domingo, 10 de mayo de 2015

Novedades sobre Israel


        Estaba charlando con una amiga sobre algunos conceptos de la Cábala y los judíos en general, cuando al aludir a los novedosos descubrimientos ocurridos en los pasados años en tierras de Israel, para mi sorpresa, resultaron de lo más increíble para ella, insistiendo en que los divulgara, pues creía que a muchos les resultarían desconocidos. Así que, haciendo caso a su solicitud, pasaré a comentar esas “novedades” con unos años de antigüedad.

          El primero de ellos se refiere al hallazgo de unos restos egipcios en suelo que actualmente pertenece a Israel. A posteriori, era algo que resultaba evidente, por la cercanía de las tierras palestinas al Egipto faraónico. Recordemos que los mismos judíos se consideraron esclavos de Egipto hasta que Moisés los liberó de su yugo, algo que por el momento y a pesar de las legiones de arqueólogos y políticos deseosos de dar con las evidencias, aún no se ha podido demostrar con restos arqueológicos o crónicas escritas no judías. Con todo, la noticia creó su sorpresa ya que en pleno puerto actual de Jaffa (ahora absorbida por la ingente Tel Aviv) se desenterraron en octubre de 2012 los restos de un asentamiento egipcio en la colina donde se asienta la población y que antaño constituyó parte del puerto y fortificaciones.
            Lo verdaderamente reseñable es la puerta de una de estas construcciones egipcias de la época de Ramsés II (s. XIII a.C.), descubierta ya en 1950 por Y. Kaplan y sospechosamente silenciado el hallazgo (en la imagen, reconstrucción de ésta). Ya en 2012, un conjunto de científicos de distintas universidades de Los Ángeles (USA) y Alemania, así como diversas administraciones israelíes se han interesado por los trabajos realizados por Kaplan, con el fin de difundirlos y proseguir sus excavaciones. Entre los nuevos vestigios encontrados, indudablemente egipcios, se encuentra un escarabeo (amuleto en forma de escarabajo) con el nombre del faraón Amenhotep II (s. XIV a.C.), indicando que este asentamiento no sólo no fue esporádico sino que estuvo en activo por espacio de más de un milenio.

         Por otro lado, está el resultado de análisis genéticos realizados entre judíos de distintas partes del mundo y publicados en 2013 en diversas publicaciones internacionales dando a conocer que el verdadero origen de los judíos se encuentra en el Caúcaso, como la lengua indoeuropea, y no en Oriente Próximo. De acuerdo con el artículo publicado por el genetista Eran Elhaik en “Genome Biology and Evolution”, por ejemplo (picar aquí para ver el resumen/abstract -está en inglés- del trabajo concreto  y aquí para ver otra publicación científica comentando los nuevos descubrimientos del trabajo anterior, también en inglés), la población judía parece proceder de una amalgama de clanes turcos que se asentaron en el Caúcaso y convertidos posteriormente al judaísmo hacia la octava centuria. De hecho, buena parte de los judíos actuales ni siquiera lo son al 100 % ya que presentan un genoma conformado por material genético de estos clanes turcos, mesopotámicos, europeos (indoeuropeos) y de ancestros semíticos. En otras palabras, la idea sostenida hasta ahora de que el grueso de la población judía desciende de las 12 tribus de Israel, a la luz de la Ciencia y concretamente de la genética, ha resultado ser errónea ya que el componente semítico es muy inferior en genes al caucásico (y concretamente turco). Para ver más grandes los diagramas, picar una vez sobre la imagen.


          Es más, en el propio Israel, un 50 % de los judíos desciende de sefarditas (judíos españoles expulsados por los Reyes Católicos contemporáneamente al descubrimiento de América), de judíos del Mediterráneo Oriental y de mizrajíes (judíos del norte de África y de Oriente Medio).  Por tanto, fueron estos clanes turcos los que realizaron la Diáspora, desplazándose hacia el oeste hasta extenderse por todo el continente europeo. Esta evidencia confirma la llamada “hipótesis Khazarian”, propuesta por Arthur Koestler en 1976, en su libro “la decimotercera tribu” señalando a esta amalgama de tribus turcas (conocidos en conjunto como Kázaros) como el origen del Pueblo Judío fuera de Oriente Medio, contradiciendo a la “hipótesis Rhineland” que ponía el origen de los judíos europeos en un grupo hebreo aislado genéticamente en Alemania (llegado allí en el siglo VII d.C. cuando los musulmanes invadieron Palestina), que avanzó hacia el este extendiéndose por el continente europeo. Como era de esperar, se abrió la caja de Pandora y los debates sobre esta cuestión han surgido como setas tras una tormenta, con todos los objetivos e intenciones.
        Con respecto a los sefarditas, los judíos españoles expulsados en el s. XV, Elhaik no puede precisar mucho acerca del posible origen concreto de estas comunidades debido a que tras la expulsión de la Península Ibérica deambularon por diferentes lugares, mezclando sus genes y así, en cierta forma, enmascarando la historia que su contenido genético pudiera decir. Por cierto que respecto a los sefarditas, debemos recordar que hasta ahora el hallazgo más antiguo de judíos en la Península Ibérica sigue siendo la lápida fragmentada hallada en 2012 entre los restos de una villa romana cercana a la actual Sao Bartolomeu de Messines (Silves, Portugal) y datada hacia el s. II d.C., con una inscripción donde se puede reconocer el nombre israelita de Yehiel (en la imagen), de acuerdo con el arqueólogo catalán Jordi Casanovas Miró.

  

       Para finalizar esta tanda de noticias curiosas relacionadas con Israel, quiero mencionar que curiosamente la Torá más antigua conservada hasta la fecha corresponde a un ejemplar conservado en la universidad de Bolonia (Italia) y, según el carbono 14, de unos ochocientos años de antigüedad.

     Y aunque me duela terminar con una mala noticia, es de celebrar la arriesgada y valiente decisión tomada por numerosos ex-militares israelíes que han decidido dar la cara para decir públicamente que recibieron órdenes claras de disparar a matar a palestinos de Gaza, sin distinguir entre civiles o milicianos, sometiendo las zonas fronterizas a continuos bombardeos para luego desalojarlos por la fuerza con el fin de conquistar territorio para la instalación de población judía (más información aquí). Duele ver cómo un pueblo que lo ha pasado tan mal durante la Segunda Guerra Mundial a manos de los nazis, se convierta ahora deliberadamente y en la supuesta Tierra Prometida, en verdugos y ejecutores de los más violentos actos contra la población palestina que vivía felizmente en sus tierras y en su país hasta que llegaron ellos.


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