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jueves, 27 de agosto de 2026

Robado el tesoro de Villena

Y suma y sigue. Es alarmante el desprecio que en España se tiene por el patrimonio, por las culturas pasadas y por sus restos que aún yacen en el suelo peninsular; que son verdaderamente nuestras raíces.

Y lo digo porque ahora, siendo las 11.46 de la mañana, ninguna televisión se ha hecho eco de la noticia cuando en estos casos, las primeras horas son cruciales (el robo, limpio y -según qué periódico leas dicen, que no había ninguna persona vigilando semejante tesoro arqueológico, de los más importantes de la protohistoria española- se produjo sobre las 5.16 a.m., en cuatro minutos solamente).

El problema es que no hay control alguno de fronteras y esto viene genial a todo tipo de mafias. Si toman un ferry, si van en autocaravana o incluso en coche (ese tesoro de incalculable valor patrimonial y materialmente realizado en oro, cabe en una mochila), nadie revisará las pertenencias. Y de hecho, hace un par de años me encontraba yo descansando un par de días en una de las amplias playas de arena entre Guardamar del Segura y Elche, para desconectar un poco. Allí hay pinares cerca de la playa, así que fui a acercar a mi perro hasta allí. Para variar, el aparcamiento contaba con más de 20 autocaravanas de extranjeros, que allí viven, y para mi sorpresa, de una de ellas (matrícula de Alemania) bajó un hombre de poblada barba canosa, con un detector de metales con un palo más ancho que el de mi ventilador de pie, y se fue delante de mí, a vista de todo el mundo que allí estuviera, para perderse por el pinar. Dudo mucho que lo que encuentre y expolie, lo detecte algún policía o guardia civil. Y ese es solo uno de los millones de turistas que nos visitan cada año, en cualquier temporada.

Ahora que estamos en plena crisis de invasión de Ceuta de un gobierno marroquí que se cree con derecho sobre unas posesiones territoriales españolas que ya eran de España en el siglo XV –el propio Fernando el Católico mostró su interés por esa zona del otro lado del Estrecho, antes que por América– (recordemos que Marruecos, como país, surge en el siglo pasado así que alguien debería “recordarles” que el hecho de que ellos tengan arte nazarí, de omeyas, o de godos vándalos llegados de la Península Ibérica no conlleva que la Península Ibérica o Andalucía sea marroquí sino todo lo contrario, que ellos están “ocupando” un territorio que históricamente perteneció a la Península Ibérica, a la España de entonces), en plena temporadas de fiestas en toda España, los expoliadores han sabido bien aprovechar la ocasión.

Lo que apena es que nadie pudiera medios para impedir que se pudiera robar unas piezas tan jugosas (eso sí, cuando las visité, se comentó la agria polémica de las autoridades locales para impedir que este tesoro fuera llevado al museo nacional de Madrid; de haberlo hecho, ahora mismo seguiría intacto). Y también entristece pensar que con el declive cultural del propio pueblo español, habrá muchos españoles a que les hubiera gustado hacer lo mismo, robarlo y fundirlo o venderlo, solo por la riqueza material que eso supone.

 

Es triste porque la historia se repite. Ya en otras entradas hablé de la Operación Helmet, sobre cinco cascos celtiberos expoliados de España sin que nadie se enterase, que iban a subastarse ilegalmente pero Alemania logró detener la venta y conseguir que se le diera la oportunidad a España de reclamar su patrimonio, previo pago de costas. El gobierno de entonces alegó que “no estaba entre sus prioridades” y miró hacia otro lado. Finalmente fue un particular, extranjero, quién pagó de su bolsillo la compra de los cascos y los cedió al Museo Arqueológico de Madrid… Y no ha pasado nada, ni una dimisión, ni nada. A los interesados en este asunto, si hacen clic AQUÍ  https://valeriaardante.blogspot.com/2014/02/operacion-helmet.html    verán mi comentario de entonces. Por ironías de la vida, estaba hablando entonces del propio tesoro de Villena, como podrán comprobar.

No ha sido el único ejemplo. También en mi web he hablado de dos yacimientos gravemente dañados, uno en Murcia y otro en Jaén. En este último, entre mis dos visitas, comprobé cómo habían robado un altar visigodo, dando la voz de alarma (ver AQUÍ). Precisamente la pieza expoliada fue la elegida para adornar la portada de mi libro “La herencia Goda” (aquí), porque un agente particular con el que hablé sobre el asunto (Guardia Civil) me comentó que cuánto más famosa fuera la pieza, más difícil sería “moverla” en el mercado negro. 

Es muy triste ver qué está sucediendo con nuestro pasado. Cómo el país ha dado la espalda a su impresionante pasado, mientras proliferan cada vez más los relatos manipulados de una historia retorcida y muy forzada, empleada para respaldar generalmente intereses materiales, económicos, de unos pocos (que logran que un grupo más o menos numeroso se crea tales falsas verdades y las haga propias, sin obtener por ello más que rencor al vecino).

Todas las semanas suelo comprobar qué nuevas noticias arqueológicas se han producido, qué nuevos hallazgos dentro de nuestro rico patrimonio. Lamentablemente, suelo quedarme con las ganas (como decía el inigualable Groucho Marx en “Una noche en la ópera”, me quedo “solito con mis ilusiones”) porque si hay mucha, mucha suerte… doy con la excavación de un horno de cerámica, de un muro que debió pertenecer a…, de una excavación apresurada de unos restos encontrados de forma fortuita antes de que desaparezcan bajo las obras de una urbanización, un centro comercial o con el hallazgo de alguna pieza que por supuesto es de manufactura fenicia o griega mostrando que los de aquí teníamos muy poquita capacidad de innovación y mucha para adquirir maravillados todo lo que quisieran importarnos culturas extranjeras que asimilábamos al momento…

En fin, tristes y extraños tiempos éstos que estamos viviendo, donde la historia importa un bledo, el mundo se llena de desinformación, y de visiones cada vez más catastrofistas por el aparente cambio climático –término contradictorio en sí mismo, porque el clima, por definición, es siempre cambiante- y que un poco de conocimiento geológico basta para mostrar que el 80 por ciento de la historia de la Tierra ha tenido varios grados de temperatura media por encima de la actual, como mínimo. Pero eso ya es otro asunto que ahora no viene al caso.

Esperemos que se produzca un milagro y se logre rescatar el fabuloso tesoro de Villena porque, como habrá notado el lector, personalmente soy muy pesimista en este aspecto.

jueves, 9 de junio de 2022

NUEVO LIBRO DISPONIBLE. Seres malditos de leyenda

Sinopsis del libro SERES MALDITOS DE LEYENDA : 

 

   Desde la noche de los tiempos, el ser humano ha experimentado una serie de sensaciones y miedos ante la magnitud de la naturaleza y sus propias limitaciones. La consciencia de su paso limitado por el mundo, su vulnerabilidad  ante fenómenos que ni domina ni comprende, ha generado tradiciones y leyendas que se suceden prácticamente sin cambios, a pesar de la evolución y los avances tecnológicos. Y es que el dolor, la muerte, los celos, la avaricia y el mal forman parte del entorno y quizás la esencia del ser humano y la sociedad.

     Sorprende ver cómo los mitos y leyendas terroríficas son los mismos en distintas latitudes, adaptados a la cultura de cada país. La autora hace una recopilación de leyendas y arquetipos de los cinco continentes, que asustan por igual a los habitantes de esta ínfima parte del Universo que habitamos.

     Se añade asimismo una serie de hechos para los que no se ha encontrado explicación o que causaron un fuerte impacto por el grado de maldad con el que acontecieron. De alguno de ellos derivaron películas interesantes y exitosas.


Fecha de publicación: 7 de junio de 2022

Número de páginas: 306 páginas

    Puede adquirir su ejemplar haciendo clic en el siguiente enlace de Amazon: aquí

jueves, 24 de febrero de 2022

Incoherencias en nuestros museos

                Me gusta hacer visitas culturales porque siempre hay preciosas joyas, casi en cualquier rincón de nuestro país, que desconocía y que aportan un grato momento de belleza y satisfacción al verlas y descubrirlas.

                Otro punto a su favor es que lamentablemente suelen ser visitas sin gente pues por lo general no suele haber nadie, o a lo sumo un par de personas “despistadas”. Los museos (municipales o regionales), centros de interpretación o salas de visitantes, entre otras denominaciones, también suelen captar mi atención pues si tienen una faceta etnográfica o folclórica siempre suelen poseer ese halo bohemio tan bonito, y si son arqueológicos ayudan a conocer piezas nuevas que desconocía.

                Dicho esto, por lo general suelo llevarme un sabor agridulce en las visitas a los museos arqueológicos (en sus distintas denominaciones) porque no deja de ser verdaderamente frustrante que sigan manteniendo ideas preconcebidas antes de la Guerra Civil, cuando los extranjeros (alemanes e ingleses, generalmente), acudían a “la cateta” España a jugar a Indiana Jones, excavando aquí y allá a su antojo para dejar aquí migajas y llevarse a su país las mejores piezas halladas. Con todo, no podemos dejar de reconocer que gracias a ese expolio consentido, la Península Ibérica sacaba a la luz un pasado milenario que casi todos los patrios ignoraban y despreciaban a partes iguales.

                No tardaría en llegar la Segunda Guerra mundial, con el parón consiguiente en el campo arqueológico, para ser retomado poco después en una España muerta de hambre, que se recuperaba de una guerra civil y trataba de adaptarse a la etapa más dura de la Dictadura. Los republicanos, por su parte, habían dejado unos destrozos en muchos casos irreparables en el patrimonio español (baste ver en mi libro “El fenómeno de las Vírgenes Negras” cómo en zonas de la Rioja, País Vasco o Cataluña, por ejemplo, casi el 90 % de las tallas medievales de estas esculturas marianas se destruyeron o perdieron en la Guerra Civil, y no a manos de nacionales o franquistas precisamente…). En Castilla y León, y casi toda la mitad norte de España en general, el desprecio a lo religioso se manifestó en el abandono y saqueo de iglesias, usándolas en el mejor de los casos como cuadras para el ganado. Y de eso se aprovecharon los “Indianas Jones” extranjeros comprando los frescos del siglo XI de San Baudelio de Berlanga por 5.000 pesetas cuando se usaba para guardar ovejas, o denostando el busto de la Dama de Elche encontrada por un labriego, culpándolo de haberla falsificado y comprarla así “por cinco duros” para llevarla al museo francés del Louvre; son sólo dos ejemplos de entre miles. En esta dura postguerra mundial, el sufrimiento y persecución del pueblo judío a manos de los nazis, condujo al resurgimiento y revalorización del pueblo hebreo; y la idea de que sus ancestros -los fenicios- fueron una pieza clave para que el ser humano se civilizara ganó fuerza en el mundo arqueológico. Así, se  hizo pasar al fenicio por “el afable tendero y comerciante” que cambiaba precarias tonterías de piedra y barro  hechas por los autóctonos por lo último en civilización: cerámicas a torno, edificios rectangulares, barcos “hippoi” que aunque fenicios, eran de Gadir, de Cádiz, y cómo no, la escritura, que será precursora de todas las demás de futuras culturas europeas, como la Etrusca (de la que descenderán los romanos), la Griega y la Ibérica. Pero todo este espejismo inventado cae por su propio peso a poco que se desee abrir los ojos y contrastar:

a)      El afable, bonachón y civilizador pueblo de comerciante que se dice fueron los fenicios, se contradice con sus monedas, donde aparecen armados hasta los dientes y con las distintas grandes batallas que han dejado huella histórica;

 

b)      Que los “hippoi” se atribuyeran a los fenicios, cuando las crónicas históricas los mencionan como “barcos de Gadir” no deja de sorprenderme pues si realmente fueron invención fenicia, ¿por qué hacer tal distinción geográfica? ¿No sería más bien que trataron de agenciarse las afamadas “naves de Tarsis” que menciona El Antiguo Testamento, la legendaria flota tartesia, 100 % autóctona peninsular?

 

c)       Que se diga que “los buenos fenicios” enseñaron a los peninsulares a realizar sus casas y edificios rectangulares, pues hasta entonces seguían construyendo edificios circulares a imitación de las cabañas paleolíticas-neolíticas, produce risa si se analiza el registro arqueológico portugués y español, encontrando ya construcciones plenamente rectangulares en el 2.200 a.C., si no mucho antes.

 

d)      Que se señale que los fenicios enseñaron el alfabeto a los peninsulares es no ya irrisorio sino ridículo. Más aún cuando existen piezas arqueológicas de al menos el cuarto milenio antes del cambio de era, al menos tres milenios antes de la llegada de los primeros fenicios a Occidente, que emplean no solo todos los caracteres fenicios sino más, en al menos tres escrituras distintas. Estas piezas se encontraron en yacimientos arqueológicos de la provincia de Huelva (SO de la Península Ibérica) y Castellón (NE de la Península Ibérica). Las evidencias están ahí: el alfabeto fenicio derivó de alguno de estos alfabetos peninsulares. Y por tanto, si se consideraba la escritura fenicia como precursora de todas las escrituras mediterráneas de la Antigüedad, habría que concluir que el conjunto de alfabetos de la Península Ibérica fueron la madre de las escrituras mediterráneas. Es puro razonamiento lógico… Aunque ningún académico ni museo arqueológico lo diga, ni por asomo.

 

Pero no solo estas falsas ideas sobre el divino pueblo fenicio se siguen inmortalizando en nuestros museos arqueológicos, incluso de nueva creación, sino otras falsedades que se dan por ciertas. Mostraré un caso que me ocurrió hace unas semanas, en un viaje por Alicante y Murcia, cuando visité el Museo Arqueológico regional de la provincia de Murcia, del cual tenía muy buenas expectativas… y me llegó la primera decepción, colosal, en el panel del origen y dispersión del ser humano. Es que no había una sola idea que fuera cierta, a tenor de las publicaciones científicas y de los grandes descubrimientos en ese campo, realizados en los últimos 10 años. Veamos el panel del museo:


 La numeración corre de mi parte, para facilitar la explicación de todas las incoherencias acumuladas. 1) Homo erectus: ¿por qué razón se le pone cruzando la Península Ibérica rumbo al resto de Europa cuando desde hace décadas se le considera exclusivo de Asia?; 2) Homo ergaster: se considera que nunca abandonó África así que, repito ¿por qué razón se le pone cruzando la Península Ibérica rumbo al resto de Europa? 3) Homo antecessor: ¿ por qué narices lo ponen yendo a Asia, derivando por Oriente Próximo hacia los Balcanes, y en el Norte de África, cuando se ha encontrado por ahora solo en Atapuerca (que por cierto no está donde la sitúan, en el País Vasco, sino en Burgos, algo más abajo) y en Reino Unido?; 4) Homo heidelbergensis: ¿pero qué hace derivando del Homo antecessor para irse hacia China, cuando hace décadas que se atribuyen a este taxón todos los restos anteriores al Homo antecessor hallados en el norte de África, España, Alemania (donde se definió la especie) y resto de Europa? Si es que no han dado una. Para más datos, exactos y actualizados, ver aquí 

 Fue tal mi frustración, que a la salida una trabajadora del museo me preguntó qué tal y le comenté mi decepción. La llevé ante el panel y le expliqué todos los errores que se agolpaban en él. Le dije que en mi página web hablaba de las últimas investigaciones y que tenía mapas esquemáticos que les autorizaba a reproducir gratuitamente. Le dije que si me facilitaba papel y bolígrafo, con gusto les dejaba anotados mis datos de contacto por si los quería pasar al director(a) del museo u otra persona apropiada, para hablar del asunto y ofrecerme a darle todo lo necesario gratuitamente, para que se pusieran paneles actualizados y basados en trabajos serios especializados y rigurosos. Para mi sorpresa me sonrió, se encogió de hombros y expresó un “no hace falta”. Pensé "qué idiota de mí, qué ingenua he sido al creer que a alguien en el museo le podía interesar poner información actual, rigurosa y cierta (contraria a sostenidas ideas demostradas ya como falsas) sobre Paleontología Humana, facilitada por una doctora en Paleontología"; como tal me había presentado.

Dicho esto, quiero enfatizar que lo he mencionado por compartir mi última experiencia frustrante en un museo arqueológico, no porque desee demonizar el Museo Arqueológico de Murcia, porque ya digo que para mí todas estas instituciones tienen el gran valor de preservar una parte de nuestro patrimonio que de otra forma se habría perdido. La pena es que podrían hacerlo mejor, sin sostener falacias aceptadas sino sacando pecho de las evidencias, que las hay y están en prestigiosas revistas científicas, señalando otra realidad histórica. No puedo entender ese miedo a reivindicar una Historia real, que encima deja a los antiguos peninsulares como grandes precursores culturales y no como meros indigentes culturales, imitadores mediocres de toda influencia externa. Y dado que he dicho un aspecto negativo de este museo diré dos positivos: en uno de los paneles se habla de la cerámica neolítica y se dice que la cerámica a la almagra será típica del área andaluza (cierto, pues se considera creación de allí) y al hablar de los íberos se señala: “Entre los siglos VII y I a.C., en el Levante de la Península se desarrolla una cultura dinámica y de rasgos muy originales: la ibérica, resultado de una convergencia entre la evolución interna de las sociedades indígenas de finales de la Edad del Bronce y  las aportaciones realizadas por los pueblos del Mediterráneo oriental y central: fenicios, púnico-cartagineses, griegos y etruscos. (…)” Por lo menos se separa relativamente de la concepción que otros museos tienen de los íberos, aceptando que poseen rasgos originales propios, y no que el 80 % de su cultura era “prestado” de culturas mediterráneas, como se viene defendiendo en contra de las evidencias;  ya he mencionado el tema de la escritura, pero qué decir de sus construcciones rectangulares, que se dice casi de forma unánime que toman de los extranjeros, cuando en el mismo territorio donde vivirán los íberos se dio una cultura netamente autóctona, El Argar, que construyó casas rectangulares y poblados en terrazas entre el 2.200 a.C y el 1.500 a.C., bastante siglos antes de aparecer por las costas peninsulares gentes del Mediterráneo central-oriental. Porque esa es otra, se admite que los Íberos siguen con iguales edificaciones, organizaciones sociales, etc que los argáricos, y sin embargo se es tremendamente reacio a creerlos sus sucesores, dejando un vacío cultural entre el 1.500 a.C. (argárico final) y el siglo VII a.C. (íbero temprano) ¿Por qué? Pues porque de otra forma sería harto complicado atribuir todas las maravillas íberas a pueblos extranjeros que influyeron en ellos, que hicieron sus obras imitando otras del Mediterráneo central-oriental, idea con la que disiento totalmente.


     Otros chascos, y en este caso debemos irnos nada menos que al Museo Arqueológico Nacional de Madrid y a un sinfín de museos regionales y locales españoles. Sigamos con la cultura Íbera. Por todos lados vemos dataciones de estatuas como la Dama de Elche, que encontró un labriego arando su campo, la sacó y siguió con sus plantaciones; la Bicha de Balazote (lo mismo); numerosos toros y leones íberos, siempre  hallazgos fortuitos, encontrados arando los campos. Entonces, ¿en qué argumentos objetivos se basan para datarlas, "sin ninguna duda al respecto", en los siglos V, IV o III a.C.? Soy geóloga y rotundamente digo que no existe un solo método de datación absoluta que pueda decirnos cuándo se hizo una escultura sobre un bloque de piedra. Entonces, ¿qué credibilidad merece esa datación? Porque si se hace en base a prejuicios, al “como me parece que es como aquella, debe ser de igual edad”, eso no es serio ni riguroso, sino una mera chapuza. Lo mismo cabe decir de las “estelas de guerrero”, con frecuencia encontradas fuera de su emplazamiento original, tal vez apiladas en un muro de piedras que separan parcelas, y aún así se atreven a datarlas con total seguridad y rotundidad. Alucinante.


    Detalle de sendas capturas de pantalla de la ficha técnica que nos aparece en Ceres para “estela de guerrero” y bicha de Balazote del Museo Arqueológico Nacional de Madrid. En el primer caso, la estela dicen que se halló en 1858 (o algo antes), que parecía tapar una tumba que no se ha conservado, con un recipiente de cerámica en su interior que se encuentra en paradero desconocido, encontrada en un lugar  concreto indeterminado… y lo fechan como realizada entre 1000-800 a.C., ¿basándose en qué?. En el segundo caso, la Bicha de Balazote, más de lo mismo, pues la encontró un agricultor en sus tierras y se desconoce el lugar exacto en el que se encontraba y el nivel estratigráfico correspondiente… pero lo fechan "exactamente" entre los años 525 -476 a.C., diciendo que perteneció a una estructura turriforme, Es que no salgo de mi asombro.

     Es más, tomemos un libro escrito sobre cualquier erudito en el mundo Íbero. No salgo de mi asombro con sus afirmaciones tipo “los Íberos vivían….”, “tal objeto o rito religioso no es propio de la cultura Íbera sino que se tomó de..” (fenicios, griegos, romanos,…) Bien, acudamos al registro arqueológico. Y veremos que tan sólo un 1 % o, estirando mucho, un 5 % de la totalidad de poblados íberos que se sabe que existieron desde Huelva hasta Cataluña se han excavado en su totalidad, el 100 % del asentamiento y su necrópolis? Seamos serios. Ese porcentaje no es suficiente para ser representativo de la totalidad de tribus íberas que existieron. Porque personalmente creo que para nada. Es un porcentaje patético que indica una variedad cultural, étnica y folclórica que ni mucho menos debería servir para atribuirse a aportes extranjeros. Porque esa es otra, vayamos a sus dataciones.

Con frecuencia se me acusa de mezclar culturas de tiempos distintos. Y yo les digo, ¿en serio? Es posible que se desconozca, porque por lo general las dataciones absolutas se suelen dar en Arqueología y por ello se piensa que pertenecen a ese ámbito, pero no es así. Tales dataciones las realizan geólogos o químicos, básicamente porque consiste en estudiar peculiaridades de determinados elementos químicos presentes en los sedimentos y por tanto es el ámbito de la Geología, el mío. Los arqueólogos se limitan a hacer sus dataciones relativas, que como su nombre indica, no se basan en otra cosa que la otorgación de una edad por el juicio (o prejuicios) que tengan, es decir “a ojo de buen cubero”. Pero como eso de datarlas “porque tienen pinta de ser tal” queda poco serio (que en verdad lo es) pues se le dice “datación relativa” y parece hasta riguroso, cuando no lo es en absoluto.

Las dataciones que clavan la fecha de realización de un objeto se basan en distintas técnicas y se denominan dataciones absolutas porque en teoría lo son. Estas dataciones suelen realizarlas laboratorios especializados en el análisis geoquímico de los sedimentos, en concreto de determinadas sustancias. Pero como todo, tienen sus limitaciones. Por ejemplo, para materiales orgánicos se suele utilizar el llamado “método del carbono 14”, que analiza la proporción de “carbono 12/carbono 14” y en función de la proporción que presenten, tendrán una edad (más apropiadamente, hará tanto tiempo desde que murió, y por tanto se puede deducir cuándo falleció). Dicho esto, prestemos atención a los detalles porque lo que se data es cuándo murió ese ser vivo. Por ejemplo, si cogemos un trozo de madera de una barca y la datamos, nos dará la fecha aproximada de cuándo murió el árbol en cuya madera se talló la embarcación pero ¿y si, pongamos por caso, fue una canoa que encontraron en un dolmen o un enterramiento anterior y se la adjudicaron por creencias rituales? Es un asunto delicado. Pero no es este el único problema ya que se parte de la premisa de que todos los seres vivos tenemos en vida igual proporción de carbono 12/carbono 14, algo que no es cierto, pues la personas que se alimenta casi totalmente de pescado y algas tendrá una proporción muy distinta del que se alimenta de caza, de carne. Si ambos murieran, nos darían por válidas dataciones de que vivieron en tiempos distintos, cuando no es cierto pues eran contemporáneos. Y esto es sólo un ejemplo, porque una talla de madera enterrada en sedimentos está expuesta a las aguas subterráneas, que proceden de las aguas de lluvia que se filtran disolviendo minerales y por tanto aportando nuevo carbono al original de la madera, cambiando su concentración y proporción de carbono 12/carbono 14. ¿Cómo resolverlo? Estableciendo unos valores generales de la proporción de carbono que había en cada tiempo. Estos valores estándar se sacan de los estudios geoquímicos de varvas glaciares (depósitos sedimentarios de antiguos lagos glaciares), de sondeos de hielos milenarios, sacando datos, contrastándolos con los de otros lugares y así sacando unos valores de carbono estándar para cada época. Estos valores deberán sumarse o restarse a las dataciones absolutas de cada nivel estratigráfico obtenido y el resultado de este proceso nos da las “dataciones calibradas” que deben usarse en cualquier estudio serio y riguroso de Arqueología.

Y  me pregunto cuantos de estos estudios hay para cada yacimiento íbero “estudiado”, con frecuencia excavado solo entre un 10-25 %  ¿Un 3 %? Y de éstos ¿cuántos presentan dataciones absolutas calibradas, posteriores al año 2000? Me refiero a este año en concreto porque se encontró un error en los estudios de las calibraciones que obligó a recalibrar lo calibrado; por ejemplo, los restos de Atapuerca que sirvieron para describir al nuevo taxón Homo antecessor requirieron un reajuste, un calibrado, siendo más antiguo de lo que en principio se consideró. Si llegan a un 0,5% ya sería para emocionarnos.

Y con todo, se sigue ignorando un error que todos los geólogos debemos reconocer pero que prefiere ignorarse por ser “lo menos malo”, y es que estas calibraciones se realizan tomando como ciertos estos valores de proporciones de carbono atmosférico estándar, al ser valores parecidos obtenidos en distintos lugares del planeta para una misma fecha o edad. Pero a poco que reflexionemos veremos que hoy no tenemos los mismos valores de CO2, CO y otras sustancias con carbono en los cielos de Madrid, Burgos, Barcelona, Bombay, Dubai, Chicago, Santiago de Chile … o Ushuaia, por decir unos cuantos ejemplos. Rotundamente no. Porque depende no ya del tráfico, la quema de combustibles fósiles, sino de parámetros como la cantidad de incendios forestales, de emisiones volcánicas que haya en la zona, de la alimentación que sigan … e incluso de detalles tan insignificantes como si para hacer harinas las culturas antiguas empleaban molinos de carbonato, por ejemplo (de caliza, mármol, etc) que en parte se mezclaba con el grano triturado y se ingería.

En fin, que como vemos no existen dataciones infalibles pero insisto en que las absolutas son las menos malas, mucho más certeras que las nefastas dataciones relativas a las que tan aficionados son los arqueólogos e historiadores españoles, y que tan en retroceso están en el extranjero, donde se apuesta crecientemente por distintos tipos de dataciones absolutas e incluso de varios métodos de ellas para encontrar la edad más exacta. Así, evitan que se den casos como los de las pinturas rupestres de Maltravieso, que los académicos estimaban que databan (por datación relativa, es decir, “a ojo de buen cubero”) del 12.000 a.C. o tal vez del 25.000 a.C., y que la datación absoluta ha evidenciado que poseen más de 40.000 años de antigüedad, siendo las pinturas rupestres más antiguas conocidas hasta hoy.

 

                Dicho esto, me gustaría saber la razón por la que nuestros museos arqueológicos y centros de interpretación de yacimientos arqueológicos tienen tal empeño por decir cosas que no son, sostener dataciones inventadas y seguir difundiendo la idea de que todo avance cultural llegó  a la Península Ibérica de fuera, ninguna se creó aquí. Llevan incluso la contraria a las corrientes de pensamiento extranjeras que, por ejemplo, admiten que la cerámica campaniforme surgió en la Península Ibérica, dio lugar a diversas tipologías y se difundió por el resto de Europa y parte del norte de África. Esta idea la sostienen arqueólogos rusos, franceses, alemanes … pero españoles no, en esto callan y se limitan a decir que es cerámica campaniforme. Juegan incluso con medias verdades señalando aportes importados de fuera de la Península Ibérica en la vitrina donde hay cerámica cardial (decorada con ayuda de los relieves de un bivalvo, Cardium) y cerámica campaniforme; así se hace creer al confiado visitante que lee el panel que ambas cerámicas llegaron “de fuera” cuando lo cierto es que solo lo hizo la cardial, pues la campaniforme es netamente peninsular. No dejo de preguntarme qué ganan con esta actitud obsoleta ¿cobarde? que caracteriza a los habitantes peninsulares como auténticos descerebrados incapaces de producir ninguna novedad cultural, negando encima las evidencias arqueológicas que señalan todo lo contrario.

                En la misma línea, el siguiente ejemplo, donde un panel señala que la cerámica campaniforme es “característica del Occidente de Europa” ¿Por qué esa media verdad?  Quedaría mejor, y haría honor a las teorías arqueológicas actuales (y evidencias) decir “de creación peninsular, difundida poco después por toda Europa, vía las rutas comerciales” Porque bien se dice en todos los museos (incluido éste mismo) que la cerámica a torno es fenicia, en lugar de indicar que la cerámica a torno es característica de toda Europa a partir del siglo VIII a.C.

 

          Eso cuando no se toma al visitante directamente por pardillo. Fue mi caso cuando toda emocionada me dirigí a visitar el fabuloso yacimiento de Alarcos (Ciudad Real), donde me consta que hay un Oppidum íbero (poblado amurallado), bella iglesia cuyo rosetón estrellado sopesé poner en la portada de mi libro de las Vírgenes Negras, y donde aconteció la batalla previa a las Navas de Tolosa, en la que los grandes ejércitos almohades y cristianos midieron sus fuerzas. Ahí es nada; esperaba encontrar un museo con maravillosos ejemplos de armaduras árabes, yelmos cristianos, armas, protectores de los caballos e incluso, con algo de suerte, las banderas de los bandos enfrentados, pero ¿qué encontré?: cuatro o cinco puntas de lanza, de hierro, oxidadas…eso es todo. Ni copas, platos, herraduras, monedas,… nada (un maravedí de oro de Alarcos, un plato decorado con la mano de Fátima y unas puntas de lanza de hierro se conservan en el Museo de Ciudad Real). Nada de los íberos, salvo una réplica de la estatua rota de una esfinge que se conserva en el Museo de Ciudad Real, en la sección de Arqueología, junto a un casco íbero espachurrado que se encontró en un campo de labor y unas falcatas. Menudo chasco. Pero es que luego hablé… con gente y me dijeron que en diez años solo se han excavado cuatro tumbas árabes y que un grupo de tumbas muchísimo más valiosas, al ser las más antiguas encontradas en Alarcos, se hallaron de nuevo de manera fortuita, por un agricultor que trabajaba sus tierras en una finca privada, fuera de los límites del yacimiento, en la falda de la colina… Eso sí, expoliadores se encuentran a todas horas, con detectores o sin ellos. Lo cierto es que el lugar se antoja una especie de Troya por excavar, con distintos niveles culturales unos sobre otros, aguardando a que se encuentren sus tesoros…o se expolien y vendan en el mercado negro, que me da que es lo más seguro, ante la inacción de autoridades y demás.

                No obstante, a bombo y platillo anunciaban por todas partes el nuevo Centro de Interpretación del yacimiento de El Cerro de las Cabezas, junto a Valdepeñas, a la que consideraban “la Pompeya íbera” pues durante una etapa de revueltas bélicas los romanos levantaron sobre el poblado íbero sus construcciones defensivas, de modo que el pueblo quedó preservado para la posteridad, tal cual se dejó de un día para otro. “Fabuloso”, pensé, “una auténtica ventana al pasado íbero”… Toda mi ilusión se desplomó a mis pies cuando leí  entre otras cosas el siguiente artículo (pongo la parte que más me sorprendió):

 
           Es decir, que tras 24 años (que se dice pronto) excavando el yacimiento, y sin encontrar necrópolis alguna, presuponen sus ritos religioso-funerarios y su pieza estrella es… (lo dicen en distintas noticias de prensa local) una rueda de carro. Todo lo demás son maquetas, suposiciones y reconstrucciones. Pues estupendo. Si eso es todo lo que ha dado de sí en 24 años “La Pompeya íbera”, con todo conservado tal cual estaba siendo usado… y no ha proporcionado una sola pieza de metal, creo que algo no cuadra… Pero claro, si solo se conoce un 8 % del yacimiento me planteo si no habría sido mejor para el conocimiento de la Historia invertir el dinero del Centro de Interpretación en más excavaciones, y aguardar a tener al menos el 60 % excavado antes de atreverse a decir cómo era y qué costumbres y creencias compartían sus gentes. Fuente: aquí.

         Y luego dirán que la que especulo soy yo …

                 Vuelvo a recalcar que cuando menciono estos casos no es para destacarlos en negativo, sino para poner como ejemplo el mensaje que quiero transmitir. Insisto que en todos los casos, tanto museos como centros de interpretación gozan ya de entrada de mi respeto, por preservar y proteger un patrimonio que de otro modo se habría perdido. La pena es que no actualicen la información, que se pierdan fondos económicos y tiempo (décadas) para excavar apenas un 10 % de un yacimiento y se caiga en el error de que tan escaso porcentaje realmente es representativo de una cultura, tanto, como para hablar con absoluta certeza de sus peculiaridades y defectos, atribuyendo hallazgos a culturas extranjeras y no a las autóctonas. Porque tal vez, algo más de interés por realmente dar con la verdadera Historia nos llevaría a encontrar que muchos de tales objetos se crearon y salieron de la Península Ibérica al Mediterráneo, en lugar de creer que todo llegó de fuera. En este sentido, admiro a egipcios, turcos e ingleses, pues con ellos cada hallazgo arqueológico supone reescribir la Historia, otorgándose ellos el papel protagonista, innovador y civilizador, difundiendo al mundo ideas, objetos y ritos por ellos creados. En cuanto a los ingleses, todo cuánto encuentran es único: un barco funerario vikingo, una escuela de gladiadores, unas cartas de legionarios romanos… y el mundo los escucha asombrados. Todo lo contrario de España, donde a tenor de nuestros especialistas todo son copias chapuceras de objetos “de fuera” realizados encima tardíamente.

                No obstante, como valoro la crítica constructiva por encima de todo, hay otros estupendos ejemplos del buen hacer. Es el caso del museo que se encuentra junto al maravilloso castro galaico-romano de Villalonga/Vilalonga, en Castro del Rei (Lugo, Galicia). Ahí todo el castro está excavado, se puede caminar por él (una auténtica gozada) y el museo se limita a hacer un estudio serio y riguroso, mostrando lo hallado pero sin juicios de valor. Pondré un ejemplo donde se observa tanto cerámica romana sigilata producida en la Galia como la producida en distintas zonas alfareras hispanas; todas ellas “de igual a igual”, y preciosa cada una por su peculiaridad y diferencias en el decorado.


                Cierto que los paneles están totalmente en galego, pero se han elegido palabras muy similares al castellano, perfectamente entendibles, y si hay alguna duda se pregunta al personal del museo, que es muy atento y en un segundo te lo aclaran aportando incluso más información de la que figura en los paneles (y es que lo diré mil veces, para mí las lenguas peninsulares siempre suman, son un aporte enriquecedor más, pero detesto cuando tratan de usarlo como “un arma excluyente”, tan de moda últimamente en la zona de todo el Este peninsular, salvo Murcia).

                Otro museo que me resultó una verdadera joya fue el Museo del Hombre, de Santa Cruz de Tenerife (Canarias), en todo su contenido (desde fósiles, minerales y meteoritos, hasta el contenido arqueológico y etnográfico).

                Finalmente, para todos aquellos que critican que señale alguno de mis logros académicos, exigiendo humildad (eso, los educados, pues en las redes sociales se pierden las formas con una facilidad pasmosa), no dejo de asombrarme con ese igualitarismo tan absurdamente impuesto (pero haciendo tabla rasa a la baja, eso sí); mis logros me enorgullecen porque costó un esfuerzo tremendo obtenerlos y nunca me avergonzaré de ellos. En casi todos los países civilizados, los políticos, por ejemplo, provienen de facultades de universidades con gran competencia académica, siendo inimaginable un político sin más estudios que Bachiller, y nadie parece sentirse ofendido porque otros los muestren sino al contrario, son personas que merecen respeto. Igual que no dejo de reconocer a fontaneros, herreros, arquitectos, relojeros, dietistas… sus méritos, preparación y experiencia, considero en justicia que yo pueda hablar de los míos sin que nadie se ofenda como si les estuviera insultando, porque sería como ofenderse porque se diga la edad, el número de sentadillas que se logra hacer o la montaña que se haya escalado; allá sensibilidades y complejos, pero desde luego yo seguiré orgullosa de mis logros, pues no en vano me considero muy exigente conmigo misma.

jueves, 18 de noviembre de 2021

La cultura más antigua de Europa

        Hasta hace unas décadas, la Arqueología consideraba la primera civilización organizada y bien desarrollada, con innovaciones con respecto a otras comunidades humanas, a la cultura minoica. Los minoicos, también llamados cretenses, fundaron un imperio marítimo que se extendía por las islas del Mar Egeo y mantenían contactos comerciales con otras zonas de la Grecia continental y del Antiguo Egipto.


A la izquierda, una de las salas decoradas del palacio de Knosos, en Creta, donde su descubridor consideró que era la residencia del rey Minos, bajo la cual se encontrarían los laberintos del Minotauro, el hombre-toro que se alimentaba de seres humanos. A la derecha, fresco decorativo minoico donde se observa una de sus grandes ciudades. Algunos investigadores, principalmente anglosajones, creen que se trata de la cultura atlante real, a pesar de que Platón –ateniense que escribió el relato de la Atlántida- la ubicó más allá de las columnas de Hércules, como se denominaba al estrecho de Gibraltar.

 

            La Pompeya minoica es la urbe de Acrotiri, en la isla de Santorini cuyo volcán –al que los antiguos griegos llamaban Tera-, sería el responsable de la decadencia de la cultura minoica.

            La población de Acrotiri –inmortalizada por la catástrofe volcánica del Tera acontecida hacia el 1650 a.C.- nos permite comprobar la arquitectura civil minoica, con calles rectas flanqueadas de edificios de varias plantas, con el cuarto de baño y váteres similares a los que hoy día poseemos en nuestras casas. Por su parte, el palacio de Cnosos (en Creta) nos muestran detalles similares, agua corriente en las habitaciones, eficiente sistema de evacuación de aguas sucias y un conjunto de columnas que sustentan todo el edificio palacial construido de manera que lo hace sísmicamente resistente.

Urbanismo de la cultura minoica, tanto a nivel civil (izquierda) como palaciega (derecha). Repárese en las columnas  en forma de triángulo invertido, con un tronco de madera interno, recubierto de estuco decorado.

 

            Los adelantos de la cultura minoica se materializó en la metalurgia –aunque parece que desconocían el uso del hierro-, la cerámica, la arquitectura la ingeniería –sus buques permitieron constituir un gran imperio del mar-, poseían al menos dos escrituras distintas (lineal A y lineal B), sin contar la jeroglífica del disco de Festo, etc.


             Ahora bien, de nuevo me toca barrer hacia casa cuando vemos que la cultura minoica –la supuestamente primera civilización avanzada de Europa- queda datada hacia el 3.100 a.C. pero todo el conjunto esencial de ésta –Cnosos y Acrotiri- corresponde al 1600-1500 a.C. En España, la cultura de los Millares data del 3.200 a.C.-2.200 a.C. e igualmente contaba con un sistema urbanizado en tres niveles, murallas reforzadas con torreones, estructuras funerarias megalíticas colosales… y todo eso con los escasos yacimientos estudiados (¡qué falta hace Luis Siret!, qué maravillas nos habría mostrado ya, frente a la desidia española por desempolvar el esplendor de culturas pasadas y mirar hacia otro lado ante el expolio generalizado del patrimonio español).

 

A la izquierda, reconstrucción de la puerta principal de acceso a la urbe de los Millares (Almería). A la derecha reconstrucción de uno de los edificios funerarios (tholos). Debajo, reconstrucción del aspecto de la ciudad de los Millares.

 

            No obstante, otros países sí han decidido apostar por poner en valor su patrimonio como elemento que sin duda atrae a un turismo pudiente y de calidad; en este contexto es encomiable la labor de Bulgaria, que ha logrado imponer una revisión de los libros de historia de toda Europa. Todo ocurrió en 1972, durante las operaciones de urbanismo de un polígono industrial cerca la localidad portuaria de Varna, según informan Petko Stoyanov Dimitrov y Dimitar Petkov Dimitrov en su libro “The Black Sea, The Flood and the ancient myths” (2004). Las máquinas se habían topado con casi trescientas tumbas en las que destacaba una de ellas en particular, la llamada nº 43, posiblemente de un jefe tribal o sumo sacerdote, en cuyo rico ajuar funerario habían numerosos elementos realizados en oro. Gran parte de los restos excavados –entre los que se encontraban restos humanos, piezas de sílex trabajado, cerámica, joyas de oro, cobre y conchas marinas- se enviaron al Instituto de Antropología de Bulgaria, en Sofia, procediendo a tomar muestras de los huesos de la necrópolis que han sido datadas por técnicas de radiocarbono en más de 6.000 años de antigüedad (mediados del quinto milenio antes del cambio de era). Esto convierte a las más de tres mil piezas de oro extraídas de la necrópolis de Varna en la evidencia más antigua de metalurgia conocida, dos mil años anterior a las procedentes de Mesopotamia, de Creta o del Antiguo Egipto.

 
                               Detalle del contenido de la tumba 43 de la necrópolis de Varna (Bulgaria).

 

            Por si esto no hubiera sido poco, los arqueólogos de la universidad de Varna, al inventariar el tesoro de esta necrópolis repararon en unas proporciones que parecían alejarse de la mera casualidad. Por ejemplo, una de las placas de oro de forma rectangular presenta una proporción entre su diagonal y el lado corto equivalente al de la proporción entre los dos lados de la Gran Pirámide de Gizah (la de Keops), construida 2.000 años después. De igual forma, hay dos pequeñas figuras idénticas de un toro, realizadas en distinto tamaño y la proporción de las patas de ambas piezas es 5:3, mientras que la proporción entre las alturas de ambas figuras es 22:14, esto es, pi al cuadrado.

 


            Algo más al norte, en Durankulak, se encontró otro yacimiento todavía más antiguo, del VI milenio a.C. Excavado parcialmente, se hallaron el basamento y muros de casas rectangulares de entre 160-180 metros cuadrados cada una de ellas. Los arqueólogos la llamaron “la Troya búlgara” aunque es dos mil años más antigua que la homónima griega.

            Los autores del libro, científicos búlgaros, creen haber dado con evidencias geológicas de un repentino ascenso de las aguas del entonces lago de agua dulce que había en la zona cuando fue inundado por las aguas del Mar Mediterráneo que entraron cataclísmicamente por el estrecho del Bósforo aumentando consideramente el tamaño del antiguo lago que, salinificado, pasó a convertirse en el actual Mar Negro. Los científicos búlgaros estiman que el nivel de las aguas ascendió 60 metros hacia el 6.500 a.C., frente a los investigadores del Instituto Oceanográfico de América que consideran un aumento de “tan solo” 10 metros de elevación de sus aguas, hacia el 9.500 a.C.

Sea como fuere, esta zona que sería un auténtico vergel con abundante fauna, el enorme lago de agua dulce y tierra fértil pasaría a inundarse en parte mientras que las aguas salinas del nuevo mar contaminarían los acuíferos y las tierras, haciéndola inhóspita para el cultivo. Entonces estas gentes emigraron, tal vez hacia Anatolia (en la actual Turquía), Mesopotamia (Próximo Oriente), Egipto o Grecia. Según los científicos búlgaros, serían el germen de las nuevas civilizaciones que allá se desarrollarían.

Dicho esto (con los datos que aparecen en diversas publicaciones), creo de rigor recoger un párrafo del mencionado libro que me intriga pues dice lo siguiente: “The data derived by the relative method indicates as age of 4,600-4,200 BC, while the conventional dating refers the finds to 3,500-3,200 BC. The Durankulak necropolis is dated to 5,270 BC by absolute dating. We think that the dating of the Varna necrópolis is significantly underestimated. According to our opinion, the age of the findings in Varna should be dated to 5,000-6,000 BC.” Que traducido al español viene a ser: “Los datos obtenidos por métodos relativos indican una edad de 4.600-4.200 a.C., si bien la datación convencional los ubica en el 3.500-3.200 a.C. La necrópolis de Durankulak está fechada en el 5270 a. C. por datación absoluta. Creemos que la datación de la necrópolis de Varna está significativamente subestimada. Según nuestra opinión, la antigüedad de los hallazgos en Varna debería fecharse entre el 5000 y el 6000 a. C.”

 

Restos del yacimiento de Provadia (Bulgaria), un asentamiento con 350 habitantes, del 4700-4200 a.C. A la derecha, figurilla procedente de la necrópolis de Varna (Bulgaria).

 

Estos datos son sumamente relevantes porque la datación relativa es la que se viene usando en gran parte de los yacimientos españoles y es sumamente subjetiva (“a ojo de buen cubero”, podría resumirse; esto es, “como otros restos han resultado tener tal edad –generalmente también datados relativamente- pues éstos que se parecen, serán de la misma edad”; es lo que se viene aplicando en las “estelas de guerrero” halladas fuera de su emplazamiento original y en una gran cantidad de restos metidos dentro del llamado “Periodo Orientalizante” que tanto detesto; es una manera de no hacer un trabajo pulcro por parte de los arqueólogos que optan por dar prioridad a sus prejuicios en lugar de aplicarse a tomar muestras no contaminadas de materia orgánica en los estratos por encima y por debajo de la pieza hallada, también en el suyo, mandarlo a un laboratorio donde se aplican métodos de datación absoluta, se calibra y voilá, tenemos su datación fiable y objetiva; o bien, si esto no es posible por las chapuzas que suelen realizarse -casi siempre campañas rápidas de prospección de si acaso un 2 % del yacimiento antes de volver a taparlo y olvidarlo generalizando que lo escaso excavado es lo que da de sí el asentamiento sin tener ni idea de la verdadera realidad-, al menos reconocer que no pueden datarse fiablemente, en lugar de decir que son del periodo Orientalizante, adjudicándoles automáticamente una datación inventada que va a misa…. Así nos luce el pelo, como evidencio en mi entrada sobre las Damas Iberas).

Así pues, “la datación convencional” de la necrópolis de Varna “los ubica en el 3.500-3.200 a.C.”, esto es, contemporánea a la cultura de los Millares del sur de España (pero como el yacimiento almeriense ha sido profundamente expoliado a lo largo de los años y aún hoy, pues los metales han desaparecido, así que no se tiene constancia de la metalurgia de oro o plata en los Millares). Con respecto al asentamiento de Durankulak “está fechada en el 5270 a. C. por datación absoluta.” El problema es que las dataciones absolutas son eso, rotundas, de manera que requieren una adaptación a nuestro calendario, este proceso recibe el nombre de “calibración” y con frecuencia suele rebajar la edad otorgada, según el método empleado, así que posiblemente correspondiera al 5.000 a.C., o 5.100 a.C., más o menos.

Pues bien, aún con esta aclaración efectivamente vienen siendo los restos más antiguos de civilización encontrada en Europa, que sigan estando visitables para ser estudiados y analizados por cualquier investigador. Esto es así porque no lejos de Bulgaria se encuentra la zona de extensión de la enigmática “cultura Vinca”, ubicada en el V-IV milenio a.C. (datación calibrada), de manera que entre ambas compiten por ser las más antiguas del continente europeo, que se tenga constancia.

 

Extensión de esta manifestación cultural y detalle de parte de su cerámica característica (ver aquí  para más detalle).

 

            Los restos hallados de Vinca, al menos sus idolillos, parecen guardan una cierta similitud con los de Varna, por lo que no descartaría que pudieran pertenecer a la misma cultura.

 
          Como puede apreciarse por los agujeros, sin duda las estatuillas de la cultura Vinca debieron también haberse adornado con laminillas de metal, tal vez de oro; por tanto también Vinca desarrolló seguramente avanzados conocimientos de metalurgia.