jueves, 3 de marzo de 2016

Rociando contra el cambio climático


            Que estamos presenciando un cambio climático mundial en primera fila, no es algo que a estas alturas discuta ya nadie. Las evidencias están a nuestro alrededor. Baste comprobar la extensión de los glaciares con respecto a tres décadas atrás o ver que las nieves perpetuas del Kilimanjaro, en África, hace ya un par de años que se derritieron. Los mosquitos-tigre y otras especies antes restringidas a África, porque en la Península Ibérica el clima era más frío, son ya especies comunes en gran parte de nuestro país.

             Así las cosas, desde hace unos años son cada vez más numerosos los científicos internacionales que están protestando en diversos medios de comunicación, alegando que diferentes gobiernos o multinacionales están tomando la justicia por su mano, por así decirlo, rociando en diversos lugares, desde avionetas a gran altura, una curiosa mezcla química con el fin de combatir el efecto destructivo de los gases que crean el efecto invernadero en las ciudades de todo el mundo.
If we ever deploy these technologies it will be the closest indication yet that we’ve failed as planetary stewards. While it is clear that temperatures could be reduced during deployment, the misstep is considerable. Personally, this stuff terrifies me.” que puede traducirse como, “Si alguna vez desplegamos estas tecnologías será la indicación más evidente de que hemos fallado como administradores planetarios. Aunque está claro que las temperaturas podrían descender durante este despliegue, es posible dar un paso en falso. Personalmente, este asunto me aterroriza”. Son las palabras del doctor Matthew Watson, del Departamento de Ciencias de la Tierra (Geológicas) de la Universidad de Bristol (UK), que no hacen sino confirmar que efectivamente son muchos los científicos que están sopesando la viabilidad de rociar desde el espacio nuestra estratosfera con ciertos compuestos químicos, tales como dióxido de titanio, óxido de zinc, alúmina, carbonato de calcio o silicio, entre otros elementos, con el fin de que reaccionen con los aniones y cationes del espacio para dar lugar a otros compuestos más inocuos y sin esa tendencia a actuar como gases invernadero.

Esquema del proyecto de liberar diversos compuestos químicos en la atmósfera (aerosoles) y en el mar, para disolver las nubes (o "boinas") de contaminación que crean el efecto invernadero.

            Tampoco tranquilizan mucho las palabras de la World Meteorological Association (Asociación Meteorológica Mundial) cuando recientemente declaró su portavoz: “In recent years these has been a decline in the support for weather modification research, and a tendency to move directly into operational projects”, esto es, “en los últimos años ha habido un descenso en el apoyo a la investigación de modificación del clima y una tendencia a pasar directamente a los proyectos operacionales.” Que en otras palabras se puede resumir como ‘se acabó el investigar, pasamos a la acción’.
            El mencionado Dr. Watson es el principal investigador del proyecto SPICE (Inyección de partículas en la Estratosfera para la Ingeniería Climática) en la universidad de Bristol. Dicho proyecto de geoingeniería está financiado por el Gobierno de los Estados Unidos y cuenta con la colaboración de científicos especialistas en las prestigiosas universidades británicas de Oxford, Bristol, Cambridge y Edimburgo.
            Tras sopesar la idea de la Solar Radiation Management, SRM (“gerencia de radiación solar”) consistente en inyectar en la estratosfera de nuestra atmósfera, como aerosol, una determinada mezcla química con el objetivo de frenar el aumento de temperaturas a nivel mundial, puesto que crearían un efecto pantalla reflejando los rayos del sol para evitar que el porcentaje elegido atraviese nuestra atmósfera e incida en la corteza terrestre, el investigador principal del proyecto en Bristol concluyó: “estamos nadando, creciendo, en un mar de ignorancia, algo que me aterroriza, pero no hacer nada tampoco es solución. Hasta que no estemos muy afectados por el cambio climático o por el repentino cambio en nuestras rutinas, en algún momento tendremos que coger nuestras tecnologías y salir ‘ahí fuera’.” De hecho, a lo largo del año pasado este investigador publicó junto con otros colegas el efecto que el polvo volcánico vertido en distintas erupciones podría tener en la atmósfera, a nivel de cambio climático, con el fin de establecer si sería factible, y más sano para los seres vivos, reproducir de manera artificial alguna de estas emisiones volcánicas de partículas y gases.
            El problema es que efectivamente es como si un niño jugara con una pistola, ya que un mal cálculo, un error fatal o que simplemente entre en juego una variable no considerada, podría dar al traste con el equilibrio planetario que hoy día conocemos. De hecho, una erupción volcánica intensa puede acarrear una vertiginosa caída en las temperaturas de todo el mundo. Y de hecho, cuando ocurrió la explosión del Krakatoa en Java, ese verano y el del año siguiente nevó en muchas ciudades europeas, debido a que la gran nube de polvo y cenizas se había extendido por toda la atmósfera, alcanzando los 27 km de altura y provocando que una mínima parte de los rayos solares llegara a la superficie de la corteza terrestre. En la ciudad de Nueva York llegaron a recogerse pequeñas piedras pómez (cenizas) del Krakatoa en ese fatídico junio de 1883. Muchísimas cosechas se perdieron y la capa de cenizas llegó a precipitar hasta en los polos. Un mal cálculo podría acarrear el llamado “invierno nuclear” que dejara grandes hambrunas en todo el planeta, además de generar catástrofes geológicas como inundaciones, coladas de lodo, nevadas, lluvias torrenciales, ….

El megavolcán Krakatoa. En la erupción de 1.883, las aguas subterráneas entraron en contacto con la cámara magmática, lo que convirtió al volcán en una gran botella de champán agitada. Acabó explotando por la enorme presión interna, destruyendo 2/3 de la isla. En el mapa, en sombreado, se señala la extensión de la isla antes de la explosión.

            Ahora bien, para los amantes de las conspiraciones, no sería la primera vez que deliberadamente se rociara la atmósfera con sustancias químicas, sin informar a los habitantes que habitan en esas zonas y que pudieran sufrir algún tipo de reacción al contacto de esas sustancias, en su piel (alergias, enfermedades, ..) o en el suelo (cosechas). Y es que llegados a este punto es necesario mencionar a las “chemtrails”, que se podría traducir como “raíles químicos” o “caminos químicos”, que es como se denomina a las supuestas marcas dejadas en el cielo por aviones que rocían ciertos compuestos químicos.
            Estas marcas saltaron a las publicaciones pseudocientíficas de todo el mundo, hace décadas, al tratar de mostrar cómo tras el paso de determinados aeroplanos sobre cielos nublados, las nubes se dispersaban volviendo a salir el sol. Posteriormente, estos investigadores comenzaron a denunciar casos similares, con consecuencias inversas, es decir, “sembrando” nubes de lluvia. ¿Era todo mera especulación, una nueva leyenda urbana?. Para muchas personas son muy reales. Y de hecho, el 16 de abril de 2014 un senador italiano, Domenico Scilipoti, del partido político Forza Italia,  fue noticia internacional por exigir al gobierno de su país que se desclasificaran documentos sobre las “chemtrails” y otras armas meteorológicas.

             No será el único. En año pasado, sin ir más lejos, se publicaba en los periódicos las denuncias puestas por meteorólogos españoles en la Unión Europea, manifestando que el país estaba siendo rociado para cambiar su clima (ver aquí más información), señalando a la base militar de San Javier, en Murcia, como uno de los puntos desde donde despegaban los aviones “fumigadores”.

            Sin embargo, algo que parecía ser mera especulación o leyenda urbana parece estar tomando visos de realidad y, lo peor, de querer ser llevada a gran escala si consideramos los proyectos tales como SPICE del Reino Unido y USA, donde están invirtiendo millones de dólares y del que, de llevarse a cabo, mucho me temo que sólo nos enteraríamos por los “daños colaterales”. Aunque claro, tampoco podríamos saber que son tales, si piensan llevar todo esto de una manera tan secreta como lo están haciendo. ¿No creen que deberían considerar lo que todos nosotros, ciudadanos del planeta por igual, tuviéramos que decir al respecto?.


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