jueves, 24 de diciembre de 2015

El escurridizo Banksy. Mi artista contemporáneo favorito


            En el blog he analizado en distintos momentos, diferentes obras de arte de artistas afamados y reconocidos del Renacimiento y posteriores. Sin embargo, aunque en general no me atrae el arte contemporáneo -no llego a considerarlo arte propiamente dicho, recuerdo en el TATE de Londres ver a toda una multitud alrededor de un televisor donde se veía a un hombre vestido de payaso, saltando y todos poniendo caras que rozaban el éstasis, a mi me resultó totalmente surrealista-, hay la excepción a toda regla y en mi caso se trata del graffitero británico Banksy.


            En Reino Unido, hacer graffitis es ilegal ya que se consideran actos de vandalismo sobre propiedades privadas o públicas. De esa manera, el artista conocido como Banksy pasó a ser considerado un delincuente, buscado por la policía británica y considerado un “art terrorist”.
            Sin embargo, me ha maravillado su refinada manera de hacer crítica social a través de sus obras, que “aparecían” casi en cualquier parte del mundo siendo ya muchas de ellas iconos a nivel mundial. Veamos algunas.
            Ha protestado sobre lo “políticamente correcto” en la sociedad; genial la “calle limpia”, que oculta la basura real echada a palas, en la imagen, o el “bobby” cacheando a una niña que ha infringido las normas sin saberlo, mientras jugaba. Para agrandar las imágenes, picar sobre ellas.

            Ha protestado igualmente sobre la continua pérdida de valores en la sociedad; amantes adictos al móvil y a otras personas que le escriben, mendigos que dejarían de serlo si pudieran, el perfecto caballero que esperando el amor ve marchitarse las bellas flores que guardaba para regalar, o la niña vietnamita destrozada por Napalm, Phan Thị Kim Phúc, paseándose ahora de la mano del ratón Mickey y Ronald McDonald, mascota de la cadena de hamburguesas.


       Y contra una sociedad cada vez más homogénea, en blanco y negro, que se protege de otros colores metafóricos, con una juventud deprimida que no ve futuro en ella y donde se rechaza todo aquello que sea diferente (como las propias pinturas rupestres) para volver a dejarlo todo gris y anodino.


             Tiene otra serie de dibujos de carácter urbano donde juega a romper un poco con bromas; un tigre escapando de los barrotes del código de barras, un crío travieso que va a dar un susto a un francotirador explotándole una bolsa al oído, las ratas en Hollywood anunciando que por las noches las calles son suyas o un hombre (bastante triste) al que le han pedido que cancele la orden de perseguir sus sueños o funcionarios robando a los ciudadanos, entre otras cuestiones.



            Sin embargo, entre mis obras favoritas están aquellos dibujos que realizó en el muro construido por el Gobierno israelí encerrando a los palestinos (cuando en realidad los judíos, tras el Holocausto, se asentaron en Palestina y parece aún lejana  la deseada  convivencia en paz). Banksy dibujó un mundo mejor, la paloma de la paz con chaleco antibalas, la desesperación misma entre las ruinas de Gaza o un simple “cortar por la línea de puntos”.



            Los principales “enemigos” de Banksy han surgido a raíz de sus dibujos más reivindicativos donde pocas personas salen ilesas ya que los hay muy diversos: desde un niño marginado, futuro delincuente urbano escribiendo “recuerdo cuando estos muros eran árboles”, una mujer con burka a la que se le pide que sonría (smile), un mariachi que piensa en lanzar bombas, o una mujer que vomita una bandera británica.


            Otro momento típicamente Banksy, de los más memorables que considero, ocurrió una noche en la que se coló en una galería de arte en Inglaterra y cambió varios cuadros por producciones propias, pero tan bien hechas que no fueron conscientes del “vandalismo” sufrido hasta que algunos visitantes se acercaron a consultar determinados aspectos de los cuadros con los vigilantes. Posteriormente repetiría sus acciones en importantes galerías de arte de todo el mundo.


 Llegó incluso a repartir por Londres billetes perfectamente falsificados de libras esterlinas, pero de “Banksy of England” y en lugar de la reina Isabel II aparecía su odiada cuñada, Lady Diana de Gales y, claro, todos estos atropellos a las leyes y a lo políticamente correcto fueron sumándose, creando gran presión a las autoridades policiales para dar con el verdadero personaje y sentarlo ante el juez. Por su parte Banksy, cuyos fans ya son legión, comenzó a difundir sus imágenes apareciendo encapuchado o con una careta de mono o de los Simpson según las ocasiones, comenzó a viajar bastante dejando sus pintadas por distintos rincones, realizando un parque de atracciones, Dismaland, inaugurado el 22 de agosto de 2015 (que meses más tarde desmantelaría para ceder el suelo y construcciones a los refugiados y sin papeles africanos que huían a Francia y Reino Unido buscando mejorar sus vidas) e incluso llegó a permitir una entrevista en su “despacho” o estudio de creación. Todo esto fue dejando varias pistas, de manera que la policía comenzó a infiltrar a agentes entre los marginados y graffiteros londinenses.


Finalmente, era inevitable y cuestión de tiempo, el artista fue desenmascarado y detenido en Londres, en 2004. De esta manera se reveló que tras el grafitero Banksy se encontraba Paul Horner, un inglés nacido en la ciudad de Liverpool en 1971. Su rostro dio la vuelta al mundo en cuestión de horas y pronto comenzó a “reconstruirse” su vida. Hijo de un reparador de fotocopiadoras, durante su adolescencia la familia se mudó a la ciudad de Bristol, donde Horner tuvo contacto con los graffiteros e inició su identidad como “artista urbano” Banksy, hacia 1993. En un principio se caracterizó por fabricar sus propias plantillas sobre las que rociaba aerosol, dejando sus imágenes –similares- por distintos rincones de las grandes ciudades inglesas.


          Sus obras, tan perseguidas (muchas de ellas fueron borradas) como admiradas por muchos, comenzaron a no dejar a la gente indiferente, de manera que en el año 2000, por primera vez en su vida, Banksy organizó una exposición en la capital de Londres y, para sorpresa de muchos, fue todo un éxito.
            Conscientes del tirón del personaje, empresas como Puma y MTV negociaron con él por poder usar alguno de sus trabajos y al ver la aceptación que tenían, Banksy comenzó a divulgar sus obras y venderlas (algunas han alcanzado las 50.400 libras) para destinar una parte de ese dinero a “causas perdidas” contra el cambio climático y desigualdad social. Incluso durante uno de los bombardeos indiscriminados por parte de los israelíes a bloques de viviendas palestinas en Gaza (que dejaron multitud de bajas civiles palestinas sin que nadie “del mundo civilizado” protestara), Banksy se desplazó a la zona y un día amaneció el dibujo de la desolación (mostrado en esta entrada) pintado en una puerta que aún se sostenía en pie. Al poco tiempo al dueño se le presentó un interesado en comprar la obra, dejándole varios miles de libras que le permitieron volver a empezar desde cero.
            También en 2010 Banksy estrena un documental (Exit Through the Gift Shop, “La salida a través de la tienda de regalos”) sobre sus obras recibiendo tan buenas críticas que llegó a ser nominada al Oscar por mejor documental.
            Volviendo a su arresto, como informaba la versión on-line del Huffington Post  el 22 de febrero de 2013, parece ser que todo el revuelo mediático relativo a la detención del artista callejero y su identidad como Paul Horner nació en una “noticia” de un periódico que era un montaje finamente elaborado por un hacker informático que se encargó de “colocarla” en lugares estratégicos para que se difundiera como una mecha de pólvora a lo largo de todo el mundo. De esta manera, la información se “desinformaba” y a día de hoy prácticamente no hay nadie que pueda asegurar cuánto hay de realidad en toda esta historia.

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Me gustaría aprovechar la ocasión para desearos a todos Felices Fiestas, con los mejores deseos y gracias por visitar mi web, así como por dejar vuestros comentarios.



5 comentarios:

  1. Parece que te sientes molesta con que los israelíes intenten defender su pequeña isla de democracia en medio de un mar de brutalidad teocrática.

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    1. teocráticos somos todos. Judíos, musulmanes, cristianos, hindúes y todas las religiones. Los judíos y muchos árabes y cristianos, quieren guardar la pureza racial lo mismo que los nazis. Son pueblos arios. No en balde los judíos usan de la cruz esvástica, lo mismo que los vascos, con los brazos curvados a la izquierda y los nazis la esvástica con los brazos cruzados mirando a la derecha. Los palestinos serán menos ricos y menos organizados que los israelíes. En buena medida por su falta de control político y militar en su zona y sis cinco autonomías muy separadas. Pero su brutalidad teocrática es igual que la que practicaron los judíos, los romanos, los Reyes Católicos, etc.

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  2. Anónimo, me temo que no ha entendido nada de mi entrada, pero gracias de todas formas por compartir su curiosa opinión. Un saludo y felices fiestas.

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  3. Reconozco que aún me sorprenden los razonamientos ¿postpostmodernos?. Sr Makenri, desde que se tienen noticias de la presencia humana en nuestro planeta, es cierto que los brotes de crueldad tantas veces asociados a fanatismos religiosos han sido constantes y extensibles a casi todos los pueblos; en eso puedo coincidir con su opinión. Pero medir por igual el poderío polítíco, económico y armamentístico del estado israelí y la paupérrima situación del pueblo palestino me parece cuando menos frívolo. Tampoco tiene nada que ver cómo se originó el conflicto?. Leyéndole parecería que las cinco autonomías palestinas separadas lo son por gusto y que el problema es que no saben organizarse. Lo dicho, no salgo de mi asombro.
    Saludos, Valeria. Hace pocos días he visto un documental de Bansky y sus andanzas por NY. ¡Qué capacidad de crítica, qué finura y qué ingenio!. Parece atemporal e inagotable. ¿Sabría decirme en qué años aparecen sus primeras obras?. Muchas gracias por su amena e interesante web.

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  4. Buenas tardes, Lola, dsculpe mi demora en responderle. Antes de nada, gracias por su comentario. Con respecto a su pregunta, lo cierto es que a día de hoy Banksy continúa en el anonimato principalmente porque en Inglaterra está penalizado hacer graffitis ya que atentan contra la propiedad pública (lo consideran tan vandálico como prender fuego a una papelera pública, por ejemplo). Para que no fueran ilegales sus acciones, debería contar con el consentimiento, por escrito, de la persona propietaria del muro sobre el que hace sus obras. Es por ello que inicialmente no firmaba éstas (e incluso hoy día gran parte de ellas son anónimas)y por ello es difícil establecer sus comienzos. A grandes rasgos se sitúan en la década de los ochenta en Londres, pero nadie puede asegurarlo real y concretamente. De hecho, se habla de esas fechas y ciudad porque fue allí cuando comenzó a hacerse célebre con su "broma" de billetes falsificados con la cara (coronada de reina) de Lady Di, cuando apareció junto al Támesis -entonces de aguas muy turbias y contaminadas- su pintura de la Muerte en una barca a ras de agua, el dibujo de dos guardias urbanos homosexuales besándose y otras pinturas con similar mensaje crítico de la sociedad, que motivaron que comenzara a hablarse de él pues en algunos de estos graffitis aparecía su nombre. Casi al mismo tiempo comenzaron a "aparecer" graffitis muy parecidos, y algunos con su firma, por otras ciudades europeas. Un saludo.

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