Mucho se ha hablado de las riquezas del imperio de
Tartessos debido a las numerosas minas que explotaba cuyos metales llegaban a
todos los puntos del Mediterráneo. Las Sagradas Escrituras igualmente mencionan a Tarsis como un país rico y próspero (Ezequiel 27, 25; Isaías 60, 9; Job 28, 1-6; Jonás 1, 3; Reyes 10, 22; Salmo 48, 6-8). Esta idea, compartida por casi todas las civilizaciones contemporáneas de Occidente, provocó una lucha entre ellas por tratar de sacar tajada de ese pastel.
De manera que hacia el siglo VIII-VII a.C., encontramos en las áreas costeras peninsulares un sinfín de colonias de diversos pueblos. Las batallas no tardaron en aparecer, fundamentalmente entre griegos y fenicios, así como entre fenicios y tartésicos, por el control al acceso a estas minas y a las rutas del comercio metalúrgico.
Argantonio, el rey longevo
El monarca tartésico más conocido, posiblemente porque vivió
cuando ocurrieron los contactos comerciales con griegos y fenicios, fue
Argantonio. Hay muchos autores que consideran que el prefijo del nombre alude a
la plata (elemento químico muy común en Tartessos), considerando que
posiblemente “Argantonio” fuera un título otorgado a la realeza, como “Augusto”
en el imperio romano o “faraón” en el egipcio.
El
cronista e historiador Herodoto atribuía a Argantonio una longevidad en su reinado de
ochenta años, algo que destacaba en la antigüedad por la baja esperanza de vida
en ese tiempo de los hombres. Más sorprende aún el poeta griego Anacreonte, al
otorgarle al monarca una edad de ciento cincuenta años (¿será por aquello del
aceite de oliva y la dieta mediterránea?). El historiador alemás Adolf Schulten,
tras analizar las referencias escritas sobre este monarca, supuso que su reinado
se extendió del 630 a.C., al 550 a.C. En la imagen se observa la reconstrucción del rostro representado en una estatuilla de piedra del s. VII a.C., encontrada en la localidad minera de Tharsis (Huelva). ¿Representaba a tan celebérrimo monarca?.
Las minas objeto de deseo
En general, la plata tartésica se extraía del sudeste
peninsular (actual provincia de Almería), de la cuenca alta del Guadalquivir y del sudoeste (Faja Pirítica). Jarras tartésicas hechas en plata se han encontrado
en la tumba etrusca Regolini Galassi.
El oro era muy
abundante entre los sedimentos fluviales (los denominados “placeres”) de
numerosos ríos peninsulares del oeste y del sur.
A lo largo del
curso fluvial del Tajo, los tartesios obtenían oro, plata y cobre. Tal vez por ello, las estelas de guerreros y epígrafes en alfabeto tartésico o sublusitano, son algo habitual en estas tierras.
La denominada
Faja Pirítica -la mayor acumulación de sulfuros del mundo, ubicada en las
sierras de Sevilla, Huelva y Portugal- aportaba gran cantidad de cobre y
estaño. También plata y oro. Cuando el cobre comenzó a ser muy demandado por
las distintas civilizaciones mediterráneas, los tartésicos terminaron adoptando
una novedosa manera de extraerlo en gran abundancia:, mediante el reciclado de
chatarra en bronce. Así, se conocen numerosos hallazgos puntuales, consistentes
en una acumulación de objetos viejos de bronce, principalmente en Galicia,
junto a los cauces fluviales. Por su localización, son numerosos los
historiadores que los consideran chatarra destinada al reciclado, aguardando a
que los navegantes tartésicos acudieran a recogerlos pagando por ellos como los
chatarreros actuales. En este sentido se interpreta también el navío hundido
hallado cerca de Agde (Francia), atendiendo a su cargamento.
De
igual modo, se considera que la acumulación de armas y objetos de hierro
encontrados en el fondo de la Ría de Huelva y fechados en el siglo VIII a.C. estaban destinados al reciclaje.
Todos
estos metales se exportaban en forma de lingotes con morfología en piel de
toro. Algunos autores sostienen que estos lingotes se convirtieron pronto en
amuletos de riqueza, fortuna y prosperidad, por lo que pasaron a transformarse
en piezas de protección frecuentes en la joyería. El tesoro del Carambolo
(Camas, Sevilla) es un buen ejemplo de ello, entre otros muchos donde han
aparecido estos amuletos realizados en distintos tamaños y materiales. Del
mismo modo, un ara de esta morfología, elaborada en piedra se halló en el
templo del Carambolo y en el de Coria del Río, localidad que algunos
historiadores de la universidad de Sevilla consideran que fue la capital del
imperio tartésico. De hecho, en la imagen podemos ver la reconstrucción de la
desembocadura del Guadalquivir en el siglo VII a.C. realizada por el profesor
de Química de la universidad hispalense, Francisco José Barragán de la Rosa.
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