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martes, 8 de junio de 2021

Nuevo libro disponible

La Orden del Temple pudo crearse en España


La Historia más difundida de la Orden del Temple presenta muchas contradicciones a juicio de la autora, especialmente en lo que respecta al solar hispano
    ¿Cómo puede explicarse que el rey de Aragón Alfonso I El Batallador, que llevaba toda su vida guerreando y se comportaba como un auténtico templario aún antes de que existiera el Temple, legara la mitad de su reino a una Orden que apenas había actuado en la Península Ibérica, de forma muy puntual un par de años antes?
   ¿Cómo encajar que existieran Órdenes monástico-guerreras anteriores en la Península Ibérica, a las que el Temple terminará imitando y absorbiendo?
   ¿Qué hay de cierto en los documentos que muestran que Hugo de Payns, fundador y primer Maestre del Temple, nació en territorio catalán, perteneciente entonces al reino de Aragón y al monarca Alfonso I El Batallador?
    ¿Por qué se sigue sosteniendo que las tallas de las Vírgenes negras medievales son de origen francés cuando en el territorio hispano había al menos una de ellas en cada templo, como muestra la recopilación y referencia de más de mil, muchas de ellas del siglo XI y varias anteriores al siglo VIII?
    ¿Qué justificación hay para que en las iglesias del Temple se observen elementos propios del Egipto faraónico?
   Estas y otras preguntas encontrarán respuesta en el apasionante trabajo de investigación desarrollado por Valeria Ardante sobre la Orden del Temple, con la seriedad y el rigor que la caracteriza. Hay relaciones insospechadas, documentos reinterpretados y novedosos, que avalan un relato diferente de la Historia de esta Orden, con mucho mayor protagonismo en la Reconquista del que se le suele adjudicar.

Disponible en Amazon, aquí

  • ASIN : B096RHF11L
  • Editorial : Independently published (6 junio 2021)
  • Idioma : Español
  • Tapa blanda : 364 páginas
  • ISBN-13 : 979-8516348785 

 

sábado, 27 de febrero de 2021

Tras los pasos de Hitler

             Por alguna extraña razón, los hechos acontecidos durante las guerras mundiales atrapan el interés de gran cantidad de personas, entre los que se cuentan los cazatesoros que dedican gran parte de su tiempo a recorrer los campos, detector de metales en mano, a fin de obtener una pequeña parte de esa contienda en forma de bala, explosivo, parte de un uniforme, etcétera. Tampoco debemos desdeñar ese grupo de personas que van tras las pistas de posibles tesoros ocultos por los nazis, bien por enriquecerse, bien por fines mas altruistas como devolver piezas de museo a las instituciones que las albergaban antes de ser saqueadas por los nazis, bien por entregar de vuelta parte de sus pertenencias a las familias judías que fueron masacradas por los alemanes.

                Entre el primer grupo, los que buscan su mero enriquecimiento, debemos citar a todas aquellas personas que hablan con supervivientes de la guerra que vivieron muy de cerca las acciones nazis, con el fin de enterarse de algún rumor o pista que no se había conocido antes y que pudieran facilitarles toparse con su tesoro oculto.



El lago Toplitz, en Austria, es como el lago Ness de Escocia, un lago generado a consecuencia de la existencia de una enorme falla (fractura geológica) que lo recorre bajo él.

                Así, debemos trasladarnos a las orillas de un lago austríaco en el verano de 1959,  donde unos buscadores de tesoros acudieron al reclamo de rumores que existían en poblaciones cercanas, relatando cómo habían visto pasar varios soldados nazis tirando de mulas cargadas de cajas que muy seguramente se lanzaron al fondo del lago. Estos aventureros se apresuraron a recuperar sus trajes y equipos de buceo para comenzar sus inmersiones en las frías aguas de este idílico lago Toplitz. Tanto esfuerzo finalmente tuvo su recompensa ya que al cabo de un tiempo terminaron dando en el lecho del lago con unos cajones de madera que estaban abiertos y a cuyo alrededor, para sorpresa de estos hombres, había numerosos billetes.



De esta forma y por casualidad, acababan de destapar la llamada "Operación Bernhard", de la que ya hablamos aquí y que consistía en inundar el mercado con cientos de libras esterlinas falsas para crear una burbuja que terminaría desplomando el valor de la moneda (por la inflación y posterior crisis de liquidez), y con ello de todo el próspero mundo anglosajón al dinamitar su economía desde dentro.

                Investigaciones posteriores terminaron sacando del fondo del lago aproximadamente 134 millones de libras esterlinas en billetes de valor £5, £10, £20 y £50, falsificados en un campo de concentración, en 1942. Por cierto, que a modo de curiosidad diré que parte de estos billetes falsificados se subastaron en 2011 superando el valor de 2.000 libras (en este caso, verdaderas).



El coronel de las SS, Bernhard Krüger (izda) estaba al frente de la Operación Bernhard que aspiraba a colapsar las economías británica y estadounidense, falsificando cientos de billetes que entonces estaban en circulación (centro y dcha).

                Como era de esperar, en cuánto saltó a la opinión pública esta operación nazi contra la economía británica, rápidamente diversos autores anglosajones corrieron a informar que ya los británicos estaban al tanto de este plan desde 1939, al interceptar los buenos espías británicos mensajes nazis (y verdaderamente debían ser superespías para conocer este plan en 1939, cuando los billetes se falsificaron en 1942; ahora se entiende que el prototipo de espía fuera el televisivo Bond, James Bond británico, cuando nosotros teníamos a Anacleto, agente secreto…). Dejando este burdo intento por quedar siempre a flote por parte del marketing británico, lo cierto es que parte de los billetes nazis falseados comenzaron a distribuirse por Inglaterra y distintas partes de Europa en 1943; el coronel de las SS Bernhard Krüger confesó que en 1945 pasaron a falsificar dólares estadounidenses, así que más atribuyo que esta operación terminara en fracaso por el fin de la Segunda Guerra Mundial (y la falta de efectivos nazis, ya que cada vez los soldados eran más jóvenes) que porque los británicos supieran de este complot desde 1939. El propio Banco de Inglaterra tildó esta operación nazi como "la más peligrosa jamás vista."

                Hechos similares al relatado pueden encontrarse en abundancia en mis obras “Sr. Presidente, inventemos los ovnis” y “Reclutemos a los nazis”, así que no profundizaré de nuevo en ellos para no repetirme.

                Si saco a colación hoy estos hechos históricos es porque curiosamente me parece que estamos a las puertas de vivir un deja vú, en este caso traído de la mano del coloso chino, en lugar de los nazis. Las alarmas saltaban en forma de breve vídeo que me enviaron vía WhatsApp por uno de mis contactos y que mostraba supuestamente a un hostelero dando la señal de alarma mostrando un billete de 20 euros y diciendo que bastante mal lo estaban pasando ya con los cierres impuestos por las autoridades con motivo de la pandemia del covid-19 (algo por otra parte ilógico, pues bares y restaurantes cumplen todas las normas higiénicas y preventivas, cosa que no ocurre en los atestados supermercados donde todo el mundo te empuja, se cruza e incluso si te descuidas te mete el codo en el ojo por agarrar algo que está junto a ti; tampoco se guardan las normas preventivas e higiénicas en los miles de fiestas y aglutinamientos ilegales que se realizan para beber y charlar, sin control alguno en lugares privados, cuando de estar abiertos los bares gran parte de estas reuniones se habrían evitado), para que encima algunos desalmados les hayan pagado con billetes falsificados que se venden en Aliespress. Corrí a comprobar si la información era cierta y para mi sorpresa, con tres sencillos clicks en mi Smartphone ahí tenía a mi disposición tales billetes a la venta:



                Ya en mi libro sobre la Isla Bermeja relato los titánicos esfuerzos que China ha hecho en los últimos años para situarse a la cabeza del Nuevo Orden Mundial. Para ello no ha dudado en llevar a cabo magníficas infraestructuras con el fin de echar a andar la nueva ruta de la seda denominada “One Belt, One Road”, OBOR (“un cinturón, un camino”) y consistente en una red de vías comerciales que conecte a China con todo Asia, Próximo Oriente, Europa y América. Como el presidente ruso Vladimir Putin, el presidente chino Xi Jinping modificó las leyes a fin de hacerse el eterno presidente hasta su fallecimiento; solo así puede prometer conseguir llevar a cabo su ambicioso proyecto expansionista comercial que está logrando a marchas forzadas. Gran parte de África está comenzando a estar en sus manos, gracias a los préstamos y rescates económicos que si no se devuelven en el plazo marcado, le dan derechos exclusivos sobre materias primas sumamente jugosas. América Latina no se queda atrás, incluyendo en su nueva ruta de la seda americana a países como Uruguay, Chile, Bolivia, Perú, Venezuela, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Cuba y México.



                En el caso de Sri Lanka, el país acogió con grandes fiestas la ayuda China para modernizar sus infraestructuras, sin embargo cuando debido a los elevados intereses del préstamo, se vio incapaz de devolver el dinero en el plazo estipulado, solicitó renegociar el contrato; China accedió a que a cambio el control total de todos los negocios que sucedieran en el puerto comercial del sur de la isla cayera en manos de China, por 99 largos años. Lo primero que hizo China fue despedir a todos los nacionales y traer a su propia gente, echando al paro a cientos de familias que trabajaban en un radio de 60 kilómetros a la redonda del bullicioso puerto. Y como digo, esta situación continuará, por escrito, durante un siglo. Además, en Grecia –muy afectado por la crisis-, China ha comprado el puerto del Pireo y en Francia, el aeropuerto de Toulouse y ha adquirido gran parte de acciones en las principales empresas tecnológicas de Alemania, tanto que Ángela Merkel se vio obligada a sacar una ley que limitara la inversión extranjera en empresas nacionales.

                De esta forma, poco a poco está logrando convertirse en la primera potencia mundial sin que el resto de los países traten de oponerse. Así, cuando China entró a formar parte de la OMC (Organización Mundial de Comercio, World Trade Organization) en 2001, su economía representaba el 4 % de PIB mundial; a principios del año pasado, ya suponía el 15,8 %. En el mismo tiempo, Estados Unidos ha visto como su economía pasaba de ser el 31,7% de PIB mundial, al 23,9% en enero de 2020 y para la Unión Europea se pasó de un 27 % a un 21,9 %.

                También hemos ido escuchando en la prensa noticias que han sido usadas por distintos programas de debates políticos para mofarse de las exageraciones de ciertos periódicos (de igual manera que nos mofamos cuando al principio de la pandemia veíamos a numerosos turistas asiáticos llevarse a su regreso a sus casas, bolsones de mascarillas quirúrgicas compradas a precios irrisorios en nuestras farmacias, para acabar unos meses después comprándolas nosotros por unos precios desmedidos, mientras nuestros sanitarios quedaban totalmente desabastecidos de elementos protectores frente al covid-19), eran noticias que hablaban de la interferencia de Rusia en los afanes independentistas de Cataluña y que personalmente encontraba completamente lógico como medida para desestabilizar la Unión Europea desde dentro. No es un secreto que los europeos cada vez estamos más “bestializados” o asalvajados, en el sentido de que cada vez miramos menos por nuestra cultura, leer, contrastar informaciones que oímos y nos estamos volviendo más instintivos (se recurre más a la prostitución, juguetes sexuales, operaciones de cirugía para mostrar carnes prietas, músculos firmes, ligar sin límites ni principios morales, …mientras los programas televisivos cada vez fomentan más los programas de ligoteo a cualquier precio, de infidelidades, culebrones turcos, noticias alarmantes que hacen aflorar iras y todo ello edulcorado por toneladas de anuncios de condones y lubricantes, aplicaciones para ligar y salas/aplicaciones de apuestas). Cuánto más se embrutece el ser humano, más afloran sus instintos más bajos que son ser el/la líder alfa en todo momento y circunstancias, llevar el coche más rápido (de la agresividad al volante ya ni hablamos), ligar más que nadie, con la mujer u hombre más atractiva/o visualmente y tener su territorio bien marcado. Y es en este último punto donde aflora el nacionalismo cada vez más radical (y claro está, a falta de cultura y con poquitas ganas de leer más de tres renglones seguidos no ya de un libro, sino de una página web y a ser posible afín a sus ideas, se manipula la historia, amoldándola e inventándola, para luego hacer de ella algo intocable por lo que matar, llegado el caso). De esta forma, los nacionalismos han ido surgiendo prácticamente por cada país europeo y, consciente de ello, ¿qué mejor manera de desestabilizar la Unión Europea que dando alas a un independentismo determinado que si se logra creará una reacción en cadena en toda Europa? Es la mecha perfecta, lo reconozco. Así que no me extrañaría que Rusia lo utilice convenientemente, es una hazaña digna del mismísimo Rasputín.



                Y mientras Rusia continúa con esta estrategia de alentar independentismos absurdos, China por su parte rescata los planes nazis de inundar los mercados con billetes falsos de Euro, Dólares norteamericanos e incluso Libras esterlinas que ellos se cubren las espaldas en anunciar que son falsos, “para juegos de mesa o coleccionismo”, pero ponen a precios lo suficientemente baratos para que los pícaros de medio mundo procedan a tratar de colar en diferentes establecimientos comerciales para comenzar a poner en funcionamiento.

                Como siempre digo, nada nuevo bajo el sol.

miércoles, 3 de junio de 2020

Otra biografía del almirante británico Horacio Nelson

            Como ya indiqué, y retomando la petición de algunos lectores, paso a describir la biografía de “un buen marino inglés, Lord Horatio Nelson, el hombre que derrotó a la armada franco-española en la Batalla de Trafalgar y que acabó con la <hegemonía naval española>, sustituida por el dominio de la armada inglesa”. Esto es lo que suele leerse todavía en bastantes páginas virtuales en internet que hablan de este marino, elevado a la categoría de excepcional por ese mundo anglófilo que con sus eternas falacias y medias verdades aún domina un amplio espectro de la historia pasada, cuando desde la Segunda Guerra Mundial, junto a sus acomplejados primos estadounidenses, controlaron toda la información en el mundo, montando sus verdades y ocultando lo que les perjudicaba. Crearon una Historia paralela, tan poco verídica, que a base de repetirla consiguieron que muchos creyeran que era cierta. Con ricas series divulgativas donde las grandes mentiras destacan sobre el color y con una ambiciosa industria de Hollywood que con su gran incultura perdía el oremus por la madre patria, montaron tanta historias y películas que hicieron creer al resto de los sufridos mortales, admirados por su admirable y costosa puesta en escena, que la enanita y cara de vinagre reina Isabel I fue una especie de reina de belleza o que el rudo, obeso y aficionado a la decapitación de sus amantes cual mantis religiosa rey Enrique VIII fue un adonis, aunque bien mirado eran hechos sin demasiada importancia. Ahora, con el Brexit, este mensaje pretende enfatizarse si bien en plena edad de las telecomunicaciones, ya depende de la voluntad que cada ciudadano ponga en dejarse adoctrinar. Ya mencioné en entradas anteriores como documentales realizados hace menos de dos años tratan de atribuirse el mérito de frenar el avance otomano en Europa mediante medias verdades de la isla de Malta y borrando de la historia la gran batalla naval de Lepanto. Sin ir más lejos en una película de Hollywood estrenada el año pasado sobre las aventuras de un doctor que hablaba con los animales y que debe salvar de morir envenenada a la reina inglesa ponen como rey de los piratas a un español, Antonio Banderas, mientras el inglés protagonista es un ejemplo de lealtad y honor….patético el cambiar los verdaderos papeles que la historia repartió, cuando los españoles se veían “obligados” por su nobleza y honor a respetar tratados de paz con Inglaterra cuando ésta saqueaba y masacraba sin ningún escrúpulo ciudades inglesas (ver aquí y aquí, un par de ejemplos) o se inventaba “hazañas” tan patéticas como cortarse su propia oreja para hacer pasar la historia como que se lo habían hecho los españoles exigiendo entrar en guerra por ese motivo (un precursor del Maine estadounidense), acuñar monedas celebrando su victoria en una batalla en la que fueron barridos por el ingenio de D. Blas de Lezo (ver aquí), o fanfarronear de que iban a darse un viaje de placer arrasando una isla de las Canarias de la que regresaron sin un brazo y con el rabo entre las piernas precisamente por el propio Nelson glorificado (ver aquí). En fin, hoy vamos a tratar de acercarnos, desde nuestra humilde posición, a este gran hombre solo lejanamente igualado por otros de la talla de Sir Francis Drake.

Que la historia inglesa inventada es digna de recopilarse como los relatos de Andersen y de otros autores es algo por lo cual yo consideraría seriamente realizar una recopilación de firmas para impedir que ese gran patrimonio inmaterial no se pierda con el pasar de los años, ya que como la saga hollywodiense de Star Wars (la Guerra de las Galaxias), posee su propio mundo imaginario traducido en ese idealizado imperio británico que rozaba lo perfecto, si bien frecuentemente sabía camuflar sus propios ideales con rasgos nobles (estoy pensando en esa escena en que un bello Charton Heston, como oficial norteamericano, desenmascara y reprocha al aristocrático británico que haga pasar por resistir ante los chinos sin doblegarse cuando en realidad pretendía que el resto de los países se retirada y de esa forma que Reino Unido fuera el único país que comerciara directamente con China, en la película 55 días en Pekín).  Este “universo British” (por seguir un paralelo con el llamado “universo Marvel” de superhéroes de cómic) derrocharon en todo tipo de historias escritas, recitadas o representadas en documentales y películas dirigidas a transformar derrotas en victorias y ascender a la gloria a mediocres militares; hoy no hablo del general Bernard Law Montgomery, primer vizconde Montgomery de El-Alamein, apodado “Monty” o “el general espartano”, encubriendo o eliminando las grandes meteduras de pata que tuvo, por ejemplo en la reconquista de los Países Bajos; eso lo dejaremos para otra ocasión. Hoy prefiero centrarme en un héroe británico aún mayor, Lord Horatio Nelson, un buen marino al que se le añaden muchas historias fantásticas, y quede claro que digo buen marino, que eso en términos británicos lo eleva a excelentísimo, acercándose a un dios, y así lo han colocado en lo alto de una columna en la plaza más importante de Londres ¿Lo mereció? Pues es difícil de responder a la cuestión pues si sumáramos lo que hizo con lo que dicen que hizo, la columna podría llegar al cielo, de ahí a que para mí sea un elemento más del “universo British”.

 “Universo Star Wars” versus (vs) “Universo British”, con la estatua de Horatio Nelson destacando en la Plaza de Trafalgar, en la capital inglesa. Por causas ajenas a mí, el diseño del blog se ha modificado (depende de Blogger, que ha unificado el diseño de todos ellos); para ver mejor la imagen, picar sobre ella.

 Pero los versados en la Historia de países que tuvieron enormes imperios, como el español, durante más tiempo el más grande de la época moderna, no pueden evitar una sonrisa, porque hubo tantas gentes en este nuestro país que superaron con creces las hazañas de Nelson, aunque un 90% de sus compatriotas españoles lo desconozcan, que si tuviéramos que colocarlos en columnas nos haría falta un cielo más alto, comparando con Nelson. No hablo de Blas de Lezo y la defensa que hizo en Cartagena de Indias (ver aquí) con un par de millares de españoles contra la flota británica más grande que jamás existió al mando del gran almirante ingles Edward Vernon (el Nelson de 1741), tampoco del Gobernador de Luisiana Bernardo de Gálvez (ver aquí), que allá por 1780 eliminó todos los fuertes británicos del Misisipi y tomó Mobile y Pensacola, la perla inglesa del Caribe que defendía el General John Campbell, evitando que las tropas coloniales británicas ganaran la Guerra norteamericana de la Independencia a los desleales estadounidenses (Campbell, que sería el Comandante en Jefe de América del Norte fue hecho prisionero en Pensacola y paseado como tal por La Habana);  tampoco hablo de Jofre de Loaysa (aquí), que dio la segunda vuelta al mundo en 1525; ni de Jorge Juan (aquí), el marino científico; ni de Churruca (aquí) , el marino ilustrado e ilustre protagonista (1805) en Trafalgar; ni del almirante José de Mazarredo, que como Mayor General participó en 1780 en la mayor derrota naval inglesa de su historia y que, cuando (1797) los almirantes ingleses Nelson y Jervis intentaron con su flota invadir Cádiz al mando del primero, tras la desastrosa batalla española de enero en el cabo San Vicente, hizo que el resto de le escuadra española dañada se refugiara en Cádiz.

 Mazarredo, utilizando tácticamente las murallas y baluartes perfectamente diseñados por Blas de Lezo cuando era Comandante General de Cádiz (había fallecido en Cartagena de Indias en 1741) y con una flotilla de 30 lanchas torpederas, repelió el ataque con tanta bravura e inteligencia que consiguió que la famosa bombardera de Nelson quedara fuera de combate;  (pretendía que Nelson se retirara, pero la vanidad del británico le llevó a pretender una conquista fácil de Tenerife que se saldaría con el humillante desfile de todas las tropas inglesas detenidas, pero a las que se les perdonó la vida, a diferencia de los ingleses que mataban a todos los enemigos, ver mi libro sobre la Armada Invencible donde relato la cantidad de españoles desarmados a los que hicieron desnudarse y disponerse en fila para que los fueran degollando uno a uno). Ese mismo Mazarredo, tras la derrota inglesa en la batalla de Elviña (1809) frente a una escuadra franco-española, en la que murió el General Sir John Moore, jefe de las fuerzas inglesas, evitó que parte de la flota española de El Ferrol fuera llevada a Francia por orden de Napoleón; curiosamente los ingleses le ofrecieron su ayuda, que no aceptó. A este gran almirante habrá que reservarle más adelante unas páginas en esta web.

Y qué decir de Malaspina y de Bustamante, marinos científicos e ilustrados que en 1788 dirigieron la primera expedición española de circunnavegación científica, adelantándose en casi medio siglo a las investigaciones de Darwin (1831), ver aquí. Por no citar a centenares de españoles que construyeron y engrandecieron  el gran Imperio Español, un imperio con orden, ilustrado, y que respetaba los derechos de los nativos, considerados ciudadanos españoles y realizando la primera campaña de vacunación del mundo, a todos los ciudadanos del Imperio Español, sin diferenciar razas, ni etnias ni condición (Expedición Balmis, o Real Expedición Filantrópica de la Vacuna). A pesar de todo, sin ignorar que toda conquista trae consigo episodios trágicos, tema harto debatido en esta web (ver aquí y aquí), pero matizando que nuestra “conquista” generó un mestizaje, cuando otros “exploradores” ocasionaron genocidios y exterminio de tribus nativas; así, mientras los ingleses se afanaban por repartir mantas infestadas de enfermedades entre los indios nativos norteamericanos, a los que consideraban razas inferiores, baste con documentarse sobre la verdadera vida de Pocahontas; los españoles fletaban barcos con científicos que recorrían los confines del Imperio Español vacunando contra la viruela a sus habitantes.

 

Expedición Balmis. Por causas ajenas a mí, el diseño del blog se ha modificado (depende de Blogger, que ha unificado el diseño de todos ellos); para ver mejor la imagen, picar sobre ella.

 Pero esos datos y esas gestas, en España son poco conocidos o directamente ignorados, cuando no, apropiados por otras naciones. Es como si las expediciones marítimas, y las científicas después, no hubieran existido o fuera increíble que las protagonizaran nuestros antepasados. Nunca dejamos de ser un país de tribus, las tribus iberas y celtiberas, con escaso apego a la cultura y al cultivo de nuestras tradiciones, usadas como armas arrojadizas con demasiada frecuencia… Porque si actuásemos como nación y tuviéramos mejores gobernantes, un país con tanta historia de la que sentirse orgullosos no la escondería en los baúles, ni permitiríamos que gentes irresponsables e interesadas tildaran de “fachas” a los españoles de buena fe que respetan los símbolos de la nación y se sienten orgullosos de su historia sin tener que admirar a los “caballeros” británicos que siempre se comportaron y fueron “otra cosa”. Esos gobernantes obligarían a que en la enseñanza de nuestros jóvenes existiera un libro de Historia único para todas las comunidades, donde se reflejase la verdad de lo que fuimos. Pero esa deriva no tiene visos de arreglarse, no al menos en un futuro cercano.

Pero no demoremos más el hablar de su eminencia, el mayor héroe inglés, Horacio Nelson. Ante todo debo señalar que fue un marino valiente, intrépido y con un arrojo admirable que a veces rayaba en lo temerario; no le importaba poner en peligro a sus hombres o a su flota cuando entraba en batalla, como ocurriera en 1797 en el fracasado intento de conquista de Tenerife o realizando algo tan… ¿cómo calificarlo? de plantarse ante los cañones enemigos con su mejor gala y sus medallas brillando a pleno sol…marcando una diana andante (ver aquí). Pero sin duda este dechado de virtudes también tuvo otras “cualidades” que los pulcros británicos consiguen ocultar, como el hecho de que fuera un adúltero empedernido que no tenía remordimientos por acostarse con la mujer de uno de sus mejores amigos. O ese egoísmo y esa prepotencia enorme que le hacían arriesgarse inútilmente en la batalla (antes del fracasado intento de conquistar Tenerife le envió una carta a su esposa señalándole que estaría unos días sin escribirle porque se iba de crucero turístico); o como he señalado antes, entrar en batalla con su traje de gala, cargado con todas sus medallas y distinciones, que lo hacían un blanco visible para los soldados escopeteros enemigos, lo que ya le costó la pérdida de un brazo en Tenerife y aún así no escarmentó, repitiendo tal hazaña como ocurrió en la batalla de Trafalgar, cuando fue abatido por el sargento francés Robert Guillemard, que con su mosquete Charleville lo alcanzó disparando desde el barco Redoutablea, capitaneado por el gran marino francés Jean Jacques Etienne Lucas (de menos de 1,50 m de altura), a una distancia, aproximada de 20 yardas (18,28 m), mientras Nelson dirigía a su buque HMS Victory.

 


Por causas ajenas a mí, el diseño del blog se ha modificado (depende de Blogger, que ha unificado el diseño de todos ellos); para ver mejor la imagen, picar sobre ella.

 Precisamente esa batalla de Trafalgar encumbró a Nelson a la fama. Inglaterra necesitaba de mitos, tenía muy cerca a Napoleón, que nunca apostó por la Armada, y salir vencedor de esa batalla que pocos creían que iba a ganar ya que esperaban que al frente de la armada franco-española hubiera un auténtico marino como Mazarredo, que ni siquiera participó, o Cosme de Churruca, Álava o el francés Lucas. Pero no fue así, y un inútil como el almirante francés Silvestre Villeneuve, aplicando una estrategia disparatada, le ofreció a Nelson la victoria en bandeja de plata. Los cronistas ingleses, ávidos de encumbrar a su almirante, engrandecieron su leyenda y le asignaron el papel de destructor del Imperio Español, cosa que ya había iniciado Napoleón con más virulencia y saber hacer, al incidir en la flota española o en los gobernantes. Tras la muerte de Nelson en 1805, los ingleses le hicieron un entierro sublime, tras haber mantenido su cadáver en un barril de coñac, acontecimiento comparable con lo que decían de su increíble heroicidad, cuando afirmaban que Nelson había tenido la valentía de dirigirse a la cabeza de una columna de navíos contra la formación enemiga. Añadiéndole una táctica personal revolucionaria que no era suya, también es cierto que su vanidad le hizo lanzarse el primero contra los aliados sin tener en cuenta que él daba las órdenes y que en caso de ser gravemente alcanzado se rompería la cadena de mando con sus hombres, cosa que no ocurrió dada la inútil estrategia de Villeneuve, quién se enfrentó a Nelson con un fuerte viento desfavorable que hizo que la flota aliada se separara (hubo incluso barcos aliados que no llegaron a intervenir en la batalla, arrastrados por el viento y otros 5 barcos franceses que huyeron de ella).

Indicación de los vientos durante la batalla de Trafalgar. Por causas ajenas a mí, el diseño del blog se ha modificado (depende de Blogger, que ha unificado el diseño de todos ellos); para ver mejor la imagen, picar sobre ella.

  Pero hagamos una breve biografía del marino. Fue el cuarto hijo del matrimonio del predicador Eduard Nelson y Catalina Suchling, Nació el 23 de septiembre de 1758 en Burnham-Thorpe, una aldea del condado de Norfolk. Su nombre le vino del popular poeta romano, pero no sirvió para que le atrajeran las artes y tras aprender lo básico en la escuela de Norwich, su tío materno, capitán Suchling, consiguió enchufarlo en la “Royal Navis”, actividad muy usada para esos ingresos. Con 14 años entró como grumete, en 1770, en el buque “Razzonable” de 64 cañones, donde no destacó en nada. Tanto fue así que su familia hizo que navegara en un barco mercante a las Indias Occidentales. A la vuelta en 1772, nuevamente su tío se lo llevó en el barco “Triunfo”, que capitaneaba, y lo fue instruyendo en las labores del mar hasta conseguir que se curtiera como marino ante la sorpresa de la familia, que no veían a aquél chico delgado y débil con las características necesarias para enfrentarse a ese duro oficio. Se enroló en 1773 con el capitán Phipps, que buscaba una ruta por el norte a América. En ese viaje se comenta que fue nombrado comandante de un bote de 12 marinos utilizado como romper hielo. A la vuelta, fue destinado al barco “Seahorse” que navegaba por el Océano Índico, donde entró en batalla por vez primera. Después, por su mala salud pues contrajo la malaria, tuvo que volver a casa, en un estado de salud deplorable que siempre arrastró, lo que le produjo una fuerte depresión de la que nunca acabó de recuperarse, cómo él mismo anotaba en su diario: “Después de profundas meditaciones en las cuales deseé en más de una ocasión arrojarme por la borda, una racha súbita de patriotismo se encendió en mí y comprendí que pertenecía al Rey y a mi País”. En septiembre de 1776 lo destinaron bajo el mando del capitán Robinson al “Wolcester, donde comenzó a adoptar aptitudes de buen marino. En 1777 fue ascendido a teniente y participa en las guerras de la independencia norteamericana; en 1779, con 20 años, asciende a capitán y aunque era el capitán más joven de la Royal Navy no se auguraba para él una carrera meteórica en la marina. Como capitán de la fragata 'Hitchenbroke' intervino en una expedición contra las posesiones españolas que fue un verdadero desastre, le costó más de 3.000 vidas conquistar un fuerte, que rápidamente recuperaron los españoles. Estuvo luchando contra los piratas autóctonos en las colonias norteamericanas, capitaneando el navío “Boreas” de 28 cañones, donde tuvo un altercado que le costó una sanción. Fue en esa época cuando se casó con Fanny Nisbet, en 1787.

Retrato de Frances Nelson, primera esposa de Lord Nelson, y de éste en pleno arrebato de humildad (si uno se fija bien, igual hasta encuentra que lleva colgada la ficha de la piscina o las comidas en el parchis).

 Nelson tuvo que acogerse a una baja por enfermedad cuando padeció otra fuerte depresión acompañada de ansiedad en 1790, posiblemente por su mala salud y la situación desfavorable en la que vivía. Volvió a la marina en 1792 mandando el buque de 64 cañones “Agamemnon”; actuando en el Mediterráneo y en una batalla cerca de Calvi en el entorno del Reino de Nápoles perdió la visión del ojo izquierdo, que tapaba con un parche, y comenzó a perder también la del ojo derecho, aunque más lentamente. Como Comodoro, participó en la flota del almirante Jarvi, y  gracias a la ineptitud del almirante español José de Córdova que había sustituido a Mazarredo (cesado por criticar a Godoy el estado de la flota, que ya dependía más de Francia), que navegaba con la flota española vigilante por el Cabo de San Vicente sin llevar una formación naval adecuada dado que en ella reinaba la anarquía, careciendo de buques delanteros de reconocimiento que evitaran sorpresas, lo que hizo que la escuadra inglesa, escondida en la niebla, atacara por sorpresa y le hundiera 4 barcos; tal era la anarquía, que los barcos españoles llegaron a dispararse uno a otro, esto hizo que Córdova buscara refugió en Cádiz para arreglar desperfectos en lugar de presentar batalla, cuando los barcos españoles mandados por buenos marinos ya se habían reagrupado. Por su arrojo en esta irregular “batalla”, Nelson logró el título de Vicealmirante y, deseoso de poner laureles a su nuevo ascenso, Nelson dirigió una fuerza naval contra Cádiz, pero, como ya hemos comentado, se encontró allí con el Almirante Mazarredo y sus cañoneras, que a pesar de estar en peores condiciones materiales, lo contarrestó excelentemente con ingenio, arrojó y táctica adecuada (ver aquí), dañando gravemente la escuadra de Nelson, que optó por huir.

Para resarcirse de esa derrota intentó conquistar Tenerife, que creía era una presa fácil, con una escuadra integrada por 9 navíos con 393 cañones y 3.700 hombre soldados; enfrente tenía al general Gutiérrez de Otero (ver aquí) que padecía de fuerte alergia y que mandaba una guarnición de algo menos de 1.700 hombres entre soldados regulares (60 artilleros, 247 soldados del Batallón de Infantería de Canarias, 110 hombres de los Cazadores Provinciales y 60 soldados de la Bandera de Cuba), marineros (entre ellos 110 de la corbeta francesa “La Mutine”), milicianos (330 de las Milicias de La Laguna y Orotava) y sobre todo civiles (desde labriegos a pescadores, pasando por artesanos y criados), además de 89 cañones distribuidos en 16 baterías. Era una batalla desigual en la que los españoles tenían todas las de perder, pero nuestro general derrotó a Nelson, que perdió un brazo; y la derrota podía haber sido aún mayor si Gutiérrez no hubiera devuelto sanos y salvos (incluso tras encargar a médicos que curaran sus heridas) a los dos regimientos ingleses que desembarcaron y que estaban rodeados por españoles y rendidos tras repeler el ataque de Nelson.

            Tras ser obligado a entregar en persona, carta de su propia derrota, nuestro héroe Nelson se recuperó moralmente y añadió una nueva victoria contra la flota francesa en Aboukir, cerca de Alejandría, tratándose de otra batalla más que le pusieron en bandeja los franceses. Napoleón había desembarcado su ejército en Egipto para conquistar la tierra de los faraones, dejando la flota de 13 navíos anclada en el interior de la bahía de Abukir, al mando del almirante Brueys D´Aigalliers, que no tuvo una idea más brillante que, al tener barco con más cañones, anclarlos para asegurar el tiro contra la flota inglesa; en un derroche de conocimiento de la mar, lo hizo lejos de la costa, en aguas profundas, lo que no evitó que los barcos se balancearan –lógicamente- por las olas y erraran los disparos. Por otro lado, al estar anclados no podían moverse, lo que dio pie a que un ataque envolvente de Nelson por ambos lados los derrotara. Por si fuera poco, en la retaguardia francesa había una línea de barcos mandada por Silvestre de Villeneuve, ¿se acuerdan de este nombre?, pues aquí nuevamente destacó puesto que se dieron a la fuga y no presentaron batalla. Tan perfecta le salió la jugada a Nelson que, a pesar de sufrir un episodio de pánico cuando una bomba francesa le explotó cerca, por encima del ojo bueno, por lo que le bajaron a la enfermería hasta que terminó la batalla, eso no se consideró cobardía, sino que curada su herida (de poca gravedad), la lució orgulloso como una insignia más. Fue una buena victoria en la que no perdió un solo barco, por lo que fue muy celebrada en Inglaterra. Había acabado con las ansias de expansión hacia Asia de Napoleón. Esta victoria le valió el título de Barón y también le valió la relación con Emma Hamilton, hija del embajador británico en Nápoles, que se convirtió en su amante y pasearon sin ningún tipo de vergüenza su relación por Londres, ante las narices de su avergonzada esposa, Frances Nelson.


 

Carta de amor conservada de Horacio Nelson a lady Hamilton y dos retratos de la joven, que fue inmortalizada por pintores ingleses como la Cassandra grecorromana o incluso como la María Magdalena cristiana.

 

Y después vino Trafalgar, batalla de la que ya hemos comentado tácticas y resultados (se puede profundizar más en los enlaces que hemos ido señalando, especialmente en el de don Cosme de Churruca). En esa batalla los 27 navíos de Nelson atacaron a favor del viento en dos columnas paralelas contra la armada franco-española mandada por Villeneuve, que apurado por las prisas (parece que venía desde París un correo con su cese) salió de Cádiz contraviento al frente de sus 32 barcos (15 españoles y 18 napoleónicos), lo que hizo que los navíos se desperdigaran y no pudieran mantener la línea de combate. En dos figuras anteriores se ha esquematizado cómo fue la batalla.

La muerte de Nelson en esa batalla hizo que los británicos le ascendieran a los cielos, literalmente (en su monumento con estatua) y literariamente señalando falsamente que había empleado una táctica revolucionaria, cosa que no era cierta. Por mucho que los británicos le hayan hecho pasar a la Historia como un revolucionario, esa táctica ya existía y la habían utilizado otros tantos marinos antes que él; si funcionó fue gracias a la torpeza del almirante francés. De hecho Nelson la copió de Duncan, mejor marino y más veterano que él, y de Lord Hood, que ya la habían utilizado con éxito en Tolón.

 

 Está claro que la historia de Nelson se ha exagerado hasta elevarla a la categoría de leyenda. Se le convirtió en elemento mítico británico, pero todos los historiadores imparciales estudiosos de su vida reconocen que no fue el mejor almirante inglés, como quieren hacernos creer. Posiblemente no esté ni siquiera entre los cinco mejores. Pero los países necesitan mitos y leyendas y para eso los británicos son maestros. La isla decidió que, por una serie de casualidades, Nelson fuera su héroe nacional, cuando la verdad es que nunca se acercó a la altura de Cunningham, con sus 22 victorias navales. Ni siquiera consiguió cortar el comercio que había entre las colonias y la Península. Pero tuvo la enorme suerte de vencer y morir en Trafalgar, en una época peligrosa para Inglaterra, lo que le convirtió en un mito. Nelson era un buen marino, con iniciativa, pero la leyenda lo ha encumbrado a cotas excesivas. Era mucho peor marino que algunos capitanes españoles como, p ej, Cosme Damián Churruca y Elorza, que además de gran marino fue un gran científico. En Trafalgar necesitaron 6 navíos ingleses para que Churruca muriera capitaneando su “San Juan Nepumuceno”, pero siempre los anglosajones han sido maestros en vender, cuando no crear, mejor a sus héroes.

 

Distintos “merchandising” de Lord Nelson.