5. El fotógrafo fantasma
Debido a la ausencia de atmósfera en
la Luna, la radiación cósmica en la superficie de ésta es más elevada y dañina
que en nuestro planeta. Para paliar los daños de la radiación en los ojos de
los astronautas, los trajes espaciales están dotados de una visera realizada en
un material especial y que actúa a modo de espejo. Por ello, en varias
fotografías de las más de dos mil tomadas durante la misión del Apolo 11, se
refrejan objetos y paisajes en los cascos de los astronautas que aparecen
fotografiados.
Los más escépticos se dedicaron a
estudiar estas curiosas imágenes con el objetivo de dar con algún detalle que hubiera
pasado desapercibido a los que estaban falsificando la llegada a la Luna para
demostrar por fin que todo había sido un engaño.

Si miramos al astronauta
fotografiado en primer plano (Neil Armstrong), vemos que tiene un brazo doblado
y entre su mano y el casco lleva un objeto cuadrado prendido de su traje. Es
una cámara fotográfica. Miremos de nuevo el reflejado (resaltado con un
rectángulo rojo). Si observamos la sombra podremos distinguir un brazo doblado
y la mochila de la espalda. Por tanto la respuesta es que esta foto la tomó su
compañero, Edwin Aldrin, el que aparece reflejado junto al módulo lunar. Al
tomar la foto a Neil Armstrong, en el casco de Neil se reflejó el brazo y la
sombra de Neil, alargada por el Sol y el relieve lunar.
6. Muestras lunares
En la misión del Apollo 11 se
recogieron 22 kilos de rocas y arena lunar para ser examinados por distintos
geólogos en ciertos laboratorios de la Tierra, con el fin de analizar la geología del satélite, compararla con la terrestre y sacar
conclusiones bien fundadas sobre la historia de la Luna.
Todo el material lunar traído
por las misiones norteamericanas a su país se guarda fundamentalmente en el
Centro Espacial Lyndon B. Johnson, en Houston (de donde despegan los cohetes) y
en la base militar de la Fuerza Aérea Brooks, en San Antonio. Casi todas las
muestras lunares se suelen preservar en condiciones similares a las que había
dónde fueron recolectadas, es decir a temperaturas muy bajas, sin humedad y al
vacío. Esto es así para evitar que la composición original se altere como
consecuencia de la exposición a nuestra gravedad y atmósfera, cargada de
elementos químicos muy reactivos como el oxígeno o el azufre, y de ciertos
microorganismos que pudieran colonizar la roca y segregar distintos compuestos
químicos.
Aunque pueden observarse algunas de
estas muestran en diversos museos de historia natural de distintos países, hay
escépticos que también aquí ven pruebas que desmienten que fueron tomadas en el
satélite terrestre, ya que todas las muestras presentan una composición que se
da en ciertos materiales de nuestro planeta. Pero, ¿realmente esta observación
puede llevar a concluir que las rocas no son lunares?. No lo creo. Es cierto
que la composición de esos materiales son similares a la de determinadas rocas
terrestres pero por fuerza han de serlo, al compartir un origen común también
con el resto de elementos de nuestra galaxia y posiblemente de gran parte del
Universo, ya que éste responde y se rige por las mismas leyes físicas.
Aún así, en todas las rocas de los más de 300 kg que se trajeron a la Tierra durante las distintas misiones Apolo, se ha hallado una mayor frecuencia de determinados isótopos que son inestables en la superficie terrestre y abundantes en las rocas lunares, al estar sometidas a las radiaciones del espacio de las que nos protege la atmósfera terrestre.
7. Prueba irrefutable del alunizaje
Existe un elemento que dejaron los astronautas
en la superficie lunar y que es imposible de negar por todos aquellos que se
oponen a reconocer que el Eagle 3 realmente se posó aquel julio de 1969 sobre
nuestro satélite natural.
Inicialmente el objeto fue concebido
e instalado en la Luna para llevar a cabo otro experimento, concretamente el de
calcular con gran precisión la verdadera distancia Tierra-Luna en todo momento.
Sin embargo y sin habérselo propuesto, este objeto se ha convertido en la
principal demostración de que se llegó a pisar la Luna aquel día.



8. Huellas en la superficie lunar
Tan pronto como el ser humano pisó
la Luna, hubo una imagen que se convirtió en todo un mito y quedó para siempre
grabada en la retina del ser humano, por su simplicidad y a la vez por cuánto
representa. Estamos hablando de la famosa pisada dejada por la bota de los
astronautas. Pero incluso esta misma imagen ha sido también objeto de crítica
por parte de los escépticos que niegan que se hiciera realmente en la Luna.
El principal argumento es que al no
haber atmósfera similar a la terrestre, no existe suficiente humedad en el aire
como para provocar que la suela del calzado quedara tan marcada en el polvo
lunar.

(continuará aquí)
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