Hoy voy a tocar un
tema polémico, que pese al acoso oficial de su uso, hay una gran parte de la
sociedad que se resiste a abandonarlo. ¿Hay motivo para ello?. Hay que tener en
cuenta que inhalar humos o vapores de plantas aromáticas es tan antiguo como el
ser humano. Nuestros padres y nuestros abuelos podrían contarnos las veces que
inhalaron vapores de eucalipto o de menta como tratamiento de las enfermedades
broncopulmonares o para purificar la atmósfera de las habitaciones de estos enfermos,
de la misma forma que se usaba la quema de resina de pino y de incienso para
purificar los ritos religiosos. Plinio ya citaba que los bárbaros fumaban
hierbas narcóticas. Los escitas asiáticos pulverizaban cáñamo sobre piedras
calientes y aspiraban su aroma para alcanzar un “nivel trascendental”. Los
mismos indios americanos utilizaban hierbas aromáticas en la ceremonia de la
“pipa de la paz” como lazo de amistad entre diferentes tribus. E incluso entre los restos prehistóricos de
varias cuevas –con pinturas rupestres, ¿fueron realizadas para inmortalizar las
visiones de los chamanes tras “colocarse”?- se han hallado semillas de amapola
y de otras especies vegetales ricas en sustancias opiáceas.
Cristóbal
Colón, en octubre de 1492, cuenta que los indios americanos les regalaron ciertas
hojas secas, a las que no dio valor alguno. En diciembre, en una isla de Haití,
denominada “Tobago” observó como los indígenas “chupaban con deleite el humo producido por unas hojas, enrollada en
forma cilíndrica y encendida por el otro extremo”. Fue el español Hernández
de Oviedo, el primero que describió esta planta en su “Historia Natura de los Indios”, en 1535, indicando que “el tabaco”
era un factor muy importante en su medicina y en su mitología. En España su uso
comercial comenzó en ambientes portuarios y de bajo nivel económico. Los
portugueses lo introdujeron en el norte de África y en China. Los mercaderes
judíos lo introdujeron en el siglo XVI por todo el Mediterráneo. Los turcos lo
introdujeron en Europa y ya en el siglo XVII su cultivo era universal,
superando al del tomate y al de la patata. Nunca se pudo explicar de forma
razonable este despegue ya que desde el principio, como ahora, todos los
poderes públicos estaban en contra, incluyendo la Iglesia y muchos reyes. La
misma Inquisición lo denominó “producto infernal”, ya que venía de países
salvajes y lo fumaban salvaje. Pero todo lo aguantó hasta que en 1850 se
permitiera fumar en público. A partir de entonces su empleo fue imparable. Hubo
países como la Inglaterra de Jacobo I que admitía como pago a su comercio,
tabaco (con un valor equivalente al de la plata).
Su
consumo fue exponencial y más aún cuando algunos investigadores le asignaron
acciones curativas. Se usó como analgésico contra las cefaleas, contra las
úlceras, las fístulas, como antiparasitario intestinal y como antiasmático
asociado a la belladona y el estramonio, molido se usaba como estornutatorio.
Posiblemente, dada la toxicidad de la nicotina, se produjeran muchas muertes,
pero éstas se achacaban a la enfermedad, nunca al “remedio”.
En
1855 se inventó la máquina de liar cigarrillos y su consumo se disparó al
facilitarse su comercialización. Rápidamente aparecieron grandes empresas
tabaqueras: la American Tobacco Company en EEUU y la Imperial Tobacco Company
en Inglaterra y en 1910 la compañía mixta British-American Tobacco Company que
llegó a tener tal crecimiento que el Tribunal Supremo la obligó en dividirse en
cuatro compañías. Una de ella, la Reynold, llegó a controlar el 40% del consumo
mundial introduciendo una propaganda atractiva: “tabaco americano con sabor oriental” e introduciendo en la
cajetilla la imagen oriental de un supuesto camello (y uso el término
“supuesto” dado que a pesar del nombre de la marca –Camel- el animal de la
cajetilla tiene una joroba y por tanto es un dromedario –característico de la
Península Arábiga-, no un camello, que tiene dos jorobas y es propio de Asia
Central, especialmente el desierto del Gobi; es como llamar “puma” a una marca
cuyo logo muestra un tigre, asiático). Así nació la marca Camel, a la que le
siguió, Chesterfield, Lucky Strike, Phillips Morris…, todas sin filtro, que
rápidamente saturaron el mercado. Pronto se comenzó a vislumbrar que el tabaco,
por su composición, podía producir enfermedades. En la década de 1960-70 se
empieza a introducir los cigarrillos con filtro, con menos contenido en
nicotina y en alquitranes. Pero aunque la venta aumenta, cada día son más las
revistas que relacionan fumar con padecer determinadas enfermedades. Algunas
empiezan a investigar relaciones directas y otras señalan que cada año, en la
década de los 60 el tabaco produce más muerte que el total de la Segunda Guerra
Mundial, pero extrañamente no se toman medidas al respecto.
Cajetilla
de la marca Camel (izda); dromedario típico de las zonas áridas de África y
Oriente Próximo (centro) y camello (dcha) en una carrera tradicional de los
pueblos mongoles. Como se aprecia, los camellos tienen pelo largo y grueso, como sus parientes las Vicuñas sudamericanas, para resistir las bajas temperaturas de Asia Central.
También
hay que tener en cuenta que hay diferentes tipos de tabaco en función de las
distintas especies de plantas del género Nicotiana
o del M.tabacum pertenecientes a la
familia de las solanáceas, originaria de América. Cada una de las especies de
este género comprende un gran número de variedades, de ahí las diferentes
variedades de tabaco. Destacando el Maryland, el cubano, el de Virginia, el
Burley, el griego, el de Kentucky, el chino, el turco, el brasileño…en función
de la especie utilizada. En España el que más se cultiva es el Maryland,
Virginia, Kentacky y el Valencia, con especie propia.
El
problema del tabaco es el gran número de sustancias tóxicas y potencialmente
tóxicas, tras la combustión, que alberga. Aunque el 80% de la planta en
principio es agua, tras el secado se reduce hasta una proporción que va desde
el 12 al 24%. Una vez secado hasta un 89% de la materia pueden ser sustancias
orgánicas, como carbohidratos, sustancias nitrogenadas como amoniaco, aminas, aminoácidos,
bases volátiles, nitratos, alcaloides (entre los que se encuentra la nicotina)
y hasta el 25% pueden ser cenizas (contra más porcentaje de ceniza su calidad
es peor), además existen otras sustancias en el tabaco o en el papel como
fenoles, ácidos carboxílicos, sustancias aromatizantes, saborizantes,
colorantes, humectantes…muchas de ellas añadidas en el tratamiento industrial
para eliminar posibles hongos, o darle al tabaco una determinada coloración, un
determinado olor o sabor, una textura…, por ejemplo, el tabaco puede ser rubio
o negro según el color de la hoja. La moda ha impuesto el rubio. Si pretendemos
obtenerlo del negro se tendría que utilizar productos más tóxicos y suele
llevar más nicotina. Aunque se procura
que las sustancias utilizadas no sean muy tóxicas, o sean poco tóxicas, nadie
puede prever el resultado de la combustión de tantos componentes químicos
juntos, reaccionen o no entre ellos, ya que en una reacción química los
productos que se obtienen suelen ser diferentes a los iniciales y ahí el
control es costoso y difícil.
Las
empresas tabacaleras reaccionaron rápido a las cada vez más numerosas
publicaciones que señalaban que el tabaco podía matar, lanzando impactantes
campañas publicitarias que asociaban el fumar sus marcas con el estilo de vida
“de hombre duro” (cowboy) o de éxito. Incluso se le dotó de connotaciones
sexuales: el hombre que fumaba era más apuesto y más ligón que el no fumador,
teniendo más encuentros sexuales. Son numerosos los autores que sostienen el empleo
de publicidad sublimizar, añadiendo un hombre con su miembro erecto al dibujo
de la marca, asociando su potencial sexual con el fumar esos cigarrillos.
También
se debe tener en cuenta las diferentes técnicas de elaboración utilizada. El
tabaco curado en atmósfera artificial (el 35% del usado), como el inglés y el
americano tipo Virginia, son hojas de color amarillo con alta tasa de
alquitranes y nicotina. El tabaco curado al aire, tipo Burley, lleva demasiadas
sustancias aromatizantes. El tabaco curado al fuego se emplea para rapé (tabaco
en polvo, se llevaba en una cajetilla y se aspiraba por la nariz, como toque de
distinción social), pipa y para mascar, tiene excesiva concentración de
nicotina… Porque es ésta la sustancia de mayor toxicidad en el tabaco, tanta
que los organismos sanitarios de los países obligaron rebajar su concentración
en los cigarrillos. Actuación ésta que molestó bastante a las industrias
tabaqueras por lo costoso de la operación, lo que hizo que se controlara
específicamente su concentración a la hora de la importación de tabaco. Y no
siempre las industrias tabaqueras lo hacen. Cuando la concentración de nicotina
es excesiva, se pretende introducir este tabaco tóxico por otras vías. Me
refiero al contrabando, muy arraigado en el Campo de Gibraltar y en el Peñón.
De ahí que conviene controlar la compra de “tabaco de contrabando” porque
creyendo que se adquiere un tabaco más genuino y con más calidad y sabor, no
pensamos que posiblemente también estamos comprando mas veneno. Las malas
lenguas dicen además que debido a las prohibiciones de fumar y las constantes
campañas sanitarias alertando del peligro del tabaco, en USA, ha supuesto
grandes pérdidas económicas para las empresas tabaqueras (se llegó a prohibir
que los actores salieran fumando en las películas), éstas apostaron por vender
fuera de Estados Unidos el tabaco con mayor contenido de sustancias adictivas
–principalmente, nicotina-, a fin de cuadrar las cuentas globales al término de
cada ejercicio económico.
Algunos
de los 4.700 productos químicos que contiene el tabaco de fumar. 600 de ellos
son adictivos, 43 son cancerígenos comprobados, mientras otras sustancias son
tóxicas, de mayor o menor agresividad. Entre los componentes encontramos
sustancias radiactivas como el Polonio, tóxicas e irritativas como la acetona
(principal componente de los quitaesmaltes), o el benceno de la gasolina, el metanol
y metano de los carburantes, el tolueno del pegamento rápido, la naftalina de
los antipolillas, el cloruro de vinilo de las bolsas de plástico de los
comercios, el formaldehído de los extintores contra-incendios, el monóxido de
carbono que ha causado tantas muertes al inhalarlo de los tubos de escape de
vehículos en garajes mal ventilados, el estireno de los neumáticos, …Por citar
sólo algunos. Si se pica sobre la imagen, se verá más grande.
Es
tan alta la toxicidad de la nicotina que esta sustancia tiene el honor de haber
sido el primer insecticida industrial de la historia. Se puede obtener de un
jugo de tabaco concentrado que al destilarlo permite separar fácilmente la
nicotina como un líquido oleaginoso que se disuelve fácilmente en agua o en
alcohol. Es un veneno muy violento, igual que el acido cianhídrico que se
utilizaba en las cámaras de gas de los campos de concentración nazis. Una gota
de él, colocado en la córnea de un conejo, lo mata al instante. A un perro lo
mataría con una dosis de 1 mg (0,001 gramo) por kg (1000gramos) de peso del
animal. Una dosis de 200 a
300 mg (0,2 a
0,3 gramos)
mataría a un caballo. Matemáticamente, una dosis de 0,5 – 1 mg por cada
kilogramo de peso mataría a un ser humano (10 mg sería suficiente para matar a
una persona de 70 kilos de peso, esto es, 5 cigarros que tenga un 1,5% de
nicotina). No obstante, hay que tener en cuenta que la escasa absorción
digestiva de la nicotina en el tabaco alteran estas cantidades, por otro lado,
la combustión de la nicotina al fumar un cigarro, destruye gran parte de la
cantidad de la nicotina que hay en él, y aunque produce sustancias toxicas para
el organismo como acroleína, cianuros, benzopirinas, nitrosaminas (un producto
altamente cancerígeno), acido cianhídrico, arsénico, nicotina…., sus efectos
dañinos no son tan a corto plazo. Hay que tener en cuenta que en el humo del
tabaco existen más de 3.000 sustancias, muchas de ellas tóxicas, que varían
según el tipo de elaboración usado, además de monóxido de carbono, que en el
organismo desplaza al oxigeno en su transporte sanguíneo produciendo algunos
fenómenos de “asfixia química” en las células de nuestro cuerpo.
La
nicotina de los puros está en forma de sales básicas que se disuelven en la
saliva y se absorben por la mucosa bucal, de ahí que se pueda obtener nicotina
sin inhalar profundamente. En los cigarros está en forma de sales ácidas, no solubles
en la saliva ni absorbible (la nicotina) por la mucosa bucal, pero cuando el
humo llega a los alveolos pulmonares en ellos se absorben la nicotina y las
demás sustancias tóxicas; la mitad del humo inhalado queda retenido en los
pulmones y en partículas diminutas se depositan en las paredes de los bronquios.
El resto del humo inhalado va a la atmósfera. Del humo que le llega al no
fumador se absorbe un 5% aunque no inhale el humo. Si lo inhala se absorbe el
70% de la nicotina presente y si mantiene la inspiración o realiza una
inspiración forzada, puede llegar a absorber el 95%.
La
nicotina que introducimos en el cuerpo se fija primero en el celebro y después
en los demás órganos. Es transformada en el hígado y eliminada por la orina, la
saliva y la leche. Hace contraer los vasos sanguíneos de las extremidades,
eleva la presión sanguínea y aumenta el ritmo del corazón (crea hipertensión).
El sistema digestivo y el movimiento muscular lo acelera al principio y lo
enlentece después. Este aumento del ritmo cardiaco enviando más oxígenos a los
órganos da una sensación de bienestar que hace que el cuerpo reclame esta
droga. Además produce múltiples efectos negativos en el organismo: impide la
absorción de la vitamina C, clave en las funciones de defensas inmunológicas
del organismo; alteran la efectividad de los analgésicos, debilita la acción de
los sedantes…
En
la combustión de un cigarro aparece una especie de alquitrán (visible por su color
pardo en el filtro, uñas y dientes de los fumadores y perfectamente visible, al
concentrarlo, si se usa boquilla para fumar) que está formado por una mezcla de
productos tóxicos de combustión de las sustancias naturales que lleva el
cigarro más las añadidas en el tratamiento, manufactura y en el papel, que va
acompañado de parte de la nicotina (el 24%
que no se ha quemado), de sustancias volátiles estables térmicamente
como monóxido y dióxido de carbono, monóxido de nitrógeno, metano y otros
hidrocarburos y micro partículas. La mayoría de ellas son tóxicas para el ser
vivo. Allí encontramos las nitrosaminas, los carbazoles y los hidrocarburos
aromáticos, todas ellas cancerígenas; la piridina y derivados, muy tóxicas para
el sistema nervioso central; elementos metálicos como cinc, cromo, cadmio… que
libres o en sales producen, además de enfermedades pulmonares como enfisemas,
tumores y cáncer en diferentes tipos de tejidos.
Esto
es una reducida muestra de lo que puede producir ese enemigo silencioso que
puede actuar más rápido o menos rápido, de mayor o menor grado en el ser vivo,
en función de la estructura y de las características biológicas del organismo.
Aunque
los cigarrillos tradicionales son mortales, tampoco los cigarrillos
electrónicos están exentos de polémica pues faltan análisis a largo plazo para
constatar sus efectos en el organismo humano. Aparte, aunque contienen
muchísimas menos sustancias tóxicas y adictivas, presentan parte de ellas, con
el fin de mitigar la adicción que sufren los que dejan de fumar.
No
es nada extraño que las autoridades sanitarias le hayan declarado la guerra,
porque solo en tratar las enfermedades que produce, gasta el Estado (es decir:
nosotros), cada vez más cantidad de dinero. En el año 2009 el sistema sanitario
español gastó un total de 5.444 millones
de euros (gastó 14.700 millones y recaudó por su venta 9.266 millones) para combatir los cuadros clínicos asociados
al tabaco. En esa cantidad no se recoge los 530 millones de gasto que se estima
provocó el tabaquismo pasivo. Gastos que siguen aumentando. Los estudios
económicos realizados al respecto en 2014 han desmentido que el gobierno, a
pesar de la gran subida de precio, recaude muchos impuestos con el tabaco. Hablando
sólo del Estado central (no sumamos los gastos de las comunidades) el Gobierno
Central superó los 8000 millones de euros en la lucha contra el tabaquismo recaudando
algo menos de la mitad en impuestos por venta de tabaco y eso que de una forma
u otra el 80% del precio que pagamos por una cajetilla acaba en manos del
Estado. También aquí el tabaco es un serio enemigo.
Sus
alternativas hasta el momento –tales como los parches y chicles de
nicotina, o el cigarrillo electrónico-
tampoco están libres de polémica, de manera que por el momento el tabaco sigue
siendo la mayor lacra del siglo XXI.
Antes
de finalizar, me gustaría mencionar un hecho que aunque ha sido acallado por no
saber bien qué explicación darle o evitar las fantasiosas explicaciones de
alienígenas o viajes precolombinos del que no hay evidencia alguna. Se trata
del hallazgo fortuito de nicotina en las momias egipcias, confirmando que en
vida consumieron algún tipo de planta emparentada con el tabaco. La hipótesis
más lógica es la que considera que en la antigüedad posiblemente las plantas
del tabaco –y especies próximas, relacionadas- también existieron en Egipto o
en alguna otra parte de Europa o Asia, extinguiéndose más tarde (de igual
manera que parientes del caballo existieron en América, extinguiéndose
posteriormente, hasta que fue reinsertado por los españoles que llegaron al
Nuevo Mundo). Para más datos, seguir leyendo aquí.
Vaya palo nos ha pegado usted. Eso si que es fuego amigo. El jefe elimina el alcohol y usted hace el resto. No obstante ha sido un artículo muy, pero que muy interesante.
ResponderEliminarGracias por su comentario, Sr. Candau. Lamento haberle dado ese disgusto pero mire el lado bueno: cuánto más a fondo se conozcan los perjuicios de algo tan extendido como el tabaco, antes se pondrán soluciones o se buscarán alternativas menos dañinas (esa es mi confianza). Un saludo.
EliminarPero bueno, Valeria, no tome usted partido por los ecologistas, que cada uno es libre de morirse como quiera. ¡Qué solo nos queda el café y ésto !.
ResponderEliminarGracias por su comentario, Sr. Benítez ... y no me tiente que también me sé de perjuicios del café. ¡Todo es ponerse!. Un saludo.
EliminarUn trabajo muy completo e instructivo. Ahora entiendo la presión que hace los medios y el gobierno. Ha sido la gota que me ha hecho abandonar el tabaco. Muy buen artículo.
ResponderEliminarGracias por sus palabras, Sra. Grande. Me satisface mucho que tome esa decisión porque verdaderamente el tabaco no trae nada bueno, ni para usted ni para los que rodean a un fumador. Un saludo.
EliminarNos ha dejado algo más que sorprendido. Jamás hubieramos pensado la carga de profundidad que es el tabaco, Ahora sí que ha montado un buen debate. Un trabajo muy sugestivo y clarificador.
ResponderEliminarGracias por sus palabras, Sr. Montes. Creo que el debate será instructivo y merecerá la pena. Suerte. Un saludo.
EliminarVaya artículo. Eso sí que es terrorífico y no lo que señala del verano. Lo del tabaco era mucho más serio de lo que pensaba. Una entrada muy interesante y clarificadora.
ResponderEliminarGracias por sus palabras, Sr. Armando. Celebro que haya obtenido un conocimiento más real del tabaco. Un saludo.
EliminarNo estoy de acuerdo con lo que señala de que para el gobierno no es rentable vender tabaco, pienso que los impuestos que genera supera con creces a los gastos médicos derivados del tabaco. Creo que cuando el gobierno indican los gastos ocasionados por enfermedades pulmonares, habla de todas las enfermedades producidas por el humo de las fábricas, por el humo de los coches, por la polución de las ciudades y calefacciones, por los productos que echan al campo, por el tabaco, etc., y de esta forma claro que supera a los impuestos del tabaco. No se deje engañar, Valeria.
ResponderEliminarGracias por sus palabras, Sr. Romero, pero me temo que los datos que he aportado, recogidos y analizados de los ministerios de Sanidad y Economía, separaban claramente los gastos derivados de las enfermedades consecuencia del tabaco, de las de otras afecciones y motivos que señala. Pero Sr. Romero, como bien señalaba el Sr. Benítez, no seré yo quien limite a cada cual su derecho a matarse como desee. Lo que sí he creído necesario es compartir la información cierta que a día de hoy se tiene sobre el tabaco. Y allá cada cual, como decía el chiste del amoniaco, pues a mí me gusta. Un saludo.
EliminarTrabajo de gran interés por el tema que desarrolla y expone. Ha producido gran impacto y lo que más nos ha sorprendido es lo que señala sobre la calidad del tabaco de contrabando, tan usual por estos lares. Le ha amargado usted el día a algunos. Realmente nos ha sorprendido mucho. A propósito, espero que no lleve a cabo la amenaza que insinua a Benítez, no nos gustan los bizcochos sin café.
ResponderEliminarGracias por su comentario, Sr. Uribe. Su sorpresa con el tabaco de contrabando suele ser usual en todos los lados, ya que nadie puede creer que haya industrias tabaqueras con tan mala fe como para dar salida vía mercado negro al tabaco que incumple los requisitos de sanidad, para su venta. Con respecto al tabaco en sí, me temo que viene que ni pintada la letra de una de las canciones del “maestro” Sabina (https://www.youtube.com/watch?v=utcaes3PCIc) : “Si lo que quieres es vivir cien años/ No pruebes los licores del placer. / Si eres alérgico a los desengaños/ Olvídate de esa mujer./ Compra una máscara antigás, / Mantente dentro de la ley./ Si lo que quieres es vivir cien años/ Haz músculos de cinco a seis.
EliminarY ponte gomina que no te despeine/ El vientecillo de la libertad./ Funda un hogar en el que nunca reine/ Más rey que la seguridad./ Evita el humo de los puros,/ Reduce la velocidad./ Si lo que quieres es vivir cien años/ Vacúnate contra el azar.
Deja pasar la tentación/ Dile a esa chica que no llame más/ Y si protesta el corazón/ En la farmacia puedes preguntar:/ ¿tiene pastillas para no soñar?
Si quieres ser Matusalén/ Vigila tu colesterol/ Si tu película es vivir cien años, / No lo hagas nunca sin condón./ Es peligroso que tu piel desnuda/ Roce otra piel sin esterilizar,/ Que no se infiltre el virus de la duda/ En tu cama matrimonial./ Y si en tus noches falta sal,/ Para eso está el televisor./ Si lo que quieres es cumplir cien años/ ¡No vivas como vivo yo!.”
Moraleja: mal que nos pese…vivir mata así que no seré yo quien critique el colesterol de los huevos fritos, ni los dañinos efectos del café y de las grasas polisaturadas de los bizcochos ;). No guarde cuidado, que también a mí el café me gusta, aunque en Andalucía le suelen poner tal carga de profundidad, ¡que ni diluido en leche se suaviza!. Saludos.
Valeria, no me ha quedado muy claro cual sería el mal menor para los fumadores, ¿fumar puros o cigarrillos? Maquiavélico artículo.
ResponderEliminarGracias por su comentario, Sr. Raimundo. Tanto el tabaco en puro como el tabaco en cigarrillos son perjudiciales para la salud, si bien el tabaco en puro tiene dos ventajas sobre los cigarrillos: el fumar en puro inhibe el deseo de nicotina por más tiempo, por lo que se puede fumar menos, y además prescinde de las sustancias tóxicas que lleva el papel de los cigarrillos, que los envuelve. Así que entre las dos opciones que cita, la menos mala es el puro. Un saludo.
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