martes, 27 de mayo de 2014

La polémica llegada del hombre a la Luna (III)

Continuando con el estudio iniciado en días anteriores (I y II), seguimos analizando argumentos esgrimidos por distintas personas para negar que en 1969 el hombre pisara la Luna.


5. El fotógrafo fantasma

            Debido a la ausencia de atmósfera en la Luna, la radiación cósmica en la superficie de ésta es más elevada y dañina que en nuestro planeta. Para paliar los daños de la radiación en los ojos de los astronautas, los trajes espaciales están dotados de una visera realizada en un material especial y que actúa a modo de espejo. Por ello, en varias fotografías de las más de dos mil tomadas durante la misión del Apolo 11, se refrejan objetos y paisajes en los cascos de los astronautas que aparecen fotografiados.
            Los más escépticos se dedicaron a estudiar estas curiosas imágenes con el objetivo de dar con algún detalle que hubiera pasado desapercibido a los que estaban falsificando la llegada a la Luna para demostrar por fin que todo había sido un engaño.
            De esta forma saltó a la fama una imagen que mostramos aquí.  Si nos detenemos a mirar en lo que aparece reflejado en el casco de uno de los astronautas, se ve la sombra del fotógrafo que tomó la imagen. Y al fondo, junto al módulo lunar, aparece otro astronauta con su traje blanco y reluciente. Si se sabe que en la Luna sólo estuvieron dos astronautas, uno aparece en primer plano retratado y otro reflejado en su casco, ¿a quién corresponde la sombra del fotógrafo que está haciendo la foto?. ¿Y por qué en otras fotos siguen apareciendo los dos astronautas, uno posando y otro reflejado en el casco?. ¿Es ésta la evidencia de que todo fue grabado en la Tierra, en un estudio de cine o en una base militar?. Pues no. Fijémonos bien en toda la fotografía, porque la respuesta está literalmente ante nuestros ojos.

            Si miramos al astronauta fotografiado en primer plano (Neil Armstrong), vemos que tiene un brazo doblado y entre su mano y el casco lleva un objeto cuadrado prendido de su traje. Es una cámara fotográfica. Miremos de nuevo el reflejado (resaltado con un rectángulo rojo). Si observamos la sombra podremos distinguir un brazo doblado y la mochila de la espalda. Por tanto la respuesta es que esta foto la tomó su compañero, Edwin Aldrin, el que aparece reflejado junto al módulo lunar. Al tomar la foto a Neil Armstrong, en el casco de Neil se reflejó el brazo y la sombra de Neil, alargada por el Sol y el relieve lunar.

6. Muestras lunares

            En la misión del Apollo 11 se recogieron 22 kilos de rocas y arena lunar para ser examinados por distintos geólogos en ciertos laboratorios de la Tierra, con el fin de analizar la geología del satélite, compararla con la terrestre y sacar conclusiones bien fundadas sobre la historia de la Luna.
            Todo el material lunar traído por las misiones norteamericanas a su país se guarda fundamentalmente en el Centro Espacial Lyndon B. Johnson, en Houston (de donde despegan los cohetes) y en la base militar de la Fuerza Aérea Brooks, en San Antonio. Casi todas las muestras lunares se suelen preservar en condiciones similares a las que había dónde fueron recolectadas, es decir a temperaturas muy bajas, sin humedad y al vacío. Esto es así para evitar que la composición original se altere como consecuencia de la exposición a nuestra gravedad y atmósfera, cargada de elementos químicos muy reactivos como el oxígeno o el azufre, y de ciertos microorganismos que pudieran colonizar la roca y segregar distintos compuestos químicos.
     Aunque pueden observarse algunas de estas muestran en diversos museos de historia natural de distintos países, hay escépticos que también aquí ven pruebas que desmienten que fueron tomadas en el satélite terrestre, ya que todas las muestras presentan una composición que se da en ciertos materiales de nuestro planeta. Pero, ¿realmente esta observación puede llevar a concluir que las rocas no son lunares?. No lo creo. Es cierto que la composición de esos materiales son similares a la de determinadas rocas terrestres pero por fuerza han de serlo, al compartir un origen común también con el resto de elementos de nuestra galaxia y posiblemente de gran parte del Universo, ya que éste responde y se rige por las mismas leyes físicas. 
           
  Por tanto, el argumento de la similitud composicional es tan falto de rigor como sería el considerar que los cráteres de asteroides que hay en nuestro planeta (en la imagen, el “meteor crater” de USA) no son de nuestro planeta sino de Venus, por ejemplo, por la similud que presentan con los cráteres de impacto observados por los astrónomos en la superficie venusina. ¿Cómo no van a ser muy parecidos si se originaron de la misma forma y por la misma causa?.
            Aún así, en todas las rocas de los más de 300 kg que se trajeron a la Tierra durante las distintas misiones Apolo, se ha hallado una mayor frecuencia de determinados isótopos que son inestables en la superficie terrestre y abundantes en las rocas lunares, al estar sometidas a las radiaciones del espacio de las que nos protege la atmósfera terrestre. 

7. Prueba irrefutable del alunizaje

            Existe un elemento que dejaron los astronautas en la superficie lunar y que es imposible de negar por todos aquellos que se oponen a reconocer que el Eagle 3 realmente se posó aquel julio de 1969 sobre nuestro satélite natural.
            Inicialmente el objeto fue concebido e instalado en la Luna para llevar a cabo otro experimento, concretamente el de calcular con gran precisión la verdadera distancia Tierra-Luna en todo momento. Sin embargo y sin habérselo propuesto, este objeto se ha convertido en la principal demostración de que se llegó a pisar la Luna aquel día.
      Se trata de un retroreflector que, como se aprecia en la imagen, consiste en una placa que posee distintos elementos capaces de reflejar y devolver cualquier rayo de luz que incida en él, sin desviarla. De esta manera, cualquier astrónomo que envíe un rayo de luz láser a esta placa o complejo espejo, obtendrá a los pocos segundos su rayo devuelto. Mediante ecuaciones matemáticas y conociendo el tiempo que ha tardado la luz en ser rebotada, así como la velocidad a la que ha llegado de regreso al punto de emisión del rayo, es fácil conocer (y con bastante precisión) la distancia a la que se encuentra la placa (en la Luna) del astrónomo (en la Tierra).
     Por si este retroreflector, la placa, las numerosas huellas dejadas por las botas de los astronautas y la bandera norteamericana no fueran suficientes evidencias del éxito del Apollo 11, aún quedan los restos de material dejados tras de sí por él módulo Eagle 3 al despegar rumbo a la Tierra. Precisamente entre el 11 y 15 de julio de 2009, la sonda lunar LRO (Lunar Reconnaissance Orbiter) envío en tiempo real a nuestro planeta distintas imágenes de la superficie lunar, sobre la que estaba orbitando, mostrando los restos dejados por los astronautas de la misión Apollo 11 cuarenta años antes. Una flecha destaca esos elementos en la imagen, para poder apreciarlos mejor.
             Este retroreflector no fue lo único que, junto con la bandera estadounidense, se dejó en la Luna, ya que se instaló una placa en la que se puede leer en inglés, como se ve en la imagen, la fecha en que hombres llegados del planeta Tierra pisaron por primera vez la Luna.








8. Huellas en la superficie lunar

      Tan pronto como el ser humano pisó la Luna, hubo una imagen que se convirtió en todo un mito y quedó para siempre grabada en la retina del ser humano, por su simplicidad y a la vez por cuánto representa. Estamos hablando de la famosa pisada dejada por la bota de los astronautas. Pero incluso esta misma imagen ha sido también objeto de crítica por parte de los escépticos que niegan que se hiciera realmente en la Luna.
            El principal argumento es que al no haber atmósfera similar a la terrestre, no existe suficiente humedad en el aire como para provocar que la suela del calzado quedara tan marcada en el polvo lunar.
            De nuevo se realizaron experimentos en ausencia de atmósfera y en condiciones muy similares a las encontradas en la superficie del satélite. El resultado fue positivo. Es decir, aunque no existe cantidad suficiente de humedad, al no haber vientos ni polvo en suspensión, las partículas que habían adquirido su disposición conformando la huella no eran borradas por otras arrastradas por el viento y, por tanto, se conservaban intactas.



                    (continuará aquí)




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