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domingo, 28 de julio de 2024

NUEVO LIBRO El misterio de los fuegos de Laroya, resuelto


 
La combustión espontánea ha sido una cuestión que ha suscitado los más encendidos debates pues a lo largo de la historia se han sucedido hechos que parecen contradecir toda lógica y leyes físicas.

            ¿Puede un cuerpo humano comenzar a arder de pronto, sin afectar a otros muebles de la estancia en que se encontraba esa persona tan extrañamente fallecida?, ¿es posible que un abrigo colgado en un perchero, o unos fardos de húmeda hierba, o una niña que trataba de dormir en su cama comiencen a arder sin una causa aparente? Esto es precisamente lo que sucedió en el pueblo almeriense de Laroya, en la España de la postguerra, aunque no fue el único caso pues sucedió otra ola de misteriosos incendios en un pueblo italiano y allí, como en España, dejaron de ocurrir tan espontáneamente como empezaron.

            También, como en España, aunque acudieron científicos de distintas especialidades a analizar los hechos, no supieron dar una explicación satisfactoria a lo sucedido.

            Hoy, casi 80 años después de la oleada de incendios repentinos que estremeció a Laroya, por fin se ofrece una explicación convincente de los sucesos, de las variables que intervinieron y se resuelven las preguntas más repetidas sobre el asunto, a la vez que se analizan distintos fenómenos relacionados con este tipo de combustiones espontáneas aún no bien entendidas y que sin embargo se han ido manifestando a lo largo de la historia, en distintas partes del mundo.

Fecha de publicación: 27/07/2024                 Edad de lectores aconsejada: desde 14 años.

Número de páginas: 239                                 Idioma: español

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lunes, 27 de mayo de 2024

2024, un año de sorpresas astronómicas

Cada año que pasa tengo más la sensación de vivir en un mundo progresivamente más materialista que nunca, con centros comerciales con marcas internacionales (las mismas de todas las ciudades) por todas partes, que lanzan sus campañas publicitarias cada vez más agresivas (por ejemplo, en agosto a “la vuelta del cole” le sucede la campaña de Halloween y tras ésta ya la de Navidades, aunque falte aún mes y medio largo para el 24 de diciembre) y que a su vez parece volver al personal cada vez más necesitado de participar en todas las fiestas (se están alcanzando récord de ocupaciones hoteleras y de casas rurales con cifras no vistas en los 4 años anteriores), el turismo descontrolado masifica todas las ciudades conllevando la incomodidad a sus vecinos que ven asombrados colas de tráfico, de la compra, encarecimiento del alquiler de pisos, encarecimiento de los productos de consumo, falta de plazas de aparcamiento, etc.

 Es como si acabásemos de descubrir el planeta y quisiéramos aprovecharlo al máximo, de la manera más egoísta sacando todo lo que pueda dar de sí y allá el que venga detrás (no es la primera vez que me ha pasado este año de ir a comprar un producto y la persona que está allí me mira, incluso saluda y se lleva todas las existencias, 3 o 4 paquetes) o de ver a la gente tirando ya no papeles o envoltorios de plástico al suelo sin ninguna consideración aunque pudieran llevarlos consigo y depositarlos en una papelera o contenedor de basura, sino arrojar litronas, paquetes de galletas vacíos o incluso abandonar bolsas enteras con basura. ¿Es que no saben que eso va a quedarse allí de por vida?, ¿qué les justifica actuar de esa manera tan reprochable y destructiva?

 Hay más droga, alcohol, prostitución, agresividad y abusos sexuales que nunca, nuestra “raza” se está degradando a pasos agigantados (baste ver un noticiario)… y por el contrario nuestro planeta parece atravesar un año astronómico digno de tener muy en cuenta, como si nos dijera: “eh, vosotros, dejad de comportaros de manera tan mezquina y mirad a vuestro alrededor, deleitaros con los espectáculos que os muestra la naturaleza, que no son pocos y que algunos siglos atrás supisteis admirar”.

 Porque aunque la vorágine competitiva, materialista y absurda que nos invade prosigue, paralelamente va sucediendo una serie de cosas que son casi únicas a escala temporal del ser humano, para que vuelvan a repetirse todas a la vez en un mismo año. Seamos conscientes de ellas y disfrutémoslas.

 El 8 de abril de 2024 sucedía un eclipse total que apenas supuso una breve referencia en los noticiarios o medios informativos, pero que dejó imágenes fascinantes.

             Un eclipse total ocurre gracias a una serie de proporciones ocurridas que son en ellas mismas maravillosas y es que el tamaño del Sol y de nuestro satélite, la Luna, es tal que –sumado a la distancia concreta que hay entre nosotros y el astro rey, y entre la Luna, nosotros y el astro rey- en determinados momentos de la trayectoria que nuestro planeta realiza alrededor del Sol (con la Luna girando alrededor de la Tierra), se produce un momento concreto en el que la Luna se coloca delante del Sol y en dirección a él. Es entonces cuando entra en juego la distancia existente entre los tres elementos citados, Tierra, Luna y Sol; de manera que la Luna llega a presentar el mismo tamaño, en perspectiva, que el Sol y de ahí que lo tape por completo.

            Es como cuando estamos en un cine, concierto o clase y se levanta la persona sentada delante de nosotros, que por estar más cerca de nosotros nos impide ver objetos detrás de ella tal vez más grandes pero que con la distancia resultan más pequeños en tamaño.

         Y hay una muy buena noticia que compartir al respecto y es que en 2026 podrá verse desde España un nuevo eclipse de sol completo. Por si ello no bastase, también podrá verse otro el año siguiente, 2027, y de nuevo otro más en 2028, este último ya parcial. Por ello, son ya varios los hoteles que comienzan a colgar los carteles de “completo” para esas fechas tan señaladas y dignas de tener en cuenta, por gentes de todo el mundo que desean contemplar tan extraordinario evento. A continuación se muestran las zonas donde podrá disfrutarse de tal soberbio espectáculo celeste.


             Por otro lado, cada cierto tiempo se observan en algunas partes del planeta extraños bólidos o luces en los cielos que confunden a la población y que no saben si considerar que se trata de un arma (misil) enviada por algún país, es un meteorito o incluso algo extraterrestre.

         Hay personas que se cuestionan si estamos ante un ataque extraterrestre ocultado por los gobiernos debido a que este tipo de fenómenos lumínicos en nuestros cielos parecen ir en aumento. La triste noticia es que esto es cierto pero la razón responde de nuevo a la costumbre destructiva del ser humano de contaminar todo a su paso, e igual sucede con el universo más cercano a nosotros, que lo hemos convertido en un auténtico vertedero espacial, lleno de fragmentos de cohetes, sondas, satélites y demás. De hecho, hay tanta basura espacial orbitándonos que comienza a suponer un costo millonario a las diversas agencias que cuentan con satélites “allá arriba”, a consecuencia de los impactos que causan estos trozos de desperdicios con sus aparatos, al colisionar.


             Sin embargo, al margen de estas basuras arrojadas al espacio y que cada cierto tiempo son atraídas por la gravedad del planeta, entrando en nuestra atmósfera a gran velocidad y desintegrándose a consecuencia de la fricción con las partículas de nuestra atmósfera y de las altísimas temperaturas que ello supone; es cierto que por la órbita seguida por nuestro planeta alrededor del Sol, se atraviesa de tiempo en tiempo, partes del universo donde se concentran rocas espaciales (meteoros, fragmentos de planetas al impactarles meteoros, restos de cometas, etc) y entonces nuestra gravedad atrae a los más próximos ocurriendo una llamada “lluvia de estrellas” (fugaces). Pues bien, este año es posible observar estos fenómenos (siempre en lugares a resguardo de las luces de ciudades, polígonos industriales y demás), las siguientes fechas concretas:

             Por si todo ello no fuese poco, este mes de mayo ha sido toda una revolución al observarse auroras boreales en distintas localidades españolas. Esto es algo inusual puesto que por lo general suelen verse estos fenómenos cerca de los polos de nuestro planeta, pero no en latitudes tan cercanas al ecuador (o punto medio de la Tierra) como las españolas. Conviene recordar que las auroras boreales suceden cuando el Sol desprende una de sus eyecciones o llamaradas solares, con partículas cargadas eléctricamente y al estar la Tierra en su trayectoria éstas inciden en la ionosfera y magnetosfera (capas exteriores de nuestra atmósfera, cargadas eléctricamente como consecuencia de nuestro campo electromagnético terrestre, haciéndolas visibles al desprender cargas –electrones- en forma de luz, al interactuar con la atmósfera terrestre).

            Igual de extraño que se observen en los cielos españoles es que podrán seguir viéndose en los próximos meses, lo cual nos lleva a pensar en las complicaciones electrónicas que podrán ocurrir si dichas eyecciones solares afectan a los satélites de telecomunicaciones terrestres.

            Pues bien, como estamos en aumento de espectacularidad celeste, la guinda del pastel llegará de la mano de los planetas que conforman nuestra galaxia, el Sistema Solar, y que nos deleitarán con un espectáculo inusual los próximos días. Efectivamente, EL 3 DE JUNIO DE 2024 ocurrirá esta maravilla astronómica que no podemos perdernos. Pero es que es posible que muchos desconozcan que el 20 del pasado mes de abril de este año ya ocurrió una alineación entre nuestros planetas vecinos, que pasó sin apenas mención alguna por los noticiarios. En palabras del periodista Javier Frade que habló con entusiasmo del fenómeno que estaba presto a suceder, en el periódico El Independiente (19/04/2024): «La alineación planetaria del 20 de abril de 2024 será visible en el horizonte oriental justo antes del amanecer. Los planetas se alinearán en una coreografía celestial, comenzando con Saturno, que será el primero en aparecer, seguido de Marte con su característico tono rojizo.

Neptuno, un planeta más esquivo, requerirá prismáticos de alta potencia para ser avistado debido a su baja magnitud. Finalmente, Mercurio y Venus, los planetas más brillantes de la alineación, completarán la formación en el horizonte oriental al amanecer.»

     ¿No es algo fabuloso? Pues atentos todos al próximo 3 de junio para volver a disfrutar con tan majestuoso espectáculo.


miércoles, 3 de abril de 2024

La primera nave extraterrestre documentada… o no

         Extraños tiempos los que nos ha tocado vivir; curiosamente en nombre del avance de las civilizaciones se están produciendo los mayores retrocesos de la historia hasta situarnos en épocas del Medievo.

         No, no exagero. Cierto es que en la Edad Media el analfabetismo estaba sumamente extendido y hoy, en cambio, cualquier pueblo medianamente grande cuenta con su colegio universitario y alguna facultad. Sin embargo el conocimiento no ha avanzado, más bien al contrario. Si no me creen paren a cualquier joven con el que se crucen y pregúntenle qué sabe de Durero, o de Miguel Hernández, si pudiera decirles un par de obras de Miguel Ángel, o el número de comunidades autónomas que hay en España,… incluso cómo se llama el rey actual.

         Se nos dice que la Edad Media fue una época oscura en la que brillaba la incultura, la superstición y creencias paganas absurdas; mientras que si se toma un periódico nos asaltarán anuncios de lectores del tarot, adivinos, chamanes, o se sostienen ideas como que la Tierra es plana o es hueca por los polos con todo un paraíso terrenal en su interior, o peor aún, comienzan a ser numerosas las “costumbres” como extirpaciones de clítoris en diversos países europeos para evitar que la mujer disfrute durante las relaciones sexuales o a verse mujeres tapadas totalmente junto a hombres guapetones arreglados a la moda (con el consiguiente riesgo que conlleva, encontrándonos en niveles de 4 sobre 5 de riesgo por ataque terrorista en nuestro país).

 

         Si ponemos la televisión la cosa no mejora, pues nos inundan programas donde el máximo aliciente es ver si unas parejas son infieles con mujeres u hombres ligeros de ropa cuyo atractivo reside en el cuerpo y en las burradas que dice, culebrones de amores rotos o imposibles (si no son series basadas en crímenes a cada cual más violento), películas que mezclan salvajadas en coches a todo gas con chicas jóvenes enseñando sus encantos y que los descerebrados de turno se empeñan en imitar en la vida real disparando la tasa de multas al volante y muertes en carretera, y mucho deporte que amanse a las fieras (el tradicional circo y pan que ya se inventara en el cambio de era por el Imperio Romano para tener al pueblo aletargado mientras los dirigentes roban y hacen a su gusto).

         Si acudimos a la prensa “seria” o los noticiarios, tampoco parece que podamos escapar del retroceso cultural general:

         De hecho, el interés por temas sobrenaturales está alcanzando cotas inimaginables en una sociedad que se supone científica y tecnológica. Abundan los grupos de personas que no dudan en recorrer lugares abandonados –peligrosos para andar por ellos de noche o sin protección- con grabadoras y otros aparatos tratando de contactar con fantasmas, cada vez hay mayor número de sociedades y grupos de aficionados que creen en que los extraterrestres nos visitan y secuestran personas para someterlos a todo tipo de experimentos, etc.

 Personalmente, aunque reconozco que somos una gota en un inmenso océano que es el universo, no creeré que nada es extraterreno hasta que no pueda comprobarlo por mí misma descartando todos los elementos terrestres y demás. De hecho, en alguna de mis obras (“Señor Presidente, inventemos los ovnis”, “Reclutemos a los nazis”, “Enigmas en las aguas del cono sur”) detallo cómo la gran cantidad de supuestos ovnis observados y otros elementos a ellos asociados son claramente producto de proyectos militares terrestres. Y de admitir la existencia de ovnis ajenos a nuestro mundo moderno, más me decanto por la idea de que sean visitantes humanos de tiempos futuros que extraterrestres.

         Con todo, recientemente el asunto ha saltado a la palestra al notificarse sobre los cielos valencianos el avistamiento de un supuesto misil, luego se dijo que de un supuesto satélite y finalmente resultó ser un bólido natural (un tipo de meteoro muy luminoso).

 

         Y es que la verdad, me cuesta entender el afán de la gente por buscar causas extraterrenas a todo, cuando la Naturaleza es en sí misma maravillosa y nos sigue ocultando gran parte de sus secretos.

         Con todo, si nos ponemos rigurosos y acudimos a los académicos dentro del campo de la Astronomía, nos sorprenderemos al encontrar que existe una enorme controversia alrededor de un cuerpo identificado hace unos años y que parece haber consenso en que su origen pudiera estar a manos de alguna civilización extraterrestre avanzada.

         Se trata del cuerpo denominado OUMUAMUA y recibe tal nombre ya que fue observado desde el observatorio Haleakala (telescopio Pan-Starrs) de Hawai, en octubre de 2017, así que le dieron un nombre en el idioma nativo de la isla (significando “explorador avanzado” o “mensajero”).

         Lo primero que llamó la atención de los científicos es la forma del cuerpo de aquel objeto pues solía creerse que los objetos espaciales tendían a una forma esférica o achatada, como nuestro planeta y las distintas lunas del Sistema Solar, debido a la abrasión que causaba la materia espacial diseminada en el vacío cósmico combinada con la rotación de los cuerpos. En este sentido, Oumuamua rompía los parámetros establecidos pues era aplanado, largo, con forma de lingote y se movía por el espacio girando a modo de aspa.

         Tal anomalía captó la atención de distintos astrónomos que, alertados unos por otros, no dudaron en fijar sus observaciones en aquel extraño cuerpo que se nos aproximaba.

         Y de nuevo realizó algo desconcertante y que parecía contravenir las teorías gravitatorias, consideradas universales porque se suponía que se cumplían en cualquier lugar del universo. Pero Oumuamua parecía burlarlas.

         Una de las leyes establece que un cuerpo de gran masa atraerá hacia sí otro más pequeño, así que es de suponer que si Oumuamua se aproximaba a nuestro sol y cruzaba el punto de no retorno (la distancia a partir de la cual la atracción de la masa del Sol comienza a incrementarse), sería captado inevitablemente por la estrella y posiblemente terminaría ardiendo en su aproximación, desintegrándose, antes de impactar contra la superficie solar.

         Sin embargo, tal como puede observarse en la figura anterior (he resaltado la posición del Sol con una flecha blanca, pues se muestra todo el recorrido observado para el extraño cuerpo), Oumuamua no solo pasó cerca del Sol y de nosotros sino que en ningún caso dejó sentir la fuerza de atracción de la gravedad efectuada por nuestro planeta y por nuestra estrella, a pesar de ser muchísimo más liviano que ambos astros.

         La sorpresa no quedó ahí pues contra todo pronóstico, y de nuevo contradiciendo las leyes físicas, el cuerpo se alejó de nosotros y del Sol… acelerando, algo imposible en un cuerpo “muerto”. Lo usual es que al entrar bajo el campo gravitatorio de nuestro planeta y del Sol, se ralentizara, no incrementara su velocidad, alejándose. Tampoco mostraba rastros de “cola”, de modo que no se trataba de un cometa a pesar de poseer una trayectoria acentuada que recordaba mucho a la de aquellos objetos espaciales naturales. Además, en base a dicha trayectoria podía concluirse que procedía de fuera de nuestra galaxia.

         Ante tal acumulación de anomalías, en la breve observación de este extraño cuerpo, muchos investigadores solo pudieron admitir que posiblemente estábamos observando la primera sonda artificial extraterrena claramente visible por numerosos observatorios de todo el mundo.

Y claro, se disparó la paranoia global, de modo que “visionarios” de todo el mundo terminaron debatiendo sobre la posible edad de la supuesta civilización que lo fabricó, si estaría viva o haría ya mucho que se extinguió, si Oumuamua era una sonda no tripulada y enviada para espiarnos mandando la información como nuestras sondas y satélites a nosotros, y un sinfín de desvaríos más. Todo ello, claro está, revestido del pertinente halo de rigurosidad y seriedad al respecto.

          Hay una tendencia a atribuir todo lo que se escapa a nuestra lógica, a espíritus o extraterrestres, cuando posiblemente solo sea cuestión de cambiar el punto de vista para acertar a comprender lo sucedido, en base a leyes naturales y hechos cotidianos.

         Así las cosas, en el último año se ha presentado una posible explicación a los supuestos hechos anómalos observados con relación a Oumuamua que parece bastante lógica:

         El año pasado, los científicos Jennifer Bergner y Barryl Seligman publicaban en la prestigiosa revista científica Nature cómo las anomalías observadas en la trayectoria de Oumuamua podían ser explicadas por hechos físicos y es que precisamente al acercarse al Sol fue cuando comenzó a acelerar el cuerpo (algo lógico, por la atracción gravitatoria de nuestra estrella). Conforme se va aproximando a él, el elevado calor provoca una serie de cambios físicos en los componentes de Oumuamua y distintas reacciones químicas entre las sustancias, liberando volátiles (gases). Dicha emanación de gases (acción) provoca la reacción de igual intensidad pero en sentido opuesto, que hace que Oumuamua se desvíe de su trayectoria hacia el Sol, saliendo de su área de influencia (pues cuánto más se acerca al Sol, más se calienta y más gases exhala).

         Antes de llegar a nuestra galaxia, Oumuamua viajaba por el universo con temperaturas sumamente bajas de modo que todo su agua, hidrógeno, nitrógeno, etc se encontraba helado. Conforme el cuerpo se va acercando al Sol o a nuestra atmósfera, su temperatura aumenta y con ella la liberación de gases, alejándose.

Simple pero creíble. Con esta idea también han podido explicarse las trayectorias de otros cuerpos observados con posterioridad a Oumuamua y que parecían igualmente acelerarse contra todo pronóstico.

viernes, 1 de septiembre de 2023

¿Qué fue antes, la gallina o el huevo?

            Supongo que cualquiera de nosotros ha empleado o al menos ha usado en algún momento esta expresión. Eso mismo me ha pasado a mí en distintos momentos, riendo siempre por la ocurrencia, hasta que hace poco el amigo que lo dijo me miró serio (supongo que preguntándose dónde estaría la gracia), a lo que le pregunté, “¿lo dices en serio?”

Y resultó que sí, que en verdad ni él ni el resto del grupo tenía la más remota idea de la respuesta. Sin embargo, aunque pueda sonar pretencioso, para mí ésta era más que evidente desde hacía varias décadas, supongo que por ser paleontóloga.

Así que hoy he decidido resolver esta cuestión a todos aquellos lectores que hayan terminado leyendo este texto y con esta pregunta sin responder a ciencia cierta, rondándoles por la cabeza.

Pues bien, para ir a la solución debemos ver la cuestión en sí, “¿qué fue antes, la gallina o el huevo?” y plantearnos a qué huevo se alude, en concreto.

Puede parecer simple, pero como dijo un sabio una vez:

El mundo está lleno de cosas obvias/ que nadie ve ni por casualidad.”

Y la respuesta es que hablamos de huevos de ave, de gallina concretamente. Esto es fundamental pues si se alude al huevo genérico, como tal, apareció desde los primeros animales en poblar la Tierra y los mares, allá por el Paleozoico (hace como poco, unos 292 millones de años), con el desarrollo de peces, anfibios, reptiles y ciertos insectos que se reproducían por primera vez en la historia de nuestro planeta, mediante huevos.


      Pero si nos centramos en las aves, en las últimas décadas los numerosos hallazgos paleontológicos han evidenciado que este tipo de animales evolucionaron a partir de un tipo de dinosaurio bípedo carnívoro: los Terópodos. Tal es así que actualmente son muchos los que consideran que las aves, descendientes directas de los dinosaurios, serían los “dinosaurios actuales” (realmente no es así exactamente porque también tuvieron que evolucionar en aspectos muy concretos, de modo que es tan incierta esta afirmación –realizada generalmente por personas que no son paleontólogos- como decir que nosotros, Homo sapiens sapiens actuales somos austrolophitecus andantes… pues no).

Regresando a los dinosaurios, simplificando muchísimo los conceptos podemos decir que este clado se divide en dos grandes grupos: los dinosaurios con cadera de reptil o Saurischia y los dinosaurios con cadera de ave o Ornithischia.


     Dentro de los dinosaurios con cadera de ave, encontramos grupos que eran casi todos ellos herbívoros (algunos de ellos, con curiosos dientes, aún son objeto de debate considerándose herbívoros o puntualmente carnívoros, pero eso es otra cuestión), como por ejemplo los Hadrosaurios o “Pico de Pato”;  los Thyreophora, que incluye a los animales acorazados que eran como tanques, además de llevar algunos una especie de maza por cola (ankylosaurios) y a los estegosaurios o dinosaurios con largas placas a lo largo de su espina dorsal; entre otros.

En España son muy abundantes los rastros de huellas fósiles (o icnitas) dejados por dinosaurios Ornitópodos  (“de pie de pato”) como los hadrosaurios o los iguanodones.

 

Por su parte, los dinosaurios carnívoros se incluyen dentro del grupo Carnosauria y poseen cadera de reptil.

Lo curioso de todo ésto es que aunque pudiera parecer lo contrario, hoy por hoy en Paleontología se sostiene que las aves evolucionaron de los Theropodos, un grupo de dinosaurios carnívoros con cadera… de tipo reptiliano. Todos ellos son bípedos y el famoso T.rex es quizá el más conocido de ellos.

Esto es así porque son cada día más abundantes los especímenes hallados en sedimentos que han podido preservar la impresión de muchas partes blandas, encontrándose que gran cantidad de los terópodos poseían sino una especie de “pelillos” similares a los de pollitos, en ocasiones eran verdaderas plumas.


      En las últimas décadas, como digo, se han ido encontrando ejemplares de dinosaurios que si bien no eran auténticos pájaros tal como hoy los conocemos, sí que en muchos casos eran ya planeadores (como en el caso de Yi qi, de China, que parece haber tenido una extraña combinación de “alas” como las de los reptiles voladores o Pterosaurios y los actuales murciélagos -que son mamíferos, no aves- y plumas al menos en su cola y parte del cuello). Otros géneros, como el Archaeopteryx, conocido desde que en 1861 se halló el primer ejemplar en Alemania, se cree que podrían dar grandes saltos pero no volar. En todos los casos tenían dientes y características muy similares a la de los dinosaurios carnívoros.

    Como se aprecia, son muchas las incógnitas que van surgiendo en relación con las aves y su evolución desde los dinosaurios puesto que a pesar de tener caderas como los dinosaurios Ornithischia, poseen un tipo de hueso en el pecho (una especie de tirachinas óseo llamado fúrcula) y plumas, entre otros elementos, que por el momento sólo se han detectado en los dinosaurios Saurischia.


     De hecho, hay ilustradores que se han atrevido a caracterizar al Tyranosaurio como un “enorme pollo” o representar al Velociraptor (la coestrella de la saga Jurassic Park/ Jurassic World) cubierto de plumas.

       Pero regresando a la cuestión que nos atañe, evolucionaran a partir de los dinosaurios que fueran, lo cierto es que todos ellos se reproducían mediante huevos. Por tanto, este aspecto fue heredado por las aves de sus ancestros dinosaurios.

       Así pues, la respuesta a la pregunta “¿qué fue antes, la gallina o el huevo?” es más que evidente: el huevo. Para cuando apareció la primera gallina en nuestro planeta sus ancestros llevaban décadas de miles de años reproduciéndose por huevos (el primer dinosaurio se cree que apareció hace unos 240 millones de años, mientras que el primer pájaro debió formarse hace unos 120 millones de años, en China, el Confuciusornis; el primer ave moderna aparecerá apenas hace un millón de años; las gallinas domésticas más antiguas de nuevo las encontramos en China, en sedimentos de hace unos 8.000 años de antigüedad).