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sábado, 25 de marzo de 2023

El aún nada claro origen del ser humano actual

Este viernes (ayer), estuve de visita en la bella localidad de Orce (Granada) para mostrar a unos amigos el museo paleontológico de los Primeros Europeos (las trabajadoras que éste y de la Oficina de Turismo son un encanto) y aunque les gustó, salieron con más dudas que entraron porque tras mostrarle todo lo que allí había y resumirles la complicada vida de Josep Gisbert luchando contra académicos nacionales y extranjeros, les hablé del estado de conocimientos actual sobre la evolución humana, que ya he abordado en varias ocasiones en esta web.

Sobre Pep Gisbert, como bien supondrá el lector, los académicos españoles (colegas de profesión) fueron los que más encarnizadamente trataron de desprestigiarle públicamente al sostener él que había encontrado un fragmento de pariental homínido de unos 1,5-1,2 millones de años, frente a todos ellos que le acusaban de no saber diferenciar un trozo de cráneo humano de una quijada de un asno.

Ocurrió igual que con el descubridor de las cuevas de Altamira, D. Marcelino Sanz de Sautuola, que cada reunión científica de su ámbito académico al que acudía para dar a conocer el increíble yacimiento granadino (o en el caso de aquél, de Cantabria) puesto que verdaderamente es el primero donde aparecen homínidos fuera de África (en el barranco del león, en el yacimiento Venta Micena, en 1976), se convertía en un infierno de “todos contra él” para tratar de ridiculizarlo y hundir su carrera (al interesado en la cuestión, recomiendo la lectura del interesante libro escrito por el propio descubridor y titulado “El hombre de Orce. Los homínidos que llegaron del sur”, de la editorial Almuzara; por cierto que lo firma como José Gibert, sin la “s” tras la i, como se le conoce).


              Afortunadamente y unos años antes de morir en 2007, con 66 años, un laboratorio europeo independiente zanjaba la cuestión: algunas de las biomoléculas encontradas en la muestra parietal y en el diente molar eran indudablemente humanas. Con todo, las inversiones por parte de las administraciones españolas, locales y nacionales, fueron muy escasas y el propio Gibert en su libro agradece a distintas instituciones extranjeras tal apoyo económico esencial para continuar con las investigaciones científicas y excavaciones. ¿Resultado? A día de hoy apenas se ha avanzado en las investigaciones de una zona con tantísimo potencial, con los verdaderos restos de la salida de los homínidos de la cuna de la Humanidad, en África (posteriormente, se encontró en Orce el molar de un niño homínido dentro de lo que se cree que fue la cueva de una hiena, además de contar con más de un millar de antiguas lascas líticas retocadas por los homínidos y con 1.4 millones de años de antigüedad, de las más antiguas conocidas, obtenidas de los yacimientos barranco del león y Fuente Nueva 3). Pero esto parece no interesar a ninguna institución científica nacional o internacional (mientras, siguen apareciendo documentales recién grabados sobre el origen del Hombre ignorando no solo el yacimiento de Orce, sino los sorianos de Torralba y Ambrona en Soriade 1,5 millones de años, contemporáneos a Orce y con restos humanos aunque sean indirectos mediante sus hachas líticas, flecas de sílex y evidencias de descarnado de grandes mamíferos, y Atapuerca).

            Regresando al Museo de los Primeros Pobladores de Europa, en el espacio distribuidor de éste encontramos un mapamundi con los restos óseos de homininos hallados, y su datación, que me resulta una auténtica joya (a continuación lo muestro, algo cambiado por mí, para entenderlo mejor):


            Como corresponde a los hallazgos de restos óseos, no de material indirecto, por ese motivo se ha obviado la zona de Torralba y Ambrona (Soria, España) con restos líticos y de descarnado de presas de 1,5 millones de años, así como el yacimiento con huellas preservadas de homínidos en una zona costera inglesa que por su datación, hacia el 800.000 a.n.e. (antes de nuestra era, del cambio de era) se han atribuido a huellas de Homo antecessor, taxón descrito en Atapuerca (Burgos, España), entre otros.

            Pues bien, hablemos de algunas “cuestiones incómodas”, sobre la evolución de los homínidos y que a pesar del intento de los académicos por mostrar el tema totalmente cerrado, controlado y lineal, lo que en realidad tenemos es un auténtico caos. Me explico.

            Así como me maravilla el mapamundi antes mostrado, con todos los datos objetivos marcados en él, que son las evidencias con las que realmente contamos (todo lo demás es especulación y tratar de engarzar las distintas cuentas de collar que es cada evidencia paleontológica), detesto el diagrama que han colocado a la salida del museo de Orce y aunque con la mejor de las intenciones –mostrar cada “eslabón” de la aún no bien entendida evolución humana-, se cae en el terrible error de mostrar la evolución como una sucesión lineal de especies hasta llegar a nosotros:

A la izquierda, la supuesta evolución humana, con una sucesión lineal de formas (y la broma, de mi amiga y yo al final de la cadena evolutiva). A la derecha, aunque este panel como digo, induce a error, lo cierto es que permite apreciar un detalle en el que han reparado pocos paleoantropólogos y es el hecho de observarse un aumento corporal cuando los humanos se dispersaron por Europa, fuera de la cuna africana.

            Muchos programas actuales sobre alienígenas y temas relacionados tratan de decir (o ya dicen directamente, como si fuera algo cierto) que en ese momento los extraterrestres tomaron a estos homínidos, los manipularon genéticamente haciéndolos más listos y mejores y volvieron a soltarlos “en el campo” y de ahí que de pronto su capacidad craneal aumentara de golpe y se mantuviera constante desde entonces hasta ahora. Esta fantasía contiene una media verdad, que es la relativa a la capacidad craneal. Pero solo eso. La capacidad craneana, y por tanto la supuesta inteligencia, es un valor que se relaciona con el tamaño corporal. Por ello, ya los homínidos más pequeños eran igual de inteligentes (en teoría) que nosotros porque sus tamaños corporales eran también menores. Pero si nos atenemos a esos valores proporcionales, entonces la fantasía de la manipulación alienígena vuela por los aires porque en ese caso el Homo neanderthalensis era más inteligente que nosotros (tenía un cerebro similar a nosotros pero más envergadura). De hecho, los primeros instrumentos musicales encontrados (flautas hechas con huesos largos de animales) y las primeras pinturas rupestres de la Península Ibérica se realizaron en un periodo de tiempo en el cual el Homo sapiens aún no se encontraba en el territorio y por tanto debieron realizarse por neandertales, no por “nosotros” (ver aquí). 

            Y es que los neandertales, nuestros fascinantes “primos”, no paran de darnos sorpresas: en Portugal se hallaron los restos de una madre con su hijo que aparentemente sufrió alguna deformidad que le llevó a la muerte. … O eso se pensó durante años pues la genética mostró que ese niño era un mestizo entre Homo sapiens y Homo neanderthalensis, la evidencia de que ambas especies tan cercanas genéticamente, se mezclaron. Con estos datos en la mano se recurrió a la genética y al comparar el genoma humano de ambas especies, conformados a partir de diversas muestras procedentes de distintas partes de Europa, se encontró que los genes que poseemos que nos dan el pelirrojo, los ojos verdes e incluso la diabetes son exclusivos de los neandertales, su legado genético en “nosotros” los sapiens puesto que antes no aparecían estos genes en el genoma sapiens. Incluso, ahora que el covid-19 parece haber sido un mal sueño, sopeso si la extraña incidencia del virus de manera desigual en distintas partes del país no pudo responder a esta genética evolutiva (me explico, en zonas como el País Vasco algunas personas muestran en su cráneo protuberancias que recuerdan a rasgos neandertales, por ejemplo un "moño óseo" en la parte posterior; o en zonas montañosas de Soria abundan personas con ojos verdes y pelo pajizo, como en Irlanda, que pudieran responder a una mayor abundancia en su día de neandertales en esos parajes y por tanto su aporte genético fue mayor).

            Por otro lado,  como recojo en mi libro “Tartessos, 12.000 años de historia” (marzo de 2014) y su reedición “Tartessos y su prehistoria” (diciembre de 2018), en un yacimiento estadounidense del Solutrense (Paleolítico Superior) se hallaron varios restos esqueletales de distintos individuos y cuyos análisis genéticos evidenciaron estar emparentados… ¡¡con Homo sapiens de la cornisa cantábrica!!; es decir, que después de todo España descubrió América mucho antes de que supuestamente lo hicieran los vikingos (es broma, pero a más de uno debe escocerle porque de este estudio científico nadie ha vuelto a hablar a pesar de ser realizado con rigurosidad).

            Siguiendo en América, algo más hacia el sur, concretamente en tierras actuales peruanas se han ido encontrando distintos cráneos deformados de la cultura Paracas. Pues bien, entre ellos, algunos presentan la ausencia de determinadas líneas de suturas craneales o de forma distinta a las del Homo sapiens. Para salir de dudas, de nuevo se recorrió a los análisis genéticos… y otra vez se obtuvieron “respuestas” que nos dejaron absortos a los científicos: el análisis de ADN mitocondrial determinó que la madre era humana pero al ver el ADN paterno, no pudo establecerse similitud con especie homínida alguna. ¿Conclusión? De nuevo los fanáticos del tema OVNI corrieron a considerarlos híbridos humanos-alienígenas, pero yo más bien creo que debe haber un taxón homínido (si no varios) aún no encontrado, que habitara en América y que fue el padre de estos “niños de las estrellas” como les llaman.

Uno de los cráneos precolombinos sin la sutura posterior craneal y esquema de cómo se deformaba la cabeza con cuerdas y madera, en bebés, en la cultura Paracas (600 a.C. – 100 d.C.).

             Desde hace centurias, criptozoólogos y partidarios de los alienígenas han especulado con la posibilidad de que los yetis, pie-grandes y demás parientes descritos en distintas partes del mundo (incluso en el Pirineo aragonés, según un documental de Lorenzo Fernández Bueno) pudieran ser descendientes de un homínido no conocido, de un híbrido manipulado por los aliens, de seres de dimensiones paralelas y demás hipótesis.

Ahora vayamos a otra parte del mundo no muy lejos de América, la gran China. Allí durante la Segunda Guerra Mundial se encontraron, de modo casual, unos restos que el descubridor (un obrero que cavaba para las obras de un futuro puente) corrió a ocultar en un pozo de su propiedad. Pasaron los años y ya en su lecho de muerte, dijo a su nieto aficionado a los fósiles, que podían interesarle unos huesos de oso o así que escondió en dicho pozo. Cuando el nieto dio con los restos, sacó a la luz un esqueleto parcial de un homínido muy bien conservado que ha permitido la descripción de un nuevo eslabón de la evolución humana: el Homo longi u “Hombre dragón” (que significa “longi”), un ser sumamente curpulento, enorme, con una hombrera ósea del entrecejo sumamente marcada y que rápidamente ciertos investigadores han corrido a señalar como un “yeti” fosilizado.


Izquierda, detalle de un molde de huella de un supuesto yeti y reconstrucción de un rostro yeti en Roadside Bigfoot (Georgia, USA). Derecha, cráneo de Homo longi y reconstrucción de su aspecto facial.

            Los paleoantropólogos sostienen que posiblemente se trate si no de un denisovano (un homínido hallado en Denisova, Georgia y que presenta un aspecto más robusto que el Homo sapiens y unos molares gigantescos, pero cuyos restos óseos son sumamente escasos y mal preservados) o un derivado de éste pues lo cierto es que al desconocerse su cráneo bien pudiera ser el Homo longi un ejemplar de ellos y por tanto, el primer rostro conocido de esta especie.

De nuevo los análisis genéticos de Homo longi arrojaron sorpresas: aunque sí parece tener cierto parentesco con “nosotros” los sapiens, buena parte de su genoma es desconocido, lo que abre la puerta a considerar que en un determinado momento de la evolución no solo cohabitaron hasta cinco tipos de homínidos distintos, en el planeta, sino que pudieron existir muchos otros de los que no tenemos ni remota idea de su existencia.

Por otro lado, hay “sorpresas” como la ofrecida por el Homo floresiensis, una especie de homínido que, como en el ejemplo de los ponies, se vieron afectado por un tipo de conducta evolutiva que hace que las especies se adapten al medio en el que viven, de manera que si se trata de una isla pequeña, terminan adaptándose a ese micromundo y su tamaño se reduce.  Ocurrió, como digo, con los ponies en las islas escocesas y con el Homo floresiensis en la asiática isla de Flores, de forma que terminaron por existir seres humanos a pequeña escala, de un metro con veinte centímetros de altura máxima.


Por tanto, la evolución humana, lejos de ver una sucesión lineal de formas en el tiempo (ejemplo del diagrama A y C), nos está resultando ser algo más caótico (B, explicado en mi entrada sobre la cuestión, aquí), de modo que me la imagino como una serie de “nube de posibilidades” que ocurren con cada especie y que se favorece en una dirección u otras (representado por la flecha roja) según sus particulares circunstancias del medio, climáticas y del entorno, sucediéndose de un modo caótico y que desembocarán en líneas genéticas que se continuarán en el tiempo, si las descendencias se van viendo favorecidas, o terminarán por desaparecer, al desembocar en “caminos sin salida”, extintas (esquema D).

Como siempre digo, la Geología (y en este caso concreto, la paleontología y evolución humana) es realmente fascinante.

martes, 10 de agosto de 2021

Nuevo libro disponible

Aciertos y despropósitos en América.


      La llegada de los primeros europeos a tierras americanas ha estado siempre rodeada de polémica, avivada últimamente por documentales anglosajones que defienden variopintas teorías de arribadas de vikingos o caballeros templarios cargados de tesoros a sus costas, por señalar las más repetidas. La autora analiza y desmonta estas ensoñaciones y en el camino descubre diversos estudios de genetistas y epigrafistas de Harvard y otras prestigiosas universidades estadounidenses que, de ser tomados con la debida consideración, cambiarían el relato de la Historia del mal llamado Descubrimiento, a la vez que encajarían no pocas piezas sueltas del gran puzle.

      En la segunda parte se denuncian fenómenos extraños y proyectos a nivel planetario que tienen especial incidencia en el Cono Sur, que se interpretan desde puntos de vista ajenos a teorías conspirativas, si bien tendrían repercusiones sobre la intimidad y la salud de las personas. Termina el libro con un canto a la esperanza y la llamada a participar en el arduo proceso de frenado del maltrato al Medio Ambiente, aportando ejemplos sencillos y cercanos. Todavía es posible pero no queda mucho tiempo.


Fecha de publicación: 9 de agosto de 2021
Número de páginas: 413
Disponible aquí.

sábado, 17 de julio de 2021

El Origen del Hombre

        Es algo que ya hemos tratado en diversos momentos, a lo largo de este blog. Lo vimos en las siguientes entradas, al analizar la autoría de las pinturas rupestres más antiguas de la Península Ibérica (https://valeriaardante.blogspot.com/2014/08/los-enigmaticos-neanderthales-tan.html), lo que llevó al planteamiento de la relación entre los Homo sapiens y los neandertales, si fue de hostilidad o de convivencia (http://valeriaardante.blogspot.com/2014/05/cuando-convivieron-tres-especies-de-ser.html) encontrándonos con la sorpresa de que a lo largo de la historia de la evolución del ser humano han ido conviviendo distintas especies, no solo una en cada momento, como ingenuamente se creía hasta ahora (https://valeriaardante.blogspot.com/2015/04/los-primeros-humanos-y-la-evolucion.html), lo cual a su vez llevó a cuestionarse cuándo surgió por primera vez una especie que pudiera designarse como “humana” (http://valeriaardante.blogspot.com/2015/03/nuevos-datos-sobre-la-evolucion-humana.html).

        Hace una semana compré el número 482 de la revista Muy Interesante porque me interesó el asunto de las partículas Muon (una de las 17 partículas básicas de la Física) y del tema de la evolución humana que iban en la portada. Para ser francos, mientras que con el asunto de las partículas Muon, o bien el autor –Manuel Ruíz Rico- se perdió en los detalles, o bien no llegué a comprender la trascendencia del asunto, pero lo cierto es que tras leerlo me pregunté si todo el gasto de miles de millones que se llevan invertidos en el acelerador de partículas solo sirve para tratar de ver cómo oscila (cual peonza, tratando de ver la fuerza del giro que hace y hacia dónde) la micropartícula inestable que es el Muon y que es irrelevante en la formación de materia además de poseer un periodo de vida de dos millonésimas de segundo, ante un campo electromagnético; en lo relativo al artículo de la Evolución Humana -firmado por Roberto Sáez- tampoco quedé mucho mejor. Habla de los distintos tipos de Homo que ya he tratado en alguna ocasión, hace unos años (ver aquí), el Homo floresiensis y el Homo luzonensis de Filipinas, así como de los denisovanos. No obstante y a pesar de añadir en letras resaltadas en la portada, “últimos descubrimientos” sobre la especie humana, ignora el verdadero último descubrimiento efectuado a finales del mes pasado y que es la presencia de un nuevo tipo de “humano”, el “hombre dragón” de China, el Homo longi, que vivió hace 146 mil años en dicho país asiático y posee rasgos compartidos (rostro primitivo como los neandertales, pero la capacidad craneal del sapiens), considerándose más cerca de “nosotros” que de otras especies con características más primitivas.

Detalle de un cráneo de Homo longi, encontrado en la década de 1930 en una cueva de la provincia china de Heilongjiang y reconstrucción de su posible aspecto (Chuang Zhao).  

                Lo más sorprendente es que en dicho artículo se sigue sosteniendo que el ser humano llegaría a la Península Ibérica como última parada de su largo camino que lo hizo salir de África, para ir hacia Asia, girar en la zona balcánica y recorrer Europa hacia el oeste llegando finalmente a España y Portugal. En otras palabras, los últimos descubrimientos consisten en seguir manteniendo –contra toda evidencia arqueológica- que la Península Ibérica fue el último alto en el camino del ser humano.

          Así las cosas, me tomaré la licencia de desempolvar lo que en su día ya publiqué en mi obra Tartessos, 12.000 años de historia y actualicé en Tartessos y su prehistoria; se que fueron publicados respectivamente en marzo de 2014 y diciembre de 2018, así que pedir a un investigador que esté al día de las últimas teorías publicadas hace 7 y 3 años es algo exigente por mi parte, de forma que pasaré a resumir aquí lo que expuse en su día (siete años ya, cómo pasa el tiempo…) y que aún a día de hoy siguen sin encontrar una explicación satisfactoria dentro del marco que he mencionado donde se considera que la Península Ibérica fue el último territorio colonizado por seres humanos.

         Mencionamos en otras entradas de esta web que el ADN humano más antiguo hallado corresponde a un individuo de la Sima de los Huesos de Atapuerca (Burgos, España), que vivió hará unos 400.000 años antes de nuestra era y que para sorpresa de todos, su genética mostraba más proximidad con los denisovanos siberianos (Rusia) que con neandertales, por ejemplo (de los que también tenía cierta contribución). Todos los restos burgaleses se incluyeron, por su datación y relativa semejanza, dentro del taxón Homo heidelbergensis, que poseía entonces muy pocos elementos esqueletales. De esta manera se añadieron más de 7 mil huesos burgaleses, que hicieron necesaria una revisión de este homínido mal conocido, aparecido hacia el 600.000 años antes del cambio de era (y extinto hacia el 200.000 años a.n.e., antes de nuestra era) y que se creía que sería el primer homínido en poblar el centro de Euroasia.

El problema apareció cuando en Atapuerca se encontró, además de todos estos restos de un homínido presapiens (de ahí que se pensara en el Homo heidelbergensis hallado en una cueva alemana), los restos del Homo antecessor y de neandertales. Así pues, no solo había varias especies distintas de humanos dispersas por Europa, sino que el H. antecessor era anterior al H.heidelbergensis y por tanto fue el primer colonizador de Europa, como lo evidencias las huellas halladas en Inglaterra y atribuidas a este taxón, de lo que ya hablamos en otro momento en esta web.

        De esta manera y a la vista de los últimos hallazgos, el cuadro esquemático de la evolución humana queda de la siguiente manera:


Notar que en este esquema no se incluyen a los denisovanos porque sus restos son tan escasos que aún se conoce poco de sus aportes genéticos y relaciones de parentesco con otras especies humanas.

                El Homo habilis se llama así porque se creyó que fue el primero lo suficientemente hábil como para comenzar a alterar objetos de la naturaleza, generando las primeras herramientas, allá por el 2.300.000 años antes de hoy, si bien está restringido a África, como su coetáneo Homo rudolfensis (al que algunos autores consideran similar al H. habilis o bien levemente distinto, pero no lo suficiente para ser considerado un tipo diferente). Homo erectus sería el primer homínido en dejar la llamada “cuna de la humanidad”. La complicación apareció cuando los académicos consideraron que el H. erectus partió de África rumbo a Asia y Oriente Próximo, llegando a Europa occidental al final de su largo periplo, de manera que en Portugal y España se darían los ejemplares más tardíos, algo que pronto chocó con los vestigios paleoarqueológicos.

 Como se observa en el esquema, entre las especies más antiguas “de europeos” se encuentra el Homo erectus, que se cree que habitó en África y Asia desde hace 1.9 millones de años hasta hace 350.000-117.000 años, cuando fue sucedido, en Europa, por otras especies como el H. ergaster (presente desde hace 1.9 millones de años, hasta hace 1.4 millones de años). Debido a lo incompleto de los restos de esta especie, con frecuencia –y por convención- se emplea el término de H. erectus para referirse a los vestigios de África y Asia y H. ergaster para los restos europeos, siempre que no se recurra a los costosos análisis genéticos. Por tanto, siguiendo con este acuerdo, las especies filipinas (H. floresiensis y el Homo luzonensis) se estiman descendientes del Homo erectus, mientras que el Homo heidelbergensis derivaría del Homo ergaster.  



Reconstrucción del Homo heidelbergensis, respecto a restos encontrados en otros lugares (izquierda) y de los esqueletos de los individuos procedentes de Atapuerca (derecha).


Ahora bien, en términos evolutivos, sabemos que la aparición de una nueva especie depende de las mutaciones, así que cuántas más se den, antes surgirá una nueva especie. Y las mutaciones son “errores” en la codificación del ADN, que se duplica cada vez que se reproduce un individuo de la especie. Los homínidos no solían vivir mucho así que se reproducirían relativamente rápido, a los 15 años o tal vez antes (no como en la actualidad, que una mujer tiende a tener a su primer hijo siendo ya treintañera avanzada). Por tanto, creo que considerar que el Homo erectus permaneció como tal, sin generar una especie distinta, casi 900 mil años me parece algo verdaderamente asombroso. Más aún cuando si tomamos una persona normal actual y comparásemos su esqueleto con el de un hombre neolítico de algún yacimiento de la zona, casi con total seguridad encontraríamos al menos un rasgo esqueletal distinto, suficiente para crear una nueva especie (y eso que solo habrá entre ellos una diferencia de unos 4 mil años, imaginen con 900.000 años).

Así que lógicamente cuando se recurrió al análisis genético, todas estas suposiciones volaron por los aires puesto que hemos visto que la población de H.heidelbergensis instalada en la sierra de Atapuerca resultó estar más próxima genéticamente a la población asiática (los denisovanos de Rusia) que a la supuestamente europea (Homo ergaster).  









Comparación de los cráneos y su capacidad craneana de distintos homínidos.


No fueron las únicas sorpresas puesto que de acuerdo con la publicación científica publicada hace unos meses en la revista Nature Ecology and Evolution por un equipo de la Universidad de Adelaida (Australia), en la genética de los homínidos filipinos H. floresiensis y H. luzonensis no parece existir vestigio alguno de cruce o mestizaje con el H. erectus, especie considerada como ancestro de ambos taxones, por los académicos, pero no ocurre igual con los denisovanos, con quién sí parece que llegaron a cruzarse genéticamente.

Siguiendo con la “colonización” de Europa, en 2002 se daba a conocer una nueva especie de “humano europeo”, el Homo georgicus, que habitó Dmanisi (en la actual Georgia, en la confluencia entre Asia y Europa, cerca del Mar Negro, y parte de la URSS en su día) entre 1.8 y 1.6 millones de años. Dentro del acuerdo mencionado entre los académicos, dado que habitó entre Asia y Europa, se le consideró derivado del Homo erectus (que se había acordado que habitó Asia) con el Homo ergaster (considerado restringido a Europa) y, ¿adivinan qué? pues que parece que nuevamente se equivocan, dado que algunos investigadores que están reexaminando los restos, son más partidarios de considerar el H.georgicus como un sinónimo de H.ergaster, de forma que sus diferencias responderían más a factores de adaptación puntual o de dimorfismo sexual que por ser una especie distinta. Por cierto que aunque las especies filipinas (Homo floresiensis y el H. luzonensis) se consideren tan bajitas que han recibido el apelativo de Hobbits, lo cierto es que el H.georgicus (y por similitud, el H.ergaster) no alzaba más de metro y medio del suelo, y eso que no se encontraban aislados en una isla. Más bien pudo obedecer a un tipo de adaptación ya que los seres vivos de las zonas frías del planeta suelen ser pequeños y bajos como un mecanismo que evita la pérdida de calor corporal y al contrario.

Así las cosas, nos encontramos en la Europa de hace unos 1.6 millones de años, donde habita el bajito Homo ergaster (2-1 millón de años) que posiblemente dé paso al Homo erectus (1.8 m.a.-300.000 años, en Europa) y Homo antecessor (1.2 m.a.-500.000 años), que a su vez evolucionaria hacia el Homo heidelbergensis de 1.75 m en los machos y 1,57 m en las hembras (500.000-250.000 años) y el Homo sapiens neandertalensis (300.000-30.000 años). En algún momento aparecerá una especie posiblemente aún desconocida, que se mezclará con Homo heidelbergensis y neandertales para originar a los denisovanos (700.000 años-10.000?) y al Homo sapiens (350.000-actualidad).

Pues bien, como señalo en mis libros Tartessos, 12.000 años de historia (2014) y Tartessos y su prehistoria (2018), existen en España unos yacimientos incómodos que pueden crear nuevos problemas a las ideas evolutivas expuestas. Y es que aunque se supone que los homínidos llegaron a la Península Ibérica por los Pirineos, tras cruzar todo el continente europeo de este a oeste, lo cierto es que en de acuerdo con arqueólogos como Muñoz y Díez o Vi­dal-Naquet, las evidencias más tempranas de actividad hu­mana en la Península tienen una antigüedad de 1,5 millones de años aproximadamente, correspondiendo con la dispersión del Homo ergaster y Homo erectus por distintos lugares de Euro­pa, atribuyéndosele los útiles más antiguos del continente, y proceden del sur de España.

Según la datación y evidencias, al H. erectus corresponden tanto los restos humanos hallados en Venta Micena (Orce, Granada) de 1,3–1,2 millones de años antes de nuestra era, según Muñoz y Díez y entre 1,4–2,3 millones de años para Vidal-Naquet (1987). En Gibraltar existen restos óseos de cerca del millón de años antes de nuestra era, igual edad que la estimada para un diente aislado del nivel 9 de la Sima del Elefante de Atapuerca. En el 800.000 a.C. se datan los restos del Homo antecessor de Atapuerca en Burgos y, en el 300.000 a.C., los restos de treinta y dos individuos de Homo heidelbergen­sis magníficamente conservados, procedentes de La Sima de los Huesos de Atapuerca, tal y como detalla uno de los directores de la excavación, José Luis Arsuaga, en su página web.

Izquierda, resto craneal (1.6-1.3 m.a.) del “Hombre de Orce” encontrado por el antropólogo Josep Gibert y que le supuso la caída en desgracia por la comunidad española, al sostener que se trataba de un resto de homínido, a pesar de que investigadores belgas basados en análisis genéticos le dieran la razón (al presentar un tipo de proteína exclusiva de los humanos). Eso sí, tras su defunción, ahora los españoles le reconocen el hallazgo. Derecha, diente infantil encontrado por investigadores de Atapuerca, en Orce.


Respecto a las dataciones de materiales líticos y animales más antiguos ha­llados en la Península Ibérica cazados y desmembrados, tenemos los 1,5 millones de años a.n.e. para la industria lítica y restos de animales del yacimiento soriano de Torralba del Moral y Ambro­na, así como los 1,2 millones de años para un utensilio lítico ha­llado en Atapuerca y los cerca del millón de años antes de nuestra era para los artefactos de Aculadero, en el Puerto de Santa María de Cádiz (Querol y Santonja, 1983); también se datan 750.000 a.C. los artefactos de El Rompido (Huelva) y los procedentes de cerca de Lisboa (yacimientos de Magoito y Açafora). Por lo tanto, encuentro absurdo que se siga sosteniendo que los homínidos llegarán tardíamente a la Península Ibérica, cuando se han desenterrado evidencias de sus andanzas por tierras andaluzas ya hacia el millón y medio de años antes del cambio de era, fechas que corresponderían al periodo de “vida” de Homo ergaster (2-1 millón de años) y Homo erectus (1.8 m.a.-300.000 años, en Europa), siendo anteriores a la aparición de otros homínidos como el Homo antecessor, los denisovanos, los neandertales y Homo heidelbergensis (500.000-250.000 años), entre otros. Por tanto, la pregunta no puede postergarse, ¿estamos ante una de las presencias más antiguas de Homo ergaster en Europa o bien son restos correspondientes a esa especie de homínido aún no descubierta y cuyo cruce con otras especies darían lugar a los denisovanos? Es sin duda una cuestión apasionante que deberían investigar los paleoantropólogos, en lugar de ignorar estos restos, confiando en que así se evaporen como por arte de magia. Y de nuevo encontramos que mientras otros países compiten por lucir los patrimonios más inusuales y maravillosos, los españoles se ufanan por esconder bajo la alfombra (cuando no urbanizan el yacimiento) todo aquello que no se ajusta a las ideas preconcebidas. No aprendemos.

martes, 9 de marzo de 2021

Cuando Dios era mujer

              He querido hacer esta entrada para tratar de hacer un rápido análisis histórico de la cuestión de la mujer en la sociedad. Resulta sumamente esclarecedor y muy del gusto de Freud porque, ¿sabía el lector que en el principio de todas las sociedades culturales, dios era mujer?.

                Es algo lógico, si lo consideramos. El ser humano se encontraba desprotegido, era una especie en desigualdad de condiciones  -carecía de pelo protector contra el clima, no tenía grandes colmillos, ni afiladas garras-, en un mundo extraño con explosiones en los oscuros cielos que se iluminaban durante tales rugidos (tormentas) y capaces de matar a alguien o de incendiar el entorno (rayos), con una vida que pendía de un hilo y que una mala decisión o un aparente descuido podía suponer la muerte (caídas, toparse con un depredador, una herida mal sanada o simplemente morir en el parto) pero que a la vez ofrecía a veces una cara bondadosa (las fuertes lluvias dejaban charcos de agua potable, frutos que comer, cuevas acogedoras en las que guarecerse, fuego con el que cocinar…) así que no tardó en desarrollarse ese culto a una Madre Tierra a veces bondadosa y protectora y otras veces injusta e iracunda. Se vio que la mujer, al estar más rellenita tenía menos problemas para morir en el parto y para dar de mamar a los hijos, así que esa deidad se personificaría en una mujer de curvas generosas.



                Es entonces cuando, por motivos religiosos, las distintas tribus comienzan a reunirse en determinados lugares sagrados para adorar a esta divinidad creadora y pedirle sus favores y clemencia; aparecían los primeros santuarios en enclaves mágicos, generalmente en lugares fértiles, con manantiales cercanos: se genera Göbekli Tepe (Turquía, hace 11.000 años) y los primeros megalitos españoles (8.000-5.000 a.C.). Y se produce algo asombroso: la religión crea la sociedad humana (las tribus dispersas se reúnen para adorar a sus dioses en ciertas fechas).



Vista aérea de Göbekli Tepe (izda), monolito con toro en relieve en Göbekli Tepe (centro) y dolmen de Alberite, en la sierra de Cádiz (dcha).

                Pero el ser humano dejó de ser nómada y comenzó a desarrollar sus dotes de observación de los ciclos naturales, de manera que aprendió poco a poco a domesticar a las plantas (agricultura) y a la fauna (ganadería), construyéndose las primeras ciudades. Surge Çatalhöyük (Turquía, 6.000-5.500 a.C.) y las primeras poblaciones neolíticas peninsulares (ver mi libro Tartessos y su prehistoria) que se extenderán por todo el Mediterráneo, llegando a Malta.

      Las deidades principales continúan siendo femeninas, de generosas caderas y amplios pechos, pero comienza a asociarse su poder con animales que generan un enorme respeto, bien sean leones (como en la diosa turca de Çatalhöyük) o toros (como en la cuenca mediterránea), iniciándose el rito del Rey Sagrado (remito al interesado a mi entrada sobre esta creencia, aquí), valorándose al hombre por su potencial fertilizador (es el caso del idolillo fálico de la malagueña Almargen, en la imagen anterior, o de la cantidad de piedras fálicas tan habituales en Asia, frente al famoso Lingam hindú que por mucho que digan que es fálico, personalmente lo veo como una evidente representación del clítoris de la Diosa Madre (nótese que se representa siempre en el centro de una especie de plato o círculo abierto por un lado).



                Y llegamos al desarrollo de las civilizaciones. En Egipto veremos que es una diosa la que pone paz y orden en las continuas grescas de los dioses hermanos Osiris y Set. Esta diosa, Isis, será precisamente de piel negra y, en su faceta de protectora madre con su hijo Horus, dará pie a las famosas representaciones de la Virgen con el Niño, sedentes, que en la España medieval generará las enigmáticas vírgenes negras, como por ejemplo la llamada “Virgen de la Leche” de Miravalles, en Asturias (s. XI).



Izda: Isis amamantando al niño Horus (Museo Arqueológico del Cairo). Centro: Virgen de la Antigua (s. XIII, catedral de Jaén). Dcha: Virgen de Inodejo (Las Fraguas, Soria, s. XI).

                En lugares tan alejados como Hawai, considerada habitada por navegantes de Polinesia, la deidad más poderosa, creadora del mundo y controladora del extraordinario poder del volcán Kilauea es femenina y se llama Pelé. Los temblores y tsunamis (olas gigantes) generadas por los terremotos los genera cuando mueve caprichosamente sus caderas, bailando. Una creencia muy parecida se da en Japón.



En la India, al comienzo de los tiempos todos los dioses (masculinos) tendrán que luchar contra un ejército de diablos e, incapaces de vencer, en una medida extraordinaria decidirán unir todos sus poderes apareciendo así una diosa, Durga (todos sus brazos son por cada uno de sus poderes) que logrará derrotar a todos los demonios. Será la creadora de todo cuánto existe y será tan protectora como destructora. Así, Durga regirá la vida de todo cuánto existe, desde sus comienzos (nacimiento), hasta su desaparición (muerte).  Y cómo no, a ella se le sacrifican toros en unos ritos que llegarán a Occidente de manos de los legionarios romanos que transmitirán su culto bajo el nombre de Mitra (asociado a cuevas, con manantiales que nacen de ellas, a modo de menstruación de la Madre Tierra y que mal comprendido, se creerá un rito patriarcal cuando en verdad se representa al sacerdote de la Diosa sacrificando a un toro en honor de ella). Para el lector interesado en este rito, le remito a esta entrada



                 De la faceta más iracunda y destructora saldrá, de la frente de Durga, la terrible diosa Kali puesto que para todo renacer es necesaria una destrucción previa. Se la suele representar totalmente negra, con cuatro brazos armados y con un collar de cabezas cortadas (masculinas), fuera de sí, provocativa (la lengua fuera) y en ocasiones, bailando. Esta poderosa deidad se transmitirá a la Grecia clásica (y posteriormente a la Roma Imperial) bajo la representación de la diosa Némesis. De nuevo mal entendida, se considera a Némesis como diosa de la venganza, representándola con los ojos tapados o cargada de flechas, cuando en realidad esta deidad se encarga del fluir del mundo. No se rige por la venganza (que es un sentimiento subjetivo humano), más bien por la búsqueda del equilibrio de las fuerzas naturales siéndole del todo indiferente los seres vivos que se encuentren en el lugar equivocado en un momento inoportuno.

El santuario más sacro de la Diosa Durga posee una cueva de la que nace un arroyo (cuando el devoto entra a tocar las aguas, el sacerdote de Durga le mancha la frente con polvo rojo, sumamente simbólico). Esta diosa suele representarse de piel amarilla o blanca, con diez brazos y montando un león. En su honor se sacrificarán toros y bueyes y curiosamente el mayor santuario ceremonial a esta deidad en el Imperio Romano se encontraba ¿adivinan dónde? Pues en la explanada donde se alza San Pedro del Vaticano. De hecho, hay varios manuscritos que mencionan los restos de este santuario mitraico en los subterráneos de la mayor catedral cristiana del mundo.

Y ahora es cuando ocurre el giro freudiano ya que en el momento en que las civilizaciones están lo suficientemente consolidadas como para poder prescindir de la necesidad de asegurar la protección maternal que garantice la supervivencia del individuo y de los recién nacidos, ganará peso esa faceta caprichosa y destructora de la diosa y es entonces cuando se impone el patriarcado. Llegará de la mano de las religiones monoteístas del Libro: el Islam, el Cristianismo y el Judaísmo. La mujer pasará a quedar relegada tras el marido que la explota, la utiliza y la abandona a su capricho. Entonces, para evitar que la mujer recupere ese lugar divino que poseía, pasará a ser condenada y perseguida: María Magdalena será tildada de prostituta arrepentida y las sacerdotisas matriarcales pasarán a tacharse de brujas, dándose una de los mayores derramamientos de sangre de la historia (especialmente en países como Alemania o Inglaterra).

En esos momentos, los partidarios de estas creencias milenarias (especialmente amparados por el Temple y su simbolismo, ver aquí) pasarán a seguir ritos de apariciones marianas en lugares que eran santuarios matriarcales milenarios con cuevas y arroyos (lo vemos en Fátima, en Covadonga, en San Saturio de Soria, en San Pascual Bailón de Alicante,…) con tradición de vírgenes negras que serán o bien reemplazadas por otras de piel blanca y cabellos dorados, o bien serán tapadas hasta el cuello o incluso blanqueadas a conveniencia.



Izda: la cueva santa de Fátima (Portugal). Centro: la virgen extremeña de Guadalupe (España). Dcha: la Virgen del Rosario de Granada, también llamada la Virgen de Lepanto debido a que el invicto almirante español D. Álvaro de Bazán la llevó en su buque “La Loba” en dicha batalla que evitó el avance de los turcos hacia Occidente.

lunes, 1 de febrero de 2021

La piramide mas antigua de America, hasta el momento

              Una de las entradas de mi blog que mayor acogida tuvo en su momento estaba centrada en la cantidad de pirámides que se han hallado por todo el mundo (ver aquí). Es una muestra evidente de la atracción que este tipo de construcción sigue ejerciendo en el subconsciente de todos nosotros.

                Y en ese absurdo afán competitivo que parece haberse instalado en nuestros días, los arqueólogos y académicos han luchado por demostrar cuál parece haber sido la primera pirámide en construirse nunca antes, sin reparar en el gran parecido que estas construcciones guardan con un montículo artificial, en un tiempo en el que se buscada al rey de los dioses morando en la mayor montaña de la región (de igual manera que el megalitismo pasó a ser una cueva artificial, en una época en que la diosa de la fertilidad y de la Tierra se supone que habitaba en las cavernas con manantiales en su interior). Pero en fin, en este afán competitivo, como digo, se abría paso la mención a un yacimiento ubicado en Sudamérica y que parece contener la pirámide más antigua conocida hasta el momento, en dicho continente. La pregunta del millón, ¿dónde, en qué país, se esperaría el lector que se encuentra dicho monumento? Ya sabemos, por descarte, que no es México. Tampoco Guatemala ni ningún estado norteamericano. ¿Dónde estará? Pues bien, la respuesta es en una zona costera de Perú, relativamente cerca de Lima, la capital. El yacimiento en cuestión se llama Caral y consta, por lo desenterrado hasta el momento, de unas cinco estructural piramidales, siendo la mayor de ellas una pirámide aún semienterrada y cuya base cubre una extensión de un área equivalente a cinco campos de fútbol. Se estima que en pleno uso debió alcanzar los 30 metros de altura y como los edificios piramidales mexicanos y canarios, se disponía en varias plataformas escalonadas.



                El yacimiento ya se conocía hace bastante tiempo y los arqueólogos se animaron a excavar en él hace ya dos decenios; hasta hoy, aún no se ha encontrado un solo fragmento de cerámica, algo que ha desconcertado bastante a los estudiosos debido a que prácticamente todas las culturas conocidas comenzaron trabajando las materias vegetales, para pasar más tarde al empleo de barro secado al sol y poco después al barro cocido, para almacenar sus alimentos y contener sus bebidas. Sin embargo en Caral la cerámica está totalmente ausente, así que ¿cómo bebían y cocinaban los alimentos sus moradores?. Es extraño.

                El conjunto arqueológico de Caral ha pasado a engrosar el Patrimonio de la Humanidad, de la UNESCO, en 2009 y además de ser considerada la ciudad más antigua de América, posee unas peculiaridades distintivas, como el hecho de no parecer haber conocido los utensilios de cerámica, si bien sí se han encontrado ciertos idolillos policromados hechos con barro no cocido (ver la noticia aquí).



                El edificio que más acapara la atención, como es de suponer, es la estructura piramidal de mayor tamaño, que parece estar unido a una plaza circular amurallada. Se le conoce como “Pirámide Mayor”. Todo el conjunto descansa sobre un apilamiento o aterrazado de grandes piedras sujetas por redes vegetales llamadas “sicras” que se amontonan contra los muros de contención internos para reforzar las estructura de la base de gravas y que además le confiere la propiedad al edificio de ser sismo-resistente.  Al estar realizadas estas redes con fibras vegetales, son susceptibles a la datación por la técnica del carbono 14, arrojando una edad para su construcción de hacia el 3.000-2.500 a.C., haciéndola contemporánea de las construcciones de las tres famosas pirámides egipcias de El Cairo, así como del célebre círculo de piedras de Stonehenge, en Inglaterra, que no así las numerosas construcciones megalíticas españolas de entre el 6.000-1.500 a.C. que analizo en mi trabajo “Tartessos y su prehistoria”. Estudios posteriores revelarían que el resto de estructuras piramidales de Caral son posteriores a ésta, de manera que la civilización de Caral debió florecer entre el 3.000 a.C. y el 1.800 a.C. y desbancando por tanto a la cultura Olmeca (aprox. 3.000-400 a.C.) mexicana como la civilización más antigua de América, debido a que los orígenes de la cultura mesoamericana citada están aún poco claros.



                Como puede observarse en la imagen anterior, ante esta enorme pirámide construida con muros de piedra y mortero, dispuesta en plataformas y que alcanzaba alrededor de 30 metros de altura se localizaba un anillo de muros blanqueados, de hasta 3 metros de altura hechos con piedras, con escaleras franqueadas por monolitos verticales. Debió ser el lugar destinado para reuniones de los gobernantes.

                En un intento por lavar la cara y reputación de las civilizaciones que encontraron los españoles cuando arribaron en América a partir del siglo XV, tan avanzadas como violentas, son varios los que resaltan otra característica de la civilización de Caral: la ausencia de armas entre sus restos, de manera que debió ser una cultura pacífica. Que se me permita disentir de esta interpretación. Me baso en los hechos. Estábamos hablando de esta colosal estructura piramidal, la mayor del recinto arqueológico y, según los datos, la más antigua del conjunto. Pues bien, en el corazón de esta gran pirámide se halló un cuerpo enterrado, en la parte superior de la estructura, ubicado en una sala ceremonial, oculto desde hacía unos 4.000 años. Un cuidadoso análisis de los restos nos permitirá deducir que rondaba los 20-30 años en el momento de su muerte, por su dentición. Su columna revela que debió trabajar transportando grandes pesos sobre su espalda (pues su esqueleto se vio obligado a desarrollar hueso extra para fortalecer sus vértebras) mientras que sus pies evidencian haber padecido osteoartritis (como muchos atletas hoy día). Pero sus huesos también nos hablan de una serie de heridas sufridas poco antes de la muerte y que llevan a conjeturar a los forenses que seguramente este hombre fue atado con las manos a la espalda y arrojado al interior de la pirámide para ser cubierto por grandes piedras poco después, aún vivo, que le causaron grandes heridas y aplastamientos por todo su cuerpo, siendo finalmente asesinado de un brutal golpe en la cabeza (es decir, deduzco que fue lapidado). Sin duda debió ser sacrificado a los dioses para que actuara como guardián protector de la pirámide, posiblemente tras haber colaborado en su construcción. No es una idea que case mucho en mi cabeza con la de un pueblo pacífico, la verdad… Por si no fuera suficiente, se cree que Caral estaba relacionada con otro poblado cercano, costero, conocido como El Áspero, donde se han hallado restos también de sacrificios humanos correspondientes a dos niños pequeños y un tercero recién nacido. De esta zona procede también el enterramiento de una mujer aristocrática que presenta su cráneo deformado, con el rostro chato y alto y la cabeza en pendiente hacia atrás, que debió realizarse cuando era aún bebé de meses, y como señal de estatus. Todo ello hace suponer que Caral tenía ya una sociedad jerarquizada en distintas clases sociales, con la élite empleando la religión para legitimizar su poder, y de ahí las cinco construcciones piramidales.

                Muy seguramente los grandes festejos se realizarían en el conocido como “Templo del Anfiteatro”, donde se han hallado los restos de numerosos fogones –seguramente ceremoniales- así como hasta 32 flautas, seguramente con igual carácter sacro, reservados a las ceremonias a sus dioses.



Recreaciones del aspecto que debieron presentar en su día la Pirámide Mayor (izquierda) y el Templo Anfiteatro (derecha), realizadas por Lizardo Tavera.

                Aunque hoy día el complejo arqueológico se encuentre en una de las zonas más áridas de Perú, en su tiempo debió poseer gran cantidad de cultivos ya que se han hallado restos de canales realizados a partir del curso del río Supe que por allí discurre. El inconveniente es que, al menos hoy, este río solo lleva agua cinco meses al año (entre diciembre y abril) de manera que o bien entonces la zona era más húmeda, o bien los habitantes de Caral supieron aprovechar los manantiales de aguas subterráneas de cerros cercanos pues lo cierto es que a tenor de las evidencias se sospecha que en su día la ciudad pudo albergar hasta 3000 personas (por la capacidad de sus edificios públicos). Por el cribado del suelo se sabe que cultivaron algunos cereales, achiras, ají (guindilla, en España), guayabas, pacae (leguminosa), … si bien lo más abundante han sido las semillas de algodón. Así pues, el cultivo más extenso de los alrededores de Caral era una planta que no se comía, el algodón, otro dato que desconcierta.



            De acuerdo con las interpretaciones de los arqueólogos, la ciudad se especializó en un producto sumamente valioso para poblaciones vecinas: el algodón con el que confeccionaban sus redes de pesca. De esta manera, se convirtió en un gran centro comercial y religioso, donde el producto de esta planta se intercambiaba por alimento de la costa. De esta forma se explican los restos de aparejos de pesca hechos con algodón encontrados en el interior de las pirámides (con una antigüedad de 3000-1800 a.C., época del esplendor de la ciudad)  y de una posible canoa, en la pirámide de la Galería, como posible ofrenda. En la sala de ceremonias que se ubica por encima, coronando dicho edificio piramidal se encontró asimismo un tronco clavado en vertical, alrededor del cual se disponían distintas vértebras de una ballena azul. Y eso que Caral se encontraba a unos 16 kilómetros tierra adentro, con respecto a la línea de costa.

                Pero el clima se fue agudizando poco a poco, siendo cada vez más árido. Los fenómenos de lluvias torrenciales de tipo El Niño que se iban repitiendo cada cierto tiempo comenzaron a afectar a la costa y también a los cultivos, arrasándolos y derramando gran cantidad de arena y barros al mar de manera que comenzaron a llegar las hambrunas, a la vez que los grandes peces eran cada vez más escasos. Estas lluvias torrenciales fueron destrozando canales de riego y llanuras de cultivo, que cada vez costaba más adecentar y acondicionar para el cultivo del preciado algodón, así que la economía terminó por venirse abajo y la otrora próspera ciudad comercial de Caral fue transformándose en una cada vez más decadente urbe, con problemas de abastecimiento de agua y comida. Tampoco ayudó que ocurrieran diversos terremotos de distinta magnitud que fueron afectando a las construcciones y que si bien en principio eran reconstruidos, finalmente se fueron descuidando.

                Con todo, me parece que el valor de este yacimiento se ha sobredimensionado, ya que no faltan artículos y documentales que lo describen como un lugar único en su tipo, con una civilización que mostró que para lograr un progreso considerable no fue necesario inventar la cerámica ni las armas. Con respecto al carácter pacífico de este pueblo, ya he dado mi opinión basada en los tres sacrificios humanos citados en la bibliografía; sobre el carácter tan divino que se le pretende dar a esta cultura, permítame el lector que le otorgue ese valor a otro yacimiento para mí mucho más fascinante: el increíble complejo arqueológico de Göbleki Tepe, en Turquía, realizado entre el 9600 y el 8200 a.C., y hasta donde yo se, donde tampoco se han encontrado vestigios ni de alfarería ni de armas.



 

Así las cosas, cierto es que Caral tiene el valor de ser –por el momento- la cultura más antigua de América Latina, pero de ahí a otorgarle medallas que sin duda corresponden a otras culturas, creo que va un trecho. Es un ejemplo más de ese absurdo afán competitivo donde para hacer brillar a un elemento, otro debe apagarse.

 Para más información sobre el yacimiento, picar aquí, aquí y aquí, entre otras fuentes.