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miércoles, 6 de agosto de 2025

El pueblo de las brujas de la Alpujarra, en España

¿Sabía el lector que en la alpujarra granadina (sur de España) existe una localidad con fama popular de haber albergado brujas?

Se trata de Soportújar, una población que ha sabido dar la vuelta a su mala fama convirtiéndola en un lugar digno que visitar si se encuentra alguien por estos bellos parajes. Parece que la atracción por las brujas y su idea más o menos romántica, inventada en las últimas décadas, no deja de aumentar como ya se vio en una entrada anterior (en Inglaterra, afectando incluso a la famosa escritora inglesa de novelas románticas, Jane Austen, picar aquí)


Como otras localidades de la Alpujarra, tras la expulsión de los moriscos, allá por el siglo XVI, la zona fue repoblada con gentes llegadas de Castilla y especialmente de la región galaica, llena de tradiciones prerromanas fuertemente arraigadas en la población. Fruto de ello es el nombre de muchas de las localidades refundadas: Capileira, Pampaneira, etc.

Incluso se dice que parte de los que emigraron a estos parajes montañosos andaluces, tan lejos de su Galicia natal, lo hacían porque huían de situaciones de hambrunas e incluso de la mala fama adquirida que hacía insostenible la convivencia con sus vecinos. Entre estas personas estarían mujeres con fama de haber hecho pactos con el diablo para causar el mal de determinadas personas, provocar que sus cosechas se echaran a perder o que su ganado enfermara.

Era costumbre culpar a las brujas de las epidemias que asolaban a la población y al ganado, como se aprecia en la película “En tiempo de brujas”. San Roque, protector contra las enfermedades de la piel, es el patrón de Soportújar.

      Algunas de estas personas, tanto hombres como mujeres, parece ser que decidieron continuar con sus tratos con el Maligno pues se cuenta de ciertos casos que obligaron a la Inquisición a personarse en la localidad por las quejas de vecinos que decían ver a determinadas personas echando mal de ojo…o incluso volando sobre escobas.



Hasta aquí lo que se cuenta pues, para ser justos, no existe documento antiguo ni acta inquisitorial en archivo alguno que mencione algún fenómeno relacionado con la brujería –al menos de manera oficial-, en la zona de Soportújar. Por dicha razón, son varias las personas escépticas que consideran que se trata de un gancho turístico como otro cualquiera y que está resultando ser sumamente acertado, a juzgar por el número de curiosos que se acercan a la población, desde entonces.

El pueblo ha sabido sacar provecho a esta fama de embrujado, transformando el temor que generaba y que hacía que muchos evitaran pasar por él o por sus cercanías, cambiando el nombre de las calles o de zonas (por ejemplo, la Era del Aquelarre, en la parte más elevada del pueblo, que en realidad era el lugar destinado para aventar el grano cosechado, separando la semilla de la paja, y que se ha reinventado como zona en la que se reunían las brujas durante las noches de luna llena) a crear un Centro Temático de la Brujería (donde se habla de este pasado, y de paso, del uso de ciertas plantas medicinales que crecen en la Alpujarra, entre otras cosas), senderos temáticos para recorrer por el pueblo y alrededores, incluyendo una gruta natural reinventada como residencia de una anciana y poderosa bruja que nunca existió allí; y ya dentro de la población, se han colocado estatuas que evocan relatos relacionados con brujas, en distintas culturas.


El pueblo ha sabido reinventarse convirtiéndose en un parque temático de brujas, en lugar de sacar provecho a su entorno natural, que no deja de ser impresionante.

        Así podemos ver la casita de chocolate y gominolas de Hanzel y Gretel, en el relato de los Hermanos Grimm; un Pozo de los Deseos para solicitar lo que se ansíe (aunque cuidado, pues según se dice, puede concederse tal cual si interviene una bruja buena o blanca, o bien totalmente a la inversa de lo solicitado, si lo hace una bruja mala u oscura; una gigantesca Araña tejedora de sueños, que según las leyendas, ardía en el fuego si había una bruja presente; o la casa de la bruja rusa de Baba Yaga (y que aparece en la tercera entrega de la saga de películas de cómic de Hellboy; además de entre todos los personajes folklóricos de los que hablo en mi libro Guía de Lugares y Objetos Embrujados y Malditos, 2022), entre otros elementos.


Además, en agosto se engalana el pueblo con decoración propia de Halloween para festejar la llamada Feria del Embrujo, con eventos para todas las edades, puestos callejeros, etcétera. Suele hacerse la segunda semana de agosto, antes de la celebración del patrón de la población, San Roque (hecho que nos habla de un evento de peste, en algún momento de la historia del pueblo).

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

Eso sí, es indispensable tener en cuenta un comentario sumamente repetido por muchos visitantes: aparcar en los aparcamientos habilitados para ello en la entrada y salida del pueblo si no se desea sumar una multa que pagar a nuestros recuerdos de la visita.

lunes, 30 de octubre de 2023

Diez lugares en los que pasar la noche de Halloween

Como he manifestado en otras ocasiones, mientras que la festividad hispana de la Fiesta de Difuntos y la siguiente de Todos los Santos –en verdad la Iglesia creó esta segunda festividad para recordar no sólo a los fallecidos que tienen aún seres vivos que los recuerden en el Día de Difuntos, sino también a todas esas personas que carecen de personas que pudieran acordarse en vida de ellos, de ahí la denominación “de Todos los Santos”- me gusta pues es un momento para acordarnos de los seres queridos que se han ido antes de nosotros (recordar los buenos momentos con ellos, anécdotas entrañables, llevarles flores a su tumba o incluso tener alguna conversación  con ellos sin duda reparadora para nuestras posibles heridas aún abiertas, a la vez que tomamos dulces típicos tan sabrosos como los “huesos de santo”), la fiesta anglosajona de Halloween la encuentro del todo repulsiva dado que el factor principal de esta celebración es la descomposición de la carne en sí misma (cuánto más desagradable sea el aspecto, tanto mejor).


Eso sin entrar en el concepto erróneo e inventado de que tal celebración existe tal cual desde tiempos de los celtas y se vestían de manera tan desagradable para espantar malos espíritus. Es una gran mentira y mezcla de conceptos. En primer lugar, nada queda escrito de los propios celtas sobre sus tradiciones sencillamente porque ellos no escribían, empleaban la tradición oral. En segundo lugar, la fiesta de Halloween como tal y en las fechas que se realiza simplemente suponía su Año Nuevo y por eso el recuerdo a todos aquellos que no seguían con ellos porque habían fallecido (en ese sentido la celebración hispana del Día de Difuntos es más fiel a la celebración celta de Halloween original que todo el show comercial que se atribuye ese mérito). En tercer lugar, la costumbre celta de disfrazarse de manera amenazadora para espantar a los malos espíritus se realizaba durante las cosechas –durante la siembra, la recolecta o en ambas ocasiones- y de nuevo, las celebraciones actuales que más se acercan a las originales celtas las encontramos en la Península Ibérica bien en los distintos carnavales, bien en festejos locales del norte de España donde suelen vestirse con elementos vegetales, máscaras, cencerros y otros objetos tratando de asustar a la población.

Dejando todo esto de lado, si lo que realmente busca la gente que celebra Halloween es un chute de adrenalina mediante una tarde-noche en la que pasar miedo, a continuación propondré 10 lugares en los que poder experimentar unas horas inolvidables. Si se desean conocer otros lugares “malditos” de todo el mundo, remito a la persona interesada a mi libro “Guía de lugares y objetos embrujados y malditos” (2022) con el fin de no repetir información ni alargarnos en demasía. Igualmente recomiendo escuchar la psicofonía que grabé en una trinchera granadina de la Guerra Civil, durante una visita al lugar, una tarde en la que no había nadie allí … o al menos que se viera, a juzgar por todo lo grabado (se encuentra al final de mi entrada Desde las trincheras, haciendo un símil con la frase “Desde el Infierno” con la que finalizó Jack el Destripador una de sus cartas autentificadas).  Comencemos: 

1 y 2. Belchite y Brunete

    son dos localidades que se han dejado tal cual quedaron tras la devastadora Guerra Civil para recordar a todos las consecuencias de una contienda bélica, en la que no hay ganadores pues todos pierden en una guerra. Aún son muchos los que relatan haber oído ruido de disparos, lamentos o de avionetas sobrevolándolos. Recomiendo acudir a estos lugares con respeto (allí han muerto personas y sufrido muchísima gente), dejándolo como se encontró (el vandalismo está fuera de lugar, así como las bromas de dudoso gusto o armar mucho alboroto) o incluso mejor (si encuentras basura dejada allí por algún incívico, no cuesta nada llevarlas con las nuestras a un contenedor de basura).

     Mientras que en Belchite (Zaragoza, Aragón) es posible ver los horrores de la guerra pues permanece tal cual quedó tras ser bombardeada en 1937 por avionetas del bando republicano, en Brunete la matanza por parte también del bando republicano fue de tal magnitud que se trató de reconstruir para ayudar a olvidar, aunque aún es posible observar algunas cicatrices de entonces (recomiendo, para más detalles, picar aquí).


 

3. Refugios antiaéreos de Alicante y Orihuela

     En el lado opuesto encontramos esta zona del levante español, último bastión del bando republicano, que fue intensamente bombardeado por la aviación franquista mientras aguardaban la llegada de barcos que les llevaran a América o a cualquier otro destino lejos de España. Cuando las tropas franquistas estaban a las puertas de Alicante y Cartagena, muchos fueron los que optaron por suicidarse a pie de playa. Muchos de los bastiones con búnkeres a lo largo de la costa levantina han ido demoliéndose con el fin de olvidar salvajadas que nunca debieron haber ocurrido (en ambos bandos). Algo igual sucedió con la carretera que salía de Málaga en dirección a Almería, donde la aviación italiana bombardeaba a la columna de ciudadanos republicanos que huían con sus familias y los pocos enseres que podían llevar encima, mientras buques franquistas los bombardeaban desde la costa; hoy apenas queda nada que recuerde tal vergonzosa acción y derramamiento de sangre civil en un episodio que ha pasado a denominarse “la desbandá de Málaga de 1937”.

 

4. Alrededores de la ciudad de Bailén

    En las llanuras que rodean a la población de Jaén se libró en 1808 uno de los episodios nacionales más dignos de tener en cuenta pues aquí fue el pueblo es que finalmente aunó fuerzas con el ejército español para derrotar y poner fin a la invasión francesa de España. Para ver los detalles de este suceso remito a una de mis entradas anteriores en este blog (aquí) donde se trató –y comentó, al final de la entrada- con atención.

     Como supondrán los amantes de las emociones fuertes, fueron muchos los que murieron en estos campos. Aún hoy se habla de apariciones, ruidos que trae el viento,…

 

5. El campo de los Quemados de Montsegur

     Al otro lado del Pirineo, en el prepirineo francés tuvo lugar la primera cruzada que el Vaticano alentó en la que cristianos tenían bula para matar a otros cristianos, concretamente cátaros o “puros” como se hacían llamar ellos mismos (también se les conoce como albigenses, por la ciudad francesa de Albi en la que también se cometió una matanza considerable). Localidad tras localidad fue cayendo, dejando para el recuerdo frases tan infames como la de “matadlos a todos, que Dios ya reconocerá a los suyos” con las que los dirigentes católicos ordenaban a sus tropas entrar en las poblaciones sospechosas de albergar cátaros con la orden de ante la duda, mejor matar. Dicha cruzada puede decirse que finalizó a los pies del castillo de Montségur, cuando tras un asedio a la fortaleza en la que se habían ido guareciendo cátaros de distintos lugares arrasados, terminaron entregándose. El 16 de marzo de 1244, más de 200 cátaros que se negaron a renegar de sus creencias fueron quemados vivos en distintas hogueras alzadas en esta llanura, poniendo así fin a la secta (al menos oficialmente, pues se sabe que algunos de ellos cruzaron los Pirineos y se refugiaron en el Maestrazgo valenciano, donde continuaron con sus creencias que se basaban en ser veganos, defender las creencias de tipo zoroástricas o gnósticas y criticar la opulencia de los dirigentes de la Iglesia católica frente a las enseñanzas de corte esenio de Jesucristo). Desde entonces, el lugar se conoce con el simbólico nombre de “Camp des Cremats” (tal cual reza en el lugar, en un cartel informativo, “des” francés, no “dels” en catalán) o “Campo de los Quemados”.

 

6. Capilla de los huesos, en Évora

      Ahora nos desplazaremos al otro país vecino de España, Portugal. Nuestro destino será concretamente a “la capela dos Ossos” que se localiza junto a la Igreja de São Francisco o Iglesia de San Francisco, en la población portuguesa de Évora. En el dintel de la puerta que da acceso a este osario se puede leer la siguiente inquietante sentencia: "Nos ossos que aquí estamos pelos vossos esperamos", que en español significa “Los huesos que aquí estamos, a los vuestros aguardamos”, muy en línea con el “memento mori” tan insistente en el culto católico durante el Renacimiento y siglos después.

        Según me contaron hace tiempo, esta capilla se alzó a raíz de los desastres que el destructivo terremoto de Lisboa ocasionó en distintas ciudades, entre ellas Évora; así que alguien tuvo la grata idea de recoger los restos óseos que habían quedado removidos en cementerios de la zona y, a falta de conocer sus identidades, apilarlos aquí en suelo sagrado de una forma que pudiera ser respetuosa.

      Pero si pudiera parecer una anécdota algo tétrica, informaré que no es un hecho puntual puesto que en realidad en el país lusitano se cuentan hasta siete capillas de este tipo, y todas ellas localizadas al sur del río Tajo: tres en el Alentejo y cuatro en el Algarve.

 

7. Las catacumbas de París

      En la línea de “las capelas dos Ossos” portuguesas, pero a mucha mayor escala encontramos las catacumbas de París que se han ido acrecentando con el aporte de distintos cementerios, como señalan sus correspondientes carteles de cada sección. En estas fechas además suelen realizar tours del terror especiales para Halloween (también el resto del año, pero no tan morbosos).

 

8. El hotel de los horrores, de Zaragoza

        Es el antiguo hotel “Corona de Aragón” (hoy forma parte de la cadena Meliá) y todo sucedió cuándo se declaró un funesto incendió el 12 de julio de 1979 que no tardó en propagarse por distintos lugares del edificio, alimentado por las alfombras, mantas, cortinas, toallas, maderas, y demás elementos propios del hotel.

       Como en otros hoteles con fama de embrujados, hay una habitación que unos evitan y otros solicitan ávidamente, donde se dice que es imposible descansar con tranquilidad debido a golpes en la puerta sin nadie al otro lado, un calor insoportable o sensación de ahogo, olor a quemado, y muchas otras experiencias que han relatado distintos huéspedes que han ocupado la estancia; es la habitación 510.

       El fatal incendio dejó 76 fallecidos, bien porque murieron asfixiados, quemados, o sobre todo porque decidieron saltar por las ventanas.

     Quizás entre todas las tragedias relatadas destaque el de una familia con una niña que se vio rodeada por las llamas. Temiendo morir carbonizados, se asomaron a la ventana principal y vieron, varias plantas más abajo, en la calle, a grupos de vecinos y bomberos sujetando lonas y otras telas con las que recoger a los que saltaban amortiguando su caída. Tras pensarlo decidieron poner a salvo a la niña, soltándola pero era tal el humo levantado que no fue posible ver a la pequeña desde abajo y su cuerpecito cayó en un lateral de la lona, golpeándose en parte en el suelo, muriendo. Unos diez o quince minutos después de la tragedia, los padres oyeron golpes en la puerta: eran un par de bomberos que habían logrado abrirse camino por los pasillos humeantes y llegar hasta ellos para salvarlos.

 

9. El cementerio inglés de Málaga

Que ya traté en otra de mis entradas del blog, así que si pican aquí irán a dicha entrada, con todo lujo de detalles de lo que ver… y lo que esperar.

Como señalo en uno de los comentarios de dicha entrada, hay en Málaga otro lugar que recomiendo visitar si se quiere estar en una atmósfera inquieta (mejor si se visita a solas y en silencio), pues a mí al menos me puso los pelos de gallina; se trata de la Cripta de los Condes de Buenavista, en la basílica de la patrona de la ciudad, Ntra. Sra. de la Victoria.

 

10. El valle de Güímar, en Tenerife, Islas Canarias

       Este lugar es digno de estar en los lugares paranormales de España por méritos propios, no porque se hayan dado masacres o accidentes mortales que han dejado una honda impresión en el lugar sino porque se dan una serie de hechos extraños de difícil explicación.

      En primer lugar, aquí se encuentran una serie de pirámides escalonadas que nadie sabe decir cuándo fueron realizadas o por quién ya que fueron cayendo en el olvido y cubriéndose de tierra y plantas hasta que un investigador noruego reparó en ellas, en el siglo XX, y aún siendo tomado por loco por muchas personas no cejó en su empeño por demostrar que esos “montones de piedras” eran verdaderamente pirámides (las primeras reportadas fuera de Egipto, Mesopotamia y Sudamérica).

       Pero es que además también en este valle se localiza la talla de virgen negra medieval, la Virgen de la Candelaria, que algunos pretender ver relacionada con los templarios (ver mi libro “El fenómeno de las vírgenes negras”).

       Por si todo esto no bastase, en Güímar se encuentra el célebre Barranco de Badajoz, un paraje en el que no es extraño ver manifestaciones energéticas sorprendentes como orbes o rayos de luz en noches despejadas y sin tormenta.


 

viernes, 27 de mayo de 2022

El misterio de las alirunnias godas

Actualmente me encuentro perfilando dos de mis estudios en los que he estado trabajando en los últimos años, el uno centrado en los Godos que se asentaron en España desde la decadencia del Imperio Romano (de hecho, llegaron a ella por mandato imperial, pues constituyeron el ejército profesional imperial en su última etapa, poco antes del desmembramiento del Imperio Romano en dos, el de Occidente –que terminaría desapareciendo- y el de Oriente, con su sede en Constantinopla o Bizancio, hoy Estambul, en Turquía) y el otro, estudiando la mitología de diversos lugares del mundo.

Precisamente ambos temas, aunque parezcan ser aparentemente inconexos, tienen un punto o cruce de caminos en un asunto tan sugestivo como enigmático: las alirunnias.

Uno se preguntará, y con razón, qué es una alurunnia; para responder a la cuestión es preciso remontarnos a una época prerromana, donde mientras los hombres solían salir a cazar o llevar el ganado a distintas zonas de verdes pastos, las mujeres acostumbraban a quedarse en los poblados cuidando de enfermos, mayores y niños, procurándoles alimento y cuidando de sus enfermedades. Por ello no tardaron en familiarizarse con las propiedades de diversas plantas, animales y venenos de éstos, además de ciertas tierras, minerales y carbones, para realizar sus pócimas medicinales. A su vez, unas a otras se ayudaban en el cuidado de niños, en los partos, etcétera, de manera que fue creándose una serie de matronas y sabias de las propiedades de seres vivos y minerales, así como en predecir el tiempo y las estaciones, que gozaban de gran prestigio y reconocimiento entre sus conciudadanos, pero que con la llegada del Cristianismo a Occidente terminarían siendo perseguidas y tildadas de brujas. Sin embargo, eran vistas como “magas” (meigas, en galego) dentro de su comunidad, por su capacidad de adivinación y de sanar la vida de los enfermos.

Con frecuencia estas mujeres “santas” (en el sentido de estar en posesión de un don o poder singular) o magas solían vivir aisladas, lejos de la población, en los bosques o en las montañas donde solían cosechar determinadas plantas y ejemplares de animales en ciertas estaciones o momentos del año. Ese aislamiento se volvía misterio para sus congéneres, que comenzaron a admirarlas y a temerlas, a partes iguales.

Pues bien, de acuerdo con las crónicas recogidas por el mismísimo rey de Castilla, Alfonso X El Sabio (cuánto le debemos a este monarca, baste leer mis anteriores entradas centradas en algunos aportes suyo más importantes, picando aquí y aquí), basándose a su vez en escritores latinos, para hablar del origen de los Godos, de los cuales él mismo se consideraba descendiente, relata que cierto rey llamado Gargarigo El Grande, llegó con sus tropas a Escitia –como los antiguos griegos llamaban a una amplia zona de terreno comprendido desde el actual Irán, en Oriente Próximo, hasta la Dacia y Germania, chocando ya con la frontera oriental del Imperio Romano– y estando allí expulsó de su ejército a un nutrido grupo de mujeres que llevaban con ellos a modo de adivinas y curanderas (a las que llamaban, los Godos, alirunnias), pero que el monarca Gargarigo consideraba que resultaban cada vez peor para los tropas debido al miedo que les generaba a sus soldados, a la vez que a otros les hacía perder la cabeza por una loca pasión desenfrenada, sin duda consecuencia de algún tipo de brujería.

Estas mujeres, al ser expulsadas, se distribuyeron por el paisaje, huyendo a espesos bosques y agrestes zonas montañosas, donde se toparon con hombres montesinos (esto es, que vivían en lugares aislados y montañosos, también llamados montaraces), a los que no duda la crónica en calificar como “sátiros y faunos”, 

         Y estos tales quando fallaron aquellas mugieres de los godos,

          yoguieron con ellas et fizieron fijos et fijas

            (Alfonso X, capítulo 400 de la Estoria General)

 

Ante la Biblioteca Nacional de Madrid (España) y el Archivo Nacional se alza una estatua de Alfonso X el Sabio (derecha), monarca de Castilla en el siglo XIII, que creó la Escuela de Traductores (representada en un dibujo medieval, a la izquierda), en cada ciudad donde ubicó cierto tiempo su corte real.

           

Es decir, que estas “hechiceras” terminaron por tener hijos con los montañeros que encontraron donde se instalaron y a tal descendencia, criada en los pantanos de la laguna de Meotida (en la actual Ucrania), daría lugar a toda una serie de espías y diestros cazadores furtivos, que causarían no pocas incomodidades a los Godos en sus tierras recién conquistadas.

La laguna de Meotida era como se conocía en la antigüedad al actual Mar de Azov, hoy tristemente ubicado en el centro de la invasión rusa sobre Ucrania. Debió ser en estas maravillosas playas donde las alirunnias criarían a su descendencia.

Esta historia que parece resultar meramente curiosa, sin más alicientes, lo cierto es que ha producido grandes quebraderos de cabeza a todos aquellos historiadores que han querido ver en ella un referente histórico real recogido por cronistas del Imperio Romano. Así, se ha llegado a sugerir que tal vez estas mujeres hechiceras serían curanderas escitas que viajaban con las tropas godas y al ser expulsadas del ejército godo, se instalarían en los bosques y parajes montañosos donde no tardarían en llegar, pisando los talones godos, los hunos (confederación de pueblos nómadas y seminómadas de Asia Central) o incluso mongoles (incluidos dentro de los anteriores), que precisamente por sus indumentarias y rasgos pudieron resultar tan extraños a los Godos que llegaron a tomarlos por animales fantásticos tipo sátiros o faunos, o como fantasmas o demonios de la naturaleza como ellos consideraban a los troll que pasarían a incorporarse a los pueblos germanos, franceses, españoles y británicos, para denominar a un ser a veces benevolente y otras veces maléfico, que habitaba en bosques y montañas, construía monumentos de grandes piedras (megalitos, que curiosamente en la mitad norte de España su construcción se atribuía a las magas y hechiceras) y a veces robaba niños humanos para criarlos como hijos propios o devorarlos.

En el folclore tradicional español hay una constante asociación entre dólmenes (o megalitos en general) y brujas (o hechiceras en general). Sirvan los siguientes, de ejemplos: A) “La casa de la bruja” o dolmen de Sorginetxe (Elvillar, Álava, España). B) “Mesa de las brujas” (Cañamero, Cáceres, España). C: Dolmen de Tella (Huesca, España), también asociado con brujas o hechiceras.

Ahora bien, de tomarse en serio la historia mencionada, lo primero que me sorprende es la gran cantidad de curanderas que debía viajar con el ejército godo para dar lugar a tan amplia descendencia. Por otro lado, no deja de resultarme curioso que para los Godos fueran los hijos que estas sabias mujeres concibieron con los extraños seres de las montañas, los que se convirtieran en espías y cazadores furtivos, ¿es que no había traidores entonces?, ¿o era una manera de mirar a otro lado, para hacer ver que el pueblo godo no tenía gentes vendidas al mejor postor, por unas monedas?.

Aún existe otro elemento a tener en consideración y es que de acuerdo con otras leyendas de la antigüedad, principalmente de la Grecia clásica (recogidas por renombrados sabios como Heródoto, entre otros), entre los escitas era una costumbre general como modo de gobierno la ginecocracia, es decir, que eran las mujeres las que llevaban la voz cantante, el mando de la sociedad. En Escitia ubicaban los antiguos griegos todo tipo de pueblos con costumbres muy diversas, así como distintos monstruos mitológicos y leyendas más o menos ciertas, entre las que figuraba la de esa estirpe de mujeres guerreras que llegaban a mutilarse uno de sus senos para poder disparar flechas con gran precisión, las míticas Amazonas.


Se sostenía que en determinados momentos del año dejaban de hacer la guerra para intimar con guerreros para quedar embarazadas y tener descendencia, matando a los hijos varones (así como a los hombres adultos que deseaban ser algo más en las vidas de estas guerreras que meros sementales). Los guerreros de la Grecia clásica estaban fascinados, a la par de atemorizados, con este pueblo de bellas y fieras guerreras; el mismísimo Alejandro Magno no dudó en marchar con sus tropas hacia Oriente ansiando toparse con las amazonas y tratar de doblegarlas; e incluso en la leyenda de Jasón y los Argonautas (analizada aquí, así como su posible significado oculto), los héroes llegan a toparse –e intimar- con las mujeres amazonas. Yo me pregunto, ¿es posible que estas mujeres tan autodidactas, crecidas y educadas en una cultura matriarcal, fueran las “hechiceras” que acompañaron a los Godos en su recorrido y que fueron expulsadas por no aceptar doblegarse ante mandos masculinos que para ellas podían llegar a ser ineptos en ciertas cuestiones relativas a la guerra?, y es que si estas mujeres curanderas fueran de armas tomar, se explicaría cómo su descendencia fue no solo famosa por sus virtudes como guerreros o cazadores, sino también en las conjuras palaciegas y el mundo del contraespionaje.

Con respecto a los Godos, estas  peligrosas alirunnias debieron dejar hondos pesares y temores en estas gentes pues cuando se toparon en la Península Ibérica con mujeres igualmente matriarcales y “hechiceras”, se desató el pánico entre ellos, conociéndose episodios donde no consentían en adentrarse en determinados bosques que consideraban habitados por estas brujas, y otros en los que no dudan en matar con violencia desmedida a estas mujeres (en la mitad norte de España abundan leyendas sobre hadas y otros seres mitológicos femeninos que engatusan a los indefensos y confiados hombres, con sus malas artes y belleza, para arrastrarlos a muertes atroces a manos de grandes reptiles que las custodian a ellas y al tesoro de oro y piedras preciosas que suelen poseer).

Para más información al respecto, ver otras entradas ya hechas anteriormente en mi blog, picando aquí, aquí y aquí.