Hace poco cayó en mis manos una noticia norteamericana que me
resultó sumamente intrigante y que señalaba que finalmente la Comisión de
Investigación de la Junta de Comercio de Londres exoneraba totalmente al
capitán Lord de las muertes ocurridas en la tragedia del RMS Titanic. Si el
capitán de ese enorme buque se apellidaba Smith, ¿quién era ese capitán Lord y
qué tuvo que ver con el Titanic? La
explicación iba a resultar de lo más interesante.
Todos conocemos la
historia de este supuesto barco insumergible que sin embargo no logró llegar
nunca a puerto. De hecho, en esta misma web hemos tratado al menos tres veces
este asunto pues se han escrito sobre él cientos de artículos, libros, novelas
y se han grabado películas, documentales y vídeos. Se le ha estudiado desde
todos los ángulos e incluso sabemos del trágico destino que le aguarda en una
década (ver aquí), pero siempre se nos ha vendido la historia (bendito marketing británico) que
todo fue un cúmulo de infortunios donde los británicos de a bordo volvieron a
hacer gala de su impecable educación y sentido del honor, con casos como el del
constructor del RMS Titanic (Thomas
Andrew) llamando puerta por puerta a todos los camarotes para despertar a los
ocupantes y que pudieran salvarse, el capitán Smith (con fotografías de hombre
honrado y bonachón) optando por hundirse con su barco tras hacer que todos los
botes salvavidas se hubieran alejado del barco o los ocho miembros de la banda
de música tocando hasta en final, para calmar a la gente.
Sin embargo, como
dice el proverbio, la verdad es como el aceite que al final siempre termina
saliendo a flote. Y es lo que ha ocurrido, ya que con un comentario aquí, un
dato disperso allá, noticias que resultan chocantes….la verdad que se me ha
perfilado de toda esta historia de la tragedia del RMS Titanic resulta ser un cúmulo no de infortunios sino de
chapuzas y prepotencias una tras otra. Tal vez sea que la historia me pilla muy
lejana, que parte de la idea ilógica de un mastodonte flotante insumergible
(todo barco es susceptible de hundirse) o que suelo poner atención a los
detalles…pero el hecho es que la historia, una vez compuesto el puzle, resulta ser de lo más vergonzosa. ¿No lo creen?, déjenme que les cuente y luego
hablamos.
Ya comentamos
en otra entrada cómo el RMS Titanic fue el fruto de
su época, de las grandes travesías navieras y de la importancia que el Imperio
Británico tenía por todo el mundo. Entonces, entre las grandes compañías que se
habían enriquecido por el transporte de mercancías, correo y personas destacaba
la afamada White Star y su flota de descomunales barcos, a cada cual más
lujoso, envidia del mundo entero. La verdad entre bambalinas era que la
compañía había asumido unos costes en estos materiales de calidad para equipar
sus barcos, y sus dimensiones (todo en ellos era desproporcionado), que
prácticamente estaba al borde de la bancarrota y el RMS Titanic resultaba ser su caballo ganador al que apostarlo todo.
Iba a ser una línea puntera entre la gente más rica del mundo y en consonancia,
estaban sus precios. Así por ejemplo, un billete en un camarote de primera
clase costaba el equivalente a lo que ganaba un norteamericano (salario medio)
en una década, 4.450 dólares. Así las cosas, a dos semanas del viaje inaugural
del magnífico buque, el mayor de su tiempo, aún tenía prácticamente todos los
billetes por vender de manera que a
los socios dueños de la White Star se les ocurrió sacar de su retiro al afamado
capitán Edward Smith que se había labrado gran prestigio durante sus 43
años de servicio -32 con la compañía White Star- al capitanear prácticamente
todos los trasatlánticos más famosos y lujosos de su tiempo, siendo apodado “el
capitán de los millonarios” por su facilidad para ganarse la complicidad de
este tipo de personas al invitarlas al puente o a cenar con él en su mesa.
Smith exigió
disponer de los oficiales de su preferencia, que no eran otros que con los
últimos con los que había trabajado. Cierto era que estaba a solo dos semanas
de zarpar el RMS Titanic y Smith
nunca antes lo había pisado, no estaría familiarizado con él, pero no había
problema ya que tanto él como los oficiales que eligió habían colaborado juntos
precisamente en el gemelo del RMS Titanic,
el RMS Olympic, en 1911, un año antes.
Al difundirse
esta noticia, rápidamente se vendieron numerosos billetes, de manera que el
barco zarpó el día acordado, con un tercio
de su capacidad total de viajeros estimados, a bordo. A pesar de ser un
día ventoso y lluvioso, los muelles estaban repletos de curiosos que querían
ver partir al descomunal barco, con tan famoso capitán al mando, el día de su
viaje inaugural porque sospechaban que sería un día histórico. No podían
hacerse idea de lo cierto que sería eso…pero por otra trágica razón.
IZDA: Noviembre
de 1911. El RMS Titanic (derecha) en el puerto de Belfast (Irlanda) junto al RMS Olympic (izquierda) que está siendo reparado en una
hélice por su choque con el barco SS Vendrum. DCHA: la tripulación del Titanic, muchos de ellos ya coincidieron en el Olympic; el capitán Smith está señalado por flecha azul.
La prensa,
convenientemente aleccionada, llevaba semanas diciendo las bondades del colosal
buque, calando la idea de que sería
prácticamente insumergible. En un derroche de gentileza, a pesar de que
resultaría casi imposible hundirlo, la compañía White Star miraba tanto por la
seguridad a bordo que aunque la ley exigía para sus dimensiones, llevar 16 botes salvavidas, la
compañía lo equipó con 20, cuatro más de lo requerido. Encima los dotó con
tecnología puntera pues se izaban con un sistema de grúas ultramodernas
(pescantes Welling) que asombró a todos. Lo que nadie aclaró es que por temas
de presupuesto, se equipó al Titanic
con los botes del Olympic para
abaratar costes.
El 10 de
abril de 1912, el RMS Titanic entre
vítores y aclamaciones partió de Southampton (en el sur de Inglaterra) y como
anécdota, los periódicos contaron cómo el buque estuvo a punto de arrollar a
unos barcos veleros desplegados en el puerto para ver partir a tan magnífico
barco. Nadie reparó en que este “infortunio” se ajustaba ya a un patrón del
capitán Smith y su tripulación escogida para el viaje inaugural del RMS Titanic, cuando hacía ya un año, en
el viaje inaugural del RMS Olympic, mientras estaba atracando en el
puerto de Nueva York, el buque chocó
con un remolcador; tres meses más tarde, a su regreso a Inglaterra y ya cerca
nuevamente del puerto de destino, el RMS Olympic
chocó con un buque de guerra, sufriendo graves daños en la popa y comenzó a
entrar agua. ¿Quién estaba en el
puente, al mando, en ambos
accidentes del Olympic? El capitán
Smith y los oficiales que ahora estaban a cargo del Titanic. La historia ya prometía… Otro detalle sin importancia, frecuentemente
callado, es que el día en que el RMS Titanic
partía, un miembro de la tripulación que bajó (pues el barco venía de Irlanda)
en Inglaterra olvidó dar su juego de llaves a su sustituto a bordo, a partir de
aquí hasta Nueva York. Una de esas llaves abría la puerta de la alacena donde
se guardaban los prismáticos y otros objetos.

La época dorada
de los trasatlánticos, con el RMS Olympic en primer plano
entrando en el puerto de Nueva York, donde colisionaría con un remolcador (izquierda).
A la derecha, aspecto de uno de los costados del Olympic tras colisionar con el buque de guerra HMS
Hawke al ser succionado por el
trasatlántico, a su regreso a Inglaterra.
Hay quién dice que esto provocó que fuera el Titanic el que efectuase la ruta
Southampton-NY en lugar del Olympic y por esa razón llevaba sus botes
salvavidas, pues se equipó precipitadamente.
El buque
enfila su travesía hacia Nueva York mientras los pasajeros disfrutan de todo
tipo de lujos: gimnasio con todo tipo de aparatos, una piscina cubierta, varios
bares y restaurantes, salas de baile,… y el
sistema Marconi inalámbrico de lo más novedoso, que permitía a los
ricos ocupantes compartir con sus amistades y familiares, prácticamente en el
mismo momento, dónde se encontraban, qué hacían… Este revolucionario sistema
era tan puntero que la propia
compañía Marconi aportó a los telegrafistas, de manera que no formaban parte de
la tripulación y por tanto no estaban familiarizados con códigos y requisitos
de la marina, como veremos más adelante pero por lo demás era tan
fabuloso que la gente hacía cola mandando continuamente mensajes
insustanciales; era el equivalente al whatsapp o los selfies actuales. Todo va
a pedir de boca, la gente está encantada y el barco responde bien. A bordo va
uno de los socios de la White Star, el dueño del RMS Titanic, el Sr. Ismay así como el constructor del barco y
parecen querer ponerlo a prueba pues el barco va a buena velocidad (requiere de
600 toneladas de carbón que mueven tres hélices de cinco metros cada una). Tal
es el entusiasmo, que una madrugada que estaba prevista la realización de un simulacro para que la tripulación se
familiarice con el empleo de los novedosos pescantes de los botes salvavidas,
en el último momento el capitán Smith lo cancela, a pesar de que ninguno de ellos estaba acostumbrado al manejo de este tipo
de grúas. Muchos investigadores se han preguntado la razón de esto,
pues uno de los supervivientes informaría luego que únicamente hicieron el
teatro de mover un par de botes levemente y ni siquiera llegaron a acercarlos al
agua. Me atrevo a creer que el capitán lo hizo para evitar que los pasajeros
vieran que la tripulación no sabía cómo izar los botes de salvamento o que no
tenían capacidad ni para la mitad de la gente que iba a bordo (cada bote podía
llevar un máximo de 64 personas y había 20 botes, a bordo iban 2223 personas).
De esta manera, con la cancelación del simulacro, los viajeros seguían creyendo
que estaban a bordo de un poderoso barco insumergible.
Vámonos al último
día del RMS Titanic. Estamos en el
día 14 de abril de 1912. A las dos de la tarde, un hombre entrega en el puente
al capitán Smith un mensaje procedente de otro barco de la White Star (el SS Baltic, que navegaba a unos 350 km al este de la posición del Titanic) alertando de presencia de hielo
en las aguas. Es uno más de los 21
mensajes telegrafiados recibidos informando de icebergs en la zona que están
surcando, el séptimo recibido ese día, pero como los demás, el capitán opta por
ignorarlos, sin ordenar reducir la marcha. En este caso concreto, Smith
entrega el mensaje al dueño del barco y uno de los socios de la White Star, el
Sr. Ismay, que se lo guarda en el bolsillo. Todo sigue según lo previsto y por la tarde se efectuará una lectura
del sextante, a fin de ubicar la posición del barco, que resultará errónea
(creen que están en un lugar en el que realmente no se encuentran; ¿cómo era
posible llevar los mayores barcos de pasajeros existentes y no saber cómo
calcular la posición en que se estaba en cada momento?). Por la tarde (18:15 h),
el carguero de vapor británico SS
Californian -capitaneado por el inglés Stanley Lord-, que navega a 30
millas al norte del RMS Titanic se
topa con un inmenso campo de hielo así que emite un mensaje avisando de que se
encuentra en una ventisca, con hielo en las aguas. De nuevo se hace caso omiso
y el RMS Titanic sigue su travesía a
buena marcha; a las 21h el capitán
Smith (del Titanic) se retira a
sus aposentos a dormir
dejando al mando a su primer oficial, Murdock. A las 22:30 el SS Californian vuelve
a emitir un mensaje informando del peligro aclarando que el mar está en
calma y la oscura noche estrellada impide distinguir los icebergs así que han parado los motores. Varios
barcos responden agradeciendo el aviso, pero el telegrafista del Titanic
de ese turno (Jack Phillips) dice con malos modos “cállese, cállese, estoy ocupado comunicándome con Cape Race. Deje libre
la línea” porque tiene que seguir enviando mensajes pendientes de los ricos
pasajeros, antes de llegar a Nueva York, así que quiere que le deje la línea libre. Con esta respuesta
tan descortés y dado que el telegrafista del Californian había terminado su turno, había avisado a los demás
barcos y estaban parados, apagó el aparato y se echó a dormir. De esta forma, mientras el SS Californian con los
motores parados aguarda a que las corrientes y vientos despejen el campo de
icebergs, el capitán Smith del RMS Titanic ordena poner los motores del
barco prácticamente a toda máquina. La verdad (no conocida hasta que
recientemente se han desclasificado unas fotografías, como vimos aquí) es que el RMS Titanic lleva una de sus bodegas cargadas de carbón incendiadas
desde que zarparon de manera que la única manera de evitar que el
incendio se propague (recordemos que llevaba una cantidad descomunal de carbón
en sus bodegas, 600 tm diarias si bien otras fuentes ascienden la cifra a 825
toneladas de consumo diario, dato que me parece excesivo) es echar el carbón
incendiado en los hornos (contaba con 29 calderas alimentadas por 159 hornos). Y así, a toda máquina – 21 nudos
(39 km/h), de los 23 máximos, un buque de 269,06 metros de eslora (longitud), del
tamaño de dos campos de fútbol y la anchura de medio campo; 53,3 metros de
puntal (altura) y 28,19 metros de manga (anchura) - se adentran en el campo de icebergs de 6 kilómetros de ancho, en
plena noche, con aguas inusitadamente tranquilas.
Las gélidas
aguas del Atlántico Norte estaban tan calmadas que no provocaban olas, así que
no facilitaban distinguir los bloques de hielo al no verse las olas romper
contra ellos. Los barcos que van llegando al campo de hielo van avisando de
ellos (tamaño y posición), pero el Titanic
seguía a toda máquina, haciendo caso omiso a las advertencias; tampoco se forzó la alacena que contenía
los prismáticos bajo llave, así que se optó por poner a un vigía oteando el
negro horizonte, con un viento helado a 40 km/h pegando contra su cara y ojos.
A las 11.10
h. de la noche, el capitán Lord y su tercer oficial, Charles Victor Groves,
observan desde el puente del SS
Californian a un gran barco ampliamente iluminado (pueden distinguir hasta
la luz verde de posición del trasatlántico, aunque más tarde negaría este
aspecto) a unos 20 km al S-SW de ellos, surcar dirección oeste, rumbo a Nueva
York. Al preguntar sobre los buques que hay en la zona, supone correctamente que
se trata del RMS Titanic. A las 23:35
el telegrafista del SS Californian da
por finalizada su jornada, apaga el Marconi y se echa a dormir. Cerca de las 23:40
el capitán del SS Californian,
Stanley Lord, hará lo propio.
A las 23.39 de la
noche, el vigía del RMS Titanic toca
la campana frenéticamente porque ha creído divisar algo sobre el agua a unos
450 metros, llama por el interfono y lo coge el sexto oficial que oye que van
directos contra un iceberg, pero ya es tarde y menos a 21 nudos de velocidad.
El primer oficial, Murdock, ordena girar todo a babor mientras se precipitan
contra un bloque de hielo de 18 metros de altura que debía pesar según la
estimación de expertos en la materia, como 15 portaaviones totalmente cargados.
El impacto es inevitable.
IZDA: fotografía
recientemente desclasificada mostrando una posible anomalía en el casco, poco
antes de seguir viaje tras parar en Southampton (sur de Inglaterra) en su viaje
inaugural. DCHA: fotografía tomada del supuesto iceberg contra el que chocó el RMS Titanic, marcando cómo fue el impacto.
A las 23:40 el RMS Titanic roza el lado de estribor
durante 8 interminables segundos, cortando el costado en tres compartimentos
(bodegas) y dos salas de máquinas. El cuarto compartimento corresponde a la
bodega que lleva ardiendo toda la travesía, exponiendo a las dos placas de
acero que separan al barco del mar a elevadísimas temperaturas. Murdock, el
primer oficial en el puente manda sellar las puertas estancas para evitar una
masiva entrada de agua, sin embargo algunos supervivientes explicarían después
que miembros de la tripulación
levantaron manualmente algunas puertas estancas para coger mangueras y bombas
de achique de agua, dejándolas abiertas. Nadie pidió que volvieran a
cerrarse. El agua sigue entrando sin control por el interior del barco.
También a las
23.40, el tercer oficial del SS
Californian, el Sr. Groves (de guardia esa noche), observa que el enorme
buque apaga repentinamente todas sus luces.
Al poco llega al
puente un desconcertado capitán Smith que pregunta a Murdock con qué han
chocado y envía a otro oficial a evaluar los daños. El cuarto oficial –otro miembro de la tripulación que
también sobrevivió, y cuando digo “tripulación” me refiero a todo el personal a
cargo de la nave, desde técnicos hasta oficiales- vuelve al poco informando al capitán que no ha visto ningún daño
apreciable (es decir, es incapaz de ver una brecha de 150 metros de
longitud con el agua entrando a raudales en al menos 5 compartimentos).
Ahora, por si todo
este cúmulo de infracciones y mal proceder no fuera suficiente, la historia
mejora. A las 23:45 (5 minutos tras la
colisión), el capitán Smith emite una orden a la sala de máquinas que no se
recogerá en las investigaciones posteriores sosteniendo, la versión oficial,
que el barco choca con el iceberg, la tripulación cierra las puertas estancas y
el barco se detiene en seco donde comenzará a hundirse por la inevitable
entrada de agua pues fatídicamente el hielo dañó un compartimento más del que
suponía seguir a flote. La realidad es que, según el testimonio de Frederick
Scott (otro miembro de la tripulación, superviviente; ya es casualidad que entre las 2.223 personas que iban a
bordo, casi toda la tripulación se encontrara entre los 706 supervivientes del RMS Titanic, 492 viajeros y 214 personas de la tripulación del
buque; es decir, solo el 32 por ciento de todos los que iban en el RMS Titanic se salvaron y de ellos, un 30,31 % era personal del barco -que eran un 30% de las personas que en total iban en el barco-,
si bien la cifra era mayor porque algunos tripulantes que se salvaron
fallecieron congelados antes de ser rescatados) al decirle el cuarto oficial
que no se apreciaban daños, el
capitán Smith ordena que el barco siguiera avanzando a velocidad media
(10 minutos), luego se detuvo (10 minutos) para avanzar lentamente (10 minutos
más). De esta manera, al continuar avanzando la resistencia del agua al avance
del buque a su través creó mayor tensión en las grietas del lado de estribor,
ensanchándolas y aumentando la cantidad de agua que estaba entrando y
recordemos que no tenía cerradas las mamparas de protección. De haberse parado,
posiblemente el cuarto compartimento o bodega habría tardado más tiempo en
inundarse y habría permanecido más tiempo a flote –pero solo supondría eso,
ganar tiempo, porque las puertas estancas seguían abiertas- así que el capitán
Smith solo aceleró el hundimiento del barco.
Parado, el
capitán Smith ordena al carpintero del barco evaluar la flotabilidad del buque
y aguarda su informe. A las 23:55, 15 minutos después de la colisión, el
carpintero le informa que el agua había subido dos metros en pocos segundos:
debía haber una entrada de agua considerable. El carpintero no sobrevivió a la tragedia. Parece que
el capitán se niega a reconocer que el barco iba a hundirse pues se muestra
reacio a ordenar bajar los botes, perdiendo un tiempo extraordinario.
A las 23:55
anota el oficial de guardia en el puente del SS Californian que el buque (el RMS
Titanic) parece hacer señales morse con una lámpara, ordenando responder
pero al no tener respuesta supuso que se trataba de algún farol meciéndose por
estar desplazándose el barco.
Pasada la
medianoche, 22 minutos después de la colisión, entra en el puente de mando
Thomas Andrew, el diseñador del RMS Titanic
y con rostro sombrío informa al capitán que tras inspeccionar las cubiertas
inferiores, al buque solo le quedan dos horas a flote. Ni aún así parece
reaccionar el capitán. 25 minutos después de chocar con el iceberg, al fin el
capitán Smith ordena que preparen los botes salvavidas, pero como la
tripulación no está familiarizada con las novedosas grúas que los manejan,
comienzan a intentarlo mientras van notificando a los viajeros que deben
prepararse para abandonar el buque, sin mucho éxito pues casi todos ignoran los
avisos confiando que el barco va a seguir a flote, por ser indestructible.
Mientras, Smith acude al puesto de
los telegrafistas ordenando que emitan mensaje pidiendo ayuda. Son las 12.15
am, 35 minutos después de la colisión, la posición que dan es errónea (un mal
uso del sextante por los oficiales) puesto que realmente están a 13 millas
náuticas más al suroeste. Habíamos dicho antes que el revolucionario
telégrafo inalámbrico Marconi contaba con sus propios operadores que no
pertenecían a la tripulación. Por esta razón, desconocían que para hacer saber
a los buques que el mensaje proviene de otro barco había que comenzar los
telegramas con unas determinadas siglas, pero los mensajes que envió el RMS Titanic carecían de ellas y muy
posiblemente por esta razón de los 8 barcos que se encontraban cerca (más o
menos) del RMS Titanic solo respondió
uno, el RMS Carpathia y el resto ignoraron el mensaje, posiblemente porque al carecer de las siglas distintivas
consideraron que provenían de estaciones en tierra y no prestaron atención.
El RMS Carpathia, a 93 km del RMS Titanic y con más de 700 pasajeros a
bordo, responde diciendo que ha recibido el mensaje y que dará la vuelta,
regresando en su ayuda. El SS Californian,
a unos 32 km al norte del RMS Titanic
(19,5 millas), se encuentra parado rodeado de hielo y con la radio apagada. Mientras,
miembros de la tripulación del Titanic
tratan de entender el manejo de las grúas de los botes salvavidas; más de una hora después de la colisión
contra el iceberg, el primer bote de salvamento desciende torpemente hacia el
agua con tan solo 20 personas a bordo (de 64 que permite), por temor a
que los pescantes no soporten el peso y porque son pocos pasajeros los que
desean abandonar el barco. Se lanza
la primera de las 8 bengalas de rigor (más de una hora después del incidente),
la proa está totalmente inundada.
A las 00:45, el
segundo oficial del SS Californian,
el Sr. Stone (que releva en la guardia al Sr. Groves) observa cómo en la noche
se ven a lo lejos cohetes blancos sobre un barco. Acude a despertar al capitán
(Stanley Lord) informándole; Lord le manda contactar por morse y luego
despertar al telegrafista (Evans) por si ha recibido alguna petición de
auxilio. Stone no recibe respuesta alguna al morse, mientras el despierto Sr. Groves
(tercer oficial del SS Californian)
se dirige al telégrafo y al despertar a Evans éste le dice que solo el RMS Titanic estaba en línea, mandando
mensajes a Nueva York de sus pasajeros. Mientras Evans se espabila, el oficial Groves
se pone los cascos y al no oír nada, los deja y vuelve al puente (desconocía
que el Marconi estaba apagado).
Mientras, en
el RMS Titanic reina el caos. El Sr.
Ismay, dueño del RMS Titanic y uno de
los dueños de la compañía White Star sube al bote 15 –uno de los últimos en
arriarse en estribor- según algunos, vestido de mujer (él declararía que estaba
junto al bote y al no querer nadie subir, él aceptó cuando se lo ofreció un
miembro de la tripulación); el bote
lleva 68 personas, de los que 61 son hombres y los 7 restantes corresponden a
mujeres y niños.
A las 02:00
de la madrugada del 15 de abril de 1912, con el agua ya cerca de la base de la
primera de las cuatro chimeneas del buque (2h 20 minutos tras la colisión con
el iceberg), los ocho miembros de la banda de música del RMS Titanic comienzan a tocar mientras se arrían los últimos botes
salvavidas, a pocos minutos antes de hundirse. El capitán Smith acude a la sala
de telégrafos y dice “que cada hombre
luche por sí mismo” y luego, según testigos, se encerró en el puente de
mando esperando al hundimiento. La popa se alza casi perpendicularmente al agua,
quedando las hélices a la vista de todos, mientras los botes salvavidas
se apresuran a alejarse del barco, entre gente y objetos que caen al mar desde el
barco y entonces, entre un gran estruendo, el descomunal buque se parte en dos,
hundiéndose irreversiblemente. La fuerza de succión arrastraría a mucha gente
con él hacia el fondo del mar mientras un gran griterío y caos reina en las
aguas para de pronto, en cuestión de minutos, hacerse un generalizado y
traumático silencio.
De los 20 botes
salvavidas, solo dos dan la vuelta para recoger supervivientes rescatando
a 40 personas de las gélidas aguas. El bote nº1, con 12 personas a bordo, se
aleja de la zona porque el matrimonio aristocrático que va en él ha pagado con
billetes de 5 libras al resto para que hagan caso omiso de las peticiones de
ayuda que llegan del agua.
IZDA: las
descomunales hélices del RMS Titanic, que llegaron a quedar al descubierto en
la gélida madrugada del 15 de abril de 1912, en los momentos finales del barco.
DCHA: la foto de la vergüenza, oficiales supervivientes del RMS Titanic posando
(más del 30% de la tripulación logró ponerse a salvo).
A las 01:15 h, el segundo oficial del SS Californian, el Sr. Stone, no distingue más bengalas en el
horizonte mientras el aprendiz Gibson que está junto a él con la lámpara morse,
le comenta una media hora más tarde que parece como si la silueta del barco
sobresaliera más alto en el horizonte. Stone notará que hacia las 02:00 ni la
silueta ni luz alguna parece distinguirse en la noche, suponiendo que gozaría
de mejor suerte que ellos, rodeados de hielo y que se había perdido ya en el
horizonte rumbo a Nueva York. Se irá a dormir, siendo relevado por el primer
oficial, George Stewart.
Los primeros
rayos del sol ya aclaraban el horizonte cuando el RMS Carpathia se topó con
el primer bote salvavidas del RMS Titanic, tras lanzar varias bengalas al
aproximarse a la zona. El último bote
en recogerse es el nº15, con el dueño del RMS
Titanic (Ismay) a bordo, temblando de frío. Con todos los supervivientes en
la cubierta del RMS Carpathia, un
desconcertado capitán Arthur Rostron afeó al Sr. Ismay y a los oficiales del RMS Titanic que hubieran sobrevivido,
con más de la mitad de los pasajeros fallecidos y los botes de salvamento a medio
llenar. El médico del RMS Carpathia debe
suministrar a Ismay opiáceos para calmar su ansiedad. También contrarió al capitán Rostron otra irregularidad y es que a pesar de que los oficiales del RMS Titanic se salvaran, no traían
consigo el libro de navegación cuando era costumbre que en un
hundimiento, el libro se introducía en una bolsa impermeable que se echaba a
uno de los botes salvavidas para que, como caja negra de los aviones,
permitiera conocer objetivamente lo ocurrido. ¿Tenía algo que ocultar el
capitán Smith cuando decidió contrariar las normas impidiendo poner a buen
recaudo el libro de navegación de RMS
Titanic?.
Por su parte,
hacia las 04:20, el primer oficial del SS
Californian observa varias bengalas verdes en el horizonte y diez minutos
después, distingue un vapor en el horizonte así que acude a despertar al
capitán para informarle y éste le ordena despertar al telegrafista (Evans). Al
poco, Evans informa que el SS Mount
Temple le ha comunicado que el RMS
Titanic se ha hundido al chocar con un iceberg y que son varios los barcos
que acuden a salvar posibles supervivientes. Sin embargo, lo que sucedió a
continuación tiene una importancia trascendental puesto que hasta las 08:00, el
SS Californian no hace acto de presencia
en la zona cuando estaba a menos de 30 millas. Una hora más tarde, a las 9 de
la mañana, el SS Mount Temple deja la zona por no haber supervivientes, tras haber
efectuado varias pasadas recogiendo cuerpos y restos a la deriva. A las 09:30
el SS Californian informa al capitán
del RMS Carpathia que abandonaba la
zona, siguiendo viaje.

IZDA: fotografía
de los oficiales del RMS Carpathia son premiados por su labor de rescate de los
supervivientes del RMS Titanic. DCHA: oficiales del carguero Mackay-Bennett,
enviado desde Reino Unido a recuperar cadáveres, muchos quedarían traumatizados
por la experiencia. Se han señalado a los capitanes.
Ante la
avalancha de telegramas solicitando información sobre pasajeros del RMS Titanic, el capitán del RMS Carpathia, Arthur Rostron, ordena no
responderlos. Uno de los telegrafistas del RMS Titanic es enviado al telégrafo
del RMS Carpathia con el encargo del
Sr. Ismay de enviar a Londres –a las oficinas de la White Star- un curioso
mensaje indicando que “la tripulación del
RMS Titanic que va a bordo del
RMS Carpathia (sobrevivieron 25 personal destacado de tripulación) debería regresar a casa lo antes posible. Le
sugiero que nos manden al Cedric (…). YAMSI”
Este mensaje, junto con el hecho de que fuera firmado con el nombre al revés
(Ismay), interceptado por otros buques e incluso por estaciones en tierra y
temiendo que los directivos de la White Star hicieran a sus trabajadores
memorizar una historia y recitarla, el senador Smith, de Michigan, abrió una
investigación de los hechos que causaron 1.512 fallecidos agilizando todo para
que al día siguiente de la llegada a puerto del RMS Carpathia comenzaran las sesiones de investigación y la
declaración de los supervivientes del RMS
Titanic, emitiendo citaciones para que les fueran entregadas a Ismay y a
los oficiales del Titanic en el mismo
momento en que pisaran suelo estadounidense, la noche del desembarco el 18 de
abril de 1912, con ambas orillas del río Hucson atestada de curiosos,
familiares, periodistas,... La orden era clara: permanecer en USA “until Senate Committee has finished inquiry into
wreck of Titanic”, hasta que se finalicen las investigaciones sobre el
hundimiento del barco.
Mientras tanto, diversos barcos recogían
cadáveres. El 17 de abril, dos días después del hundimiento, zarpó de Escocia
el CS Mackay-Bennett que llegó a la
zona 36 horas más tarde, recogiendo esa jornada 51 cuerpos, 128 otro día.
Realizarían un funeral por 116 cuerpos rescatados, que enterraron en el mar,
con pesas para que fueran al fondo. Se recuperaron del mar más de 300 cuerpos
tanto por el CS Mackay-Bennett como
por el CS Minia. Muchos relataron que
el viaje de regreso fue un infierno, con la cubierta llena de cadáveres tapados por telas que se movían con el oleaje y de las que salían
extremidades o rostros de los fallecidos. Cuando el CS Mackay-Bennett entró en el puerto de Halifax todas las campanas
de sus iglesias comenzaron a replicar en memoria de los fallecidos, mientras
los muelles se llenaban con cientos de carros con féretros vacíos.
El Comité de
Investigación norteamericano, con el senador Smith al frente, concluyó que los
dirigentes de la White Star eran culpables de negligencia criminal y de ellos,
J. Bruce Ismay había pecado de crueldad y cobardía. La prensa se cebó con él,
presidente de una de las compañías más importantes del momento de Reino Unido,
considerando Inglaterra una afrenta al honor y una amenaza a los intereses de
Gran Bretaña. Dos semanas después, la Junta de Comercio de Londres inició sus
investigaciones, con el juez Lord Mersey al frente, como presidente de la
Comisión de Investigación, el 22 de abril de 1912. El 2 de mayo comenzarían las
sesiones en las que testificaron casi todos los supervivientes. No se
responsabilizó a nadie de la White Star, ni hubo seguro alguno que indemnizara
siquiera una libra a ninguno de los pasajeros del RMS Titanic. El Comité de Investigación inglés señaló
acusatoriamente al capitán del SS Californian
y en su veredicto emitido el 30
de julio de 1912 se culpó de la tragedia a la velocidad excesiva, agravándose
el desastre por la falta de botes salvavidas, si bien no veía motivos para
culpar de nada al capitán Smith (ni a los dueños de la compañía White Star). En
el informe final se concluía que el SS Californian
estaba próximo y podía haber acudido en ayuda del RMS Titanic, lo que sin duda hubiera permitido salvar prácticamente
todas las vidas (fallecieron 1.512 personas). Como era de esperar, esta condena
pública hizo caer en desgracia al capitán del SS Californian, Stanley Lord, que vio como su reputación y trabajo
se iban al garete. Murió en enero de 1962.
Setenta años
más tarde, el explorador oceanográfico Robert Ballack daba a conocer al mundo
las primeras imágenes de los restos sumergidos del RMS Titanic, en 1985; había permanecido oculto porque descansaba a
20 kilómetros de donde se suponía que estaba, lo que ocasionó que más de uno se
percatase de que si realmente el SS
Californian hubiera acudido a la llamada de socorro, no habría encontrado
absolutamente nada salvo un gélido mar oscuro y frío, lleno de hielo.

Finalmente en
1992 otra investigación británica decidió exonerar al capitán Stanley Lord de
sus responsabilidades con respecto a la tragedia del RMS Titanic dado que de haber acudido al rescate, no habría ido al
lugar donde se encontraba realmente el enorme barco "insumergible"; el hecho de que el RMS
Carpathia hubiera recogido a los
supervivientes fue porque los botes remaron en dirección a las bengalas que
lanzó precediéndole. Sin embargo, esta exoneración con la que empecé esta
entrada no dejaba de ser un gesto al sol y limpiar el honor de un capitán
inglés, pues el hombre llevaba 30 años muerto. Los supervivientes del RMS Titanic, por su parte, las únicas
ayudas que recibieron fueron de parte de asociaciones caritativas estadounidenses y británicas, ya que la
White Star quedó impune, no se determinaron responsabilidades penales ni se
pagó indemnización alguna.
Pues bien, esta ha sido
a grandes rasgos la historia del RMS Titanic.
Supongo que coincidirán conmigo que no resulta ser ni un ejemplo de un destino
trágico por cumplir, ni de infortunios crueles sucediéndose, ni mucho menos los
ingleses han quedado reflejados por su valentía, buen hacer, sacrificio ni
humildad. De hecho, son errores tan colosales los cometidos que ha surgido una
teoría conspirativa que gana más fuerza cada día y que, propuesta por el
investigador Robin Gardiner en su obra “The
ship that never sank” (1998, “El
barco que nunca se hundió”) y que sostiene que debido a los graves daños
del RMS Olympic ocasionados al chocar contra el barco HMS Hawke, la compañía White Star decidió “parchear” los daños del Olympic haciéndolo pasar por el Titanic para provocar a medio recorrido
un fallo que obligara a evacuar el barco con ayuda de otros barcos y mandara al
fondo del mar el destrozado buque alegando que era de reciente construcción,
para cobrar así una indemnización de la póliza de seguros 7,5 millones de
dólares mientras el verdadero RMS Titanic
seguía a flote haciéndose pasar por el RMS
Olympic y garantizándose así 30 años de floreciente negocio. El problema es
que un iceberg se cruzó en los planes, de ahí que causara tanto daño (en verdad
era el maltrecho RMS Olympic). A este
argumento se le conoce como “Switch Theory” y aunque goza de gran aceptación,
son muchos los que dicen que es errónea en base a ciertos aspectos
estructurales como por ejemplo que las ventanas laterales de babor del RMS Titanic hundido no se ubican a los
intervalos regulares que presentaban en el RMS
Olympic.
Hay otra teoría más
que también tiene cierto peso y es que recoge los testimonios de muchos
supervivientes que coincidieron en haber oído explosiones o golpes secos en lugar
de un iceberg, muchos de ellos ni mencionaron la presencia de éste (John Wickman, “Titanic, the
hidden evidence”). Aunque se ignoraron, lo cierto es que hay quién cree que
el buque se hundió a consecuencia de las explosiones ocurridas debido al
importante incendio de las toneladas de carbón que transportaba en sus bodegas,
que pudieron desprender gases incendiarios.
Sea como
fuere, el hecho es que todo este cúmulo de negligencias ha traído consigo que
se revisaran las normativas vigentes de manera que los barcos tuvieran que
llevar botes salvavidas para todo el que fuera a bordo, se creara una patrulla
internacional del hielo y se impusiera la obligación de dejar la radio permanentemente
encendida. Con respecto a la pérdida de vidas, fue una tragedia claramente
evitable.