todos ellos que le acusaban de no saber diferenciar un trozo de cráneo humano de una quijada de un asno.

Ocurrió igual que con el descubridor de las cuevas de Altamira, D. Marcelino Sanz de Sautuola, que cada reunión científica de su ámbito académico al que acudía para dar a conocer el increíble yacimiento granadino (o en el caso de aquél, de Cantabria) puesto que verdaderamente es el primero donde aparecen homínidos fuera de África (en el barranco del león, en el yacimiento Venta Micena, en 1976), se convertía en un infierno de “todos contra él” para tratar de ridiculizarlo y hundir su carrera (al interesado en la cuestión, recomiendo la lectura del interesante libro escrito por el propio descubridor y titulado “El hombre de Orce. Los homínidos que llegaron del sur”, de la editorial Almuzara; por cierto que lo firma como José Gibert, sin la “s” tras la i, como se le conoce).


              Afortunadamente y unos años antes de morir en 2007, con 66 años, un laboratorio europeo independiente zanjaba la cuestión: algunas de las biomoléculas encontradas en la muestra parietal y en el diente molar eran indudablemente humanas. Con todo, las inversiones por parte de las administraciones españolas, locales y nacionales, fueron muy escasas y el propio Gibert en su libro agradece a distintas instituciones extranjeras tal apoyo económico esencial para continuar con las investigaciones científicas y excavaciones. ¿Resultado? A día de hoy apenas se ha avanzado en las investigaciones de una zona con tantísimo potencial, con los verdaderos restos de la salida de los homínidos de la cuna de la Humanidad, en África (posteriormente, se encontró en Orce el molar de un niño homínido dentro de lo que se cree que fue la cueva de una hiena, además de contar con más de un millar de antiguas lascas líticas retocadas por los homínidos y con 1.4 millones de años de antigüedad, de las más antiguas conocidas, obtenidas de los yacimientos barranco del león y Fuente Nueva 3). Pero esto parece no interesar a ninguna institución científica nacional o internacional (mientras, siguen apareciendo documentales recién grabados sobre el origen del Hombre ignorando no solo el yacimiento de Orce, sino los sorianos de Torralba y Ambrona en Soriade 1,5 millones de años, contemporáneos a Orce y con restos humanos aunque sean indirectos mediante sus hachas líticas, flecas de sílex y evidencias de descarnado de grandes mamíferos, y Atapuerca).

            Regresando al Museo de los Primeros Pobladores de Europa, en el espacio distribuidor de éste encontramos un mapamundi con los restos óseos de homininos hallados, y su datación, que me resulta una auténtica joya (a continuación lo muestro, algo cambiado por mí, para entenderlo mejor):


            Como corresponde a los hallazgos de restos óseos, no de material indirecto, por ese motivo se ha obviado la zona de Torralba y Ambrona (Soria, España) con restos líticos y de descarnado de presas de 1,5 millones de años, así como el yacimiento con huellas preservadas de homínidos en una zona costera inglesa que por su datación, hacia el 800.000 a.n.e. (antes de nuestra era, del cambio de era) se han atribuido a huellas de Homo antecessor, taxón descrito en Atapuerca (Burgos, España), entre otros.

            Pues bien, hablemos de algunas “cuestiones incómodas”, sobre la evolución de los homínidos y que a pesar del intento de los académicos por mostrar el tema totalmente cerrado, controlado y lineal, lo que en realidad tenemos es un auténtico caos. Me explico.

            Así como me maravilla el mapamundi antes mostrado, con todos los datos objetivos marcados en él, que son las evidencias con las que realmente contamos (todo lo demás es especulación y tratar de engarzar las distintas cuentas de collar que es cada evidencia paleontológica), detesto el diagrama que han colocado a la salida del museo de Orce y aunque con la mejor de las intenciones –mostrar cada “eslabón” de la aún no bien entendida evolución humana-, se cae en el terrible error de mostrar la evolución como una sucesión lineal de especies hasta llegar a nosotros:

A la izquierda, la supuesta evolución humana, con una sucesión lineal de formas (y la broma, de mi amiga y yo al final de la cadena evolutiva). A la derecha, aunque este panel como digo, induce a error, lo cierto es que permite apreciar un detalle en el que han reparado pocos paleoantropólogos y es el hecho de observarse un aumento corporal cuando los humanos se dispersaron por Europa, fuera de la cuna africana.

            Muchos programas actuales sobre alienígenas y temas relacionados tratan de decir (o ya dicen directamente, como si fuera algo cierto) que en ese momento los extraterrestres tomaron a estos homínidos, los manipularon genéticamente haciéndolos más listos y mejores y volvieron a soltarlos “en el campo” y de ahí que de pronto su capacidad craneal aumentara de golpe y se mantuviera constante desde entonces hasta ahora. Esta fantasía contiene una media verdad, que es la relativa a la capacidad craneal. Pero solo eso. La capacidad craneana, y por tanto la supuesta inteligencia, es un valor que se relaciona con el tamaño corporal. Por ello, ya los homínidos más pequeños eran igual de inteligentes (en teoría) que nosotros porque sus tamaños corporales eran también menores. Pero si nos atenemos a esos valores proporcionales, entonces la fantasía de la manipulación alienígena vuela por los aires porque en ese caso el Homo neanderthalensis era más inteligente que nosotros (tenía un cerebro similar a nosotros pero más envergadura). De hecho, los primeros instrumentos musicales encontrados (flautas hechas con huesos largos de animales) y las primeras pinturas rupestres de la Península Ibérica se realizaron en un periodo de tiempo en el cual el Homo sapiens aún no se encontraba en el territorio y por tanto debieron realizarse por neandertales, no por “nosotros” (ver aquí). 

            Y es que los neandertales, nuestros fascinantes “primos”, no paran de darnos sorpresas: en Portugal se hallaron los restos de una madre con su hijo que aparentemente sufrió alguna deformidad que le llevó a la muerte. … O eso se pensó durante años pues la genética mostró que ese niño era un mestizo entre Homo sapiens y Homo neanderthalensis, la evidencia de que ambas especies tan cercanas genéticamente, se mezclaron. Con estos datos en la mano se recurrió a la genética y al comparar el genoma humano de ambas especies, conformados a partir de diversas muestras procedentes de distintas partes de Europa, se encontró que los genes que poseemos que nos dan el pelirrojo, los ojos verdes e incluso la diabetes son exclusivos de los neandertales, su legado genético en “nosotros” los sapiens puesto que antes no aparecían estos genes en el genoma sapiens. Incluso, ahora que el covid-19 parece haber sido un mal sueño, sopeso si la extraña incidencia del virus de manera desigual en distintas partes del país no pudo responder a esta genética evolutiva (me explico, en zonas como el País Vasco algunas personas muestran en su cráneo protuberancias que recuerdan a rasgos neandertales, por ejemplo un "moño óseo" en la parte posterior; o en zonas montañosas de Soria abundan personas con ojos verdes y pelo pajizo, como en Irlanda, que pudieran responder a una mayor abundancia en su día de neandertales en esos parajes y por tanto su aporte genético fue mayor).

            Por otro lado,  como recojo en mi libro “Tartessos, 12.000 años de historia” (marzo de 2014) y su reedición “Tartessos y su prehistoria” (diciembre de 2018), en un yacimiento estadounidense del Solutrense (Paleolítico Superior) se hallaron varios restos esqueletales de distintos individuos y cuyos análisis genéticos evidenciaron estar emparentados… ¡¡con Homo sapiens de la cornisa cantábrica!!; es decir, que después de todo España descubrió América mucho antes de que supuestamente lo hicieran los vikingos (es broma, pero a más de uno debe escocerle porque de este estudio científico nadie ha vuelto a hablar a pesar de ser realizado con rigurosidad).

            Siguiendo en América, algo más hacia el sur, concretamente en tierras actuales peruanas se han ido encontrando distintos cráneos deformados de la cultura Paracas. Pues bien, entre ellos, algunos presentan la ausencia de determinadas líneas de suturas craneales o de forma distinta a las del Homo sapiens. Para salir de dudas, de nuevo se recorrió a los análisis genéticos… y otra vez se obtuvieron “respuestas” que nos dejaron absortos a los científicos: el análisis de ADN mitocondrial determinó que la madre era humana pero al ver el ADN paterno, no pudo establecerse similitud con especie homínida alguna. ¿Conclusión? De nuevo los fanáticos del tema OVNI corrieron a considerarlos híbridos humanos-alienígenas, pero yo más bien creo que debe haber un taxón homínido (si no varios) aún no encontrado, que habitara en América y que fue el padre de estos “niños de las estrellas” como les llaman.

Uno de los cráneos precolombinos sin la sutura posterior craneal y esquema de cómo se deformaba la cabeza con cuerdas y madera, en bebés, en la cultura Paracas (600 a.C. – 100 d.C.).

             Desde hace centurias, criptozoólogos y partidarios de los alienígenas han especulado con la posibilidad de que los yetis, pie-grandes y demás parientes descritos en distintas partes del mundo (incluso en el Pirineo aragonés, según un documental de Lorenzo Fernández Bueno) pudieran ser descendientes de un homínido no conocido, de un híbrido manipulado por los aliens, de seres de dimensiones paralelas y demás hipótesis.

Ahora vayamos a otra parte del mundo no muy lejos de América, la gran China. Allí durante la Segunda Guerra Mundial se encontraron, de modo casual, unos restos que el descubridor (un obrero que cavaba para las obras de un futuro puente) corrió a ocultar en un pozo de su propiedad. Pasaron los años y ya en su lecho de muerte, dijo a su nieto aficionado a los fósiles, que podían interesarle unos huesos de oso o así que escondió en dicho pozo. Cuando el nieto dio con los restos, sacó a la luz un esqueleto parcial de un homínido muy bien conservado que ha permitido la descripción de un nuevo eslabón de la evolución humana: el Homo longi u “Hombre dragón” (que significa “longi”), un ser sumamente curpulento, enorme, con una hombrera ósea del entrecejo sumamente marcada y que rápidamente ciertos investigadores han corrido a señalar como un “yeti” fosilizado.


Izquierda, detalle de un molde de huella de un supuesto yeti y reconstrucción de un rostro yeti en Roadside Bigfoot (Georgia, USA). Derecha, cráneo de Homo longi y reconstrucción de su aspecto facial.

            Los paleoantropólogos sostienen que posiblemente se trate si no de un denisovano (un homínido hallado en Denisova, Georgia y que presenta un aspecto más robusto que el Homo sapiens y unos molares gigantescos, pero cuyos restos óseos son sumamente escasos y mal preservados) o un derivado de éste pues lo cierto es que al desconocerse su cráneo bien pudiera ser el Homo longi un ejemplar de ellos y por tanto, el primer rostro conocido de esta especie.

De nuevo los análisis genéticos de Homo longi arrojaron sorpresas: aunque sí parece tener cierto parentesco con “nosotros” los sapiens, buena parte de su genoma es desconocido, lo que abre la puerta a considerar que en un determinado momento de la evolución no solo cohabitaron hasta cinco tipos de homínidos distintos, en el planeta, sino que pudieron existir muchos otros de los que no tenemos ni remota idea de su existencia.

Por otro lado, hay “sorpresas” como la ofrecida por el Homo floresiensis, una especie de homínido que, como en el ejemplo de los ponies, se vieron afectado por un tipo de conducta evolutiva que hace que las especies se adapten al medio en el que viven, de manera que si se trata de una isla pequeña, terminan adaptándose a ese micromundo y su tamaño se reduce.  Ocurrió, como digo, con los ponies en las islas escocesas y con el Homo floresiensis en la asiática isla de Flores, de forma que terminaron por existir seres humanos a pequeña escala, de un metro con veinte centímetros de altura máxima.


Por tanto, la evolución humana, lejos de ver una sucesión lineal de formas en el tiempo (ejemplo del diagrama A y C), nos está resultando ser algo más caótico (B, explicado en mi entrada sobre la cuestión, aquí), de modo que me la imagino como una serie de “nube de posibilidades” que ocurren con cada especie y que se favorece en una dirección u otras (representado por la flecha roja) según sus particulares circunstancias del medio, climáticas y del entorno, sucediéndose de un modo caótico y que desembocarán en líneas genéticas que se continuarán en el tiempo, si las descendencias se van viendo favorecidas, o terminarán por desaparecer, al desembocar en “caminos sin salida”, extintas (esquema D).

Como siempre digo, la Geología (y en este caso concreto, la paleontología y evolución humana) es realmente fascinante.