Como
he manifestado en otras ocasiones, mientras que la festividad hispana de la Fiesta
de Difuntos y la siguiente de Todos los Santos –en verdad la Iglesia creó esta
segunda festividad para recordar no sólo a los fallecidos que tienen aún seres vivos
que los recuerden en el Día de Difuntos, sino también a todas esas personas que
carecen de personas que pudieran acordarse en vida de ellos, de ahí la
denominación “de Todos los Santos”- me gusta pues es un momento para acordarnos
de los seres queridos que se han ido antes de nosotros (recordar los buenos
momentos con ellos, anécdotas entrañables, llevarles flores a su tumba o
incluso tener alguna conversación con
ellos sin duda reparadora para nuestras posibles heridas aún abiertas, a la vez
que tomamos dulces típicos tan sabrosos como los “huesos de santo”), la fiesta
anglosajona de Halloween la encuentro del todo repulsiva dado que el factor
principal de esta celebración es la descomposición de la carne en sí misma
(cuánto más desagradable sea el aspecto, tanto mejor).

Eso
sin entrar en el concepto erróneo e inventado de que tal celebración existe tal
cual desde tiempos de los celtas y se vestían de manera tan desagradable para
espantar malos espíritus. Es una gran mentira y mezcla de conceptos. En primer
lugar, nada queda escrito de los propios celtas sobre sus tradiciones
sencillamente porque ellos no escribían, empleaban la tradición oral. En
segundo lugar, la fiesta de Halloween como tal y en las fechas que se realiza
simplemente suponía su Año Nuevo y por eso el recuerdo a todos aquellos que no
seguían con ellos porque habían fallecido (en ese sentido la celebración
hispana del Día de Difuntos es más fiel a la celebración celta de Halloween
original que todo el show comercial que se atribuye ese mérito). En tercer
lugar, la costumbre celta de disfrazarse de manera amenazadora para espantar a
los malos espíritus se realizaba durante las cosechas –durante la siembra, la
recolecta o en ambas ocasiones- y de nuevo, las celebraciones actuales que más
se acercan a las originales celtas las encontramos en la Península Ibérica bien
en los distintos carnavales, bien en festejos locales del norte de España donde
suelen vestirse con elementos vegetales, máscaras, cencerros y otros objetos
tratando de asustar a la población.
Dejando
todo esto de lado, si lo que realmente busca la gente que celebra Halloween es
un chute de adrenalina mediante una tarde-noche en la que pasar miedo, a
continuación propondré 10
lugares en los que poder experimentar unas horas inolvidables. Si se desean
conocer otros lugares “malditos” de todo el mundo, remito a la persona
interesada a mi libro “Guía de lugares y objetos embrujados y malditos” (2022) con el fin de no repetir
información ni alargarnos en demasía. Igualmente recomiendo escuchar la
psicofonía que grabé en una trinchera granadina de la Guerra Civil, durante una
visita al lugar, una tarde en la que no había nadie allí … o al menos que se
viera, a juzgar por todo lo grabado (se encuentra al final de mi entrada Desde las trincheras, haciendo un símil con la frase “Desde el Infierno” con la que
finalizó Jack el Destripador una de sus cartas autentificadas). Comencemos:
1 y 2. Belchite y Brunete:
son dos localidades que se han dejado tal cual quedaron tras la devastadora
Guerra Civil para recordar a todos las consecuencias de una contienda bélica,
en la que no hay ganadores pues todos pierden en una guerra. Aún son muchos los
que relatan haber oído ruido de disparos, lamentos o de avionetas
sobrevolándolos. Recomiendo acudir a estos lugares con respeto (allí han muerto
personas y sufrido muchísima gente), dejándolo como se encontró (el vandalismo
está fuera de lugar, así como las bromas de dudoso gusto o armar mucho
alboroto) o incluso mejor (si encuentras basura dejada allí por algún incívico,
no cuesta nada llevarlas con las nuestras a un contenedor de basura).
Mientras que en Belchite (Zaragoza,
Aragón) es posible ver los horrores de la guerra pues permanece tal cual quedó
tras ser bombardeada en 1937 por avionetas del bando republicano, en Brunete la
matanza por parte también del bando republicano fue de tal magnitud que se
trató de reconstruir para ayudar a olvidar, aunque aún es posible observar
algunas cicatrices de entonces (recomiendo, para más detalles, picar aquí).
3. Refugios antiaéreos de Alicante y Orihuela
En el lado opuesto encontramos esta
zona del levante español, último bastión del bando republicano, que fue
intensamente bombardeado por la aviación franquista mientras aguardaban la
llegada de barcos que les llevaran a América o a cualquier otro destino lejos
de España. Cuando las tropas franquistas estaban a las puertas de Alicante y
Cartagena, muchos fueron los que optaron por suicidarse a pie de playa. Muchos
de los bastiones con búnkeres a lo largo de la costa levantina han ido
demoliéndose con el fin de olvidar salvajadas que nunca debieron haber ocurrido
(en ambos bandos). Algo igual sucedió con la carretera que salía de Málaga en
dirección a Almería, donde la aviación italiana bombardeaba a la columna de
ciudadanos republicanos que huían con sus familias y los pocos enseres que podían
llevar encima, mientras buques franquistas los bombardeaban desde la costa; hoy
apenas queda nada que recuerde tal vergonzosa acción y derramamiento de sangre
civil en un episodio que ha pasado a denominarse “la desbandá de Málaga de 1937”.

4. Alrededores de la ciudad de Bailén
En las llanuras que rodean a la
población de Jaén se libró en 1808 uno de los episodios nacionales más dignos
de tener en cuenta pues aquí fue el pueblo es que finalmente aunó fuerzas con
el ejército español para derrotar y poner fin a la invasión francesa de España.
Para ver los detalles de este suceso remito a una de mis entradas anteriores en
este blog (aquí)
donde se trató –y comentó, al final de la entrada- con atención.
Como supondrán los amantes de las
emociones fuertes, fueron muchos los que murieron en estos campos. Aún hoy se
habla de apariciones, ruidos que trae el viento,…
5. El campo de los Quemados de Montsegur
Al otro lado del Pirineo, en el prepirineo
francés tuvo lugar la primera cruzada que el Vaticano alentó en la que
cristianos tenían bula para matar a otros cristianos, concretamente cátaros o “puros”
como se hacían llamar ellos mismos (también se les conoce como albigenses, por
la ciudad francesa de Albi en la que también se cometió una matanza
considerable). Localidad tras localidad fue cayendo, dejando para el recuerdo
frases tan infames como la de “matadlos a todos, que Dios ya reconocerá a los
suyos” con las que los dirigentes católicos ordenaban a sus tropas entrar en
las poblaciones sospechosas de albergar cátaros con la orden de ante la duda,
mejor matar. Dicha cruzada puede decirse que finalizó a los pies del castillo
de Montségur, cuando tras un asedio a la fortaleza en la que se habían ido
guareciendo cátaros de distintos lugares arrasados, terminaron entregándose. El
16 de marzo de 1244, más de 200 cátaros que se negaron a renegar de sus
creencias fueron quemados vivos en distintas hogueras alzadas en esta llanura,
poniendo así fin a la secta (al menos oficialmente, pues se sabe que algunos de
ellos cruzaron los Pirineos y se refugiaron en el Maestrazgo valenciano, donde
continuaron con sus creencias que se basaban en ser veganos, defender las
creencias de tipo zoroástricas o gnósticas y criticar la opulencia de los
dirigentes de la Iglesia católica frente a las enseñanzas de corte esenio de
Jesucristo). Desde entonces, el lugar se conoce con el simbólico nombre de “Camp
des Cremats” (tal cual reza en el lugar, en un cartel informativo, “des”
francés, no “dels” en catalán) o “Campo de los Quemados”.

6. Capilla de los huesos, en Évora
Ahora nos desplazaremos al otro país
vecino de España, Portugal. Nuestro destino será concretamente a “la capela dos Ossos” que se
localiza junto a la Igreja de São Francisco o Iglesia de San Francisco, en la
población portuguesa de Évora. En el dintel de la puerta que da acceso a este
osario se puede leer la siguiente inquietante sentencia: "Nos
ossos que aquí estamos pelos vossos esperamos", que en español
significa “Los huesos que aquí estamos, a
los vuestros aguardamos”, muy en línea con el “memento mori” tan insistente
en el culto católico durante el Renacimiento y siglos después.
Según me contaron hace
tiempo, esta capilla se alzó a raíz de los desastres que el destructivo
terremoto de Lisboa ocasionó en distintas ciudades, entre ellas Évora; así que
alguien tuvo la grata idea de recoger los restos óseos que habían quedado
removidos en cementerios de la zona y, a falta de conocer sus identidades,
apilarlos aquí en suelo sagrado de una forma que pudiera ser respetuosa.
Pero si pudiera parecer
una anécdota algo tétrica, informaré que no es un hecho puntual puesto que en
realidad en el país lusitano se cuentan hasta siete capillas de este tipo, y
todas ellas localizadas al sur del río Tajo: tres en el Alentejo y cuatro en el
Algarve.
7.
Las catacumbas de París
En la línea de “las
capelas dos Ossos”
portuguesas, pero a mucha mayor escala encontramos las catacumbas de París que
se han ido acrecentando con el aporte de distintos cementerios, como señalan
sus correspondientes carteles de cada sección. En estas fechas además suelen
realizar tours del terror especiales para Halloween (también el resto del año,
pero no tan morbosos).
8.
El hotel de los horrores, de Zaragoza
Es el antiguo hotel “Corona
de Aragón” (hoy forma parte de la cadena Meliá) y todo sucedió cuándo se
declaró un funesto incendió el 12 de julio de 1979 que no tardó en propagarse
por distintos lugares del edificio, alimentado por las alfombras, mantas,
cortinas, toallas, maderas, y demás elementos propios del hotel.
Como en otros hoteles
con fama de embrujados, hay una habitación que unos evitan y otros solicitan
ávidamente, donde se dice que es imposible descansar con tranquilidad debido a
golpes en la puerta sin nadie al otro lado, un calor insoportable o sensación
de ahogo, olor a quemado, y muchas otras experiencias que han relatado
distintos huéspedes que han ocupado la estancia; es la habitación 510.
El fatal incendio dejó
76 fallecidos, bien porque murieron asfixiados, quemados, o sobre todo porque
decidieron saltar por las ventanas.
Quizás entre todas las
tragedias relatadas destaque el de una familia con una niña que se vio rodeada
por las llamas. Temiendo morir carbonizados, se asomaron a la ventana principal
y vieron, varias plantas más abajo, en la calle, a grupos de vecinos y bomberos
sujetando lonas y otras telas con las que recoger a los que saltaban
amortiguando su caída. Tras pensarlo decidieron poner a salvo a la niña,
soltándola pero era tal el humo levantado que no fue posible ver a la pequeña
desde abajo y su cuerpecito cayó en un lateral de la lona, golpeándose en parte
en el suelo, muriendo. Unos diez o quince minutos después de la tragedia, los
padres oyeron golpes en la puerta: eran un par de bomberos que habían logrado
abrirse camino por los pasillos humeantes y llegar hasta ellos para salvarlos.
9.
El cementerio inglés de Málaga
Que ya traté en otra de mis entradas del blog, así
que si pican aquí irán a dicha entrada, con todo lujo de
detalles de lo que ver… y lo que esperar.
Como señalo en uno de los comentarios de dicha
entrada, hay en Málaga otro lugar que recomiendo visitar si se quiere estar en
una atmósfera inquieta (mejor si se visita a solas y en silencio), pues a mí al
menos me puso los pelos de gallina; se trata de la Cripta de los Condes de
Buenavista, en la basílica de la patrona de la ciudad, Ntra. Sra. de la
Victoria.
10.
El valle de Güímar, en Tenerife, Islas Canarias
Este lugar es digno de
estar en los lugares paranormales de España por méritos propios, no porque se
hayan dado masacres o accidentes mortales que han dejado una honda impresión en
el lugar sino porque se dan una serie de hechos extraños de difícil explicación.
En primer lugar, aquí se
encuentran una serie de pirámides escalonadas que nadie sabe decir cuándo
fueron realizadas o por quién ya que fueron cayendo en el olvido y cubriéndose
de tierra y plantas hasta que un investigador noruego reparó en ellas, en el
siglo XX, y aún siendo tomado por loco por muchas personas no cejó en su empeño
por demostrar que esos “montones de piedras” eran verdaderamente pirámides (las
primeras reportadas fuera de Egipto, Mesopotamia y Sudamérica).
Pero es que además
también en este valle se localiza la talla de virgen negra medieval, la Virgen
de la Candelaria, que algunos pretender ver relacionada con los templarios (ver
mi libro “El fenómeno de las vírgenes negras”).
Por si todo esto no
bastase, en Güímar se encuentra el célebre Barranco de Badajoz, un paraje en el
que no es extraño ver manifestaciones energéticas sorprendentes como orbes o
rayos de luz en noches despejadas y sin tormenta.