martes, 16 de febrero de 2016

Prehistoria en el sur de Soria


Si como dijo Louis Siret, la provincia de Almería es un museo al aire libre, la provincia de Soria no le va a la zaga. Frontera cristiano-musulmana durante mucho tiempo, antiguo bastión de la cultura prerromana siglos antes, en la provincia de Soria se dio un interesante caldo de cultivo de muy diversas culturas que cristalizó en un rico sincretismo, aún muy lejos de ser conocido plenamente. No en vano ahí está Ágreda, “la ciudad de las tres culturas”; Almazán que no se queda atrás o la misma ciudad de Soria, con todas sus entradas custodiadas por posesiones templarias. La ciudad, de acuerdo con el periodista y cronista de Soria, D. Miguel Moreno, albergaba la segunda mayor judería tras la de Toledo.


La provincia de Soria es una sucesión de joyas por conocer, comenzando por la ciudad fronteriza de Medinaceli, habiendo bellas ermitas prerrománicas-románicas cuyos muros atesoran originales frescos medievales como la de San Miguel de Gormaz, la denominada “Capilla Sixtina del mozárabe”, San Baudelio de Berlanga deDuero, el paraje de Castillejo de Robledo, tan cidiano, y otros lugares por donde discurrieron el Cid y sus juglares. De hecho, uno de los autores del Cantar de Mio Cid se cree natural de uno de estos pueblos sorianos que sirvieran de fondo para rodar la película hollywoodiense sobre el Cid, entre otros lugares de la bella provincia soriana.
          Sin embargo, ahora deseo centrarme en los primeros tiempos de la historia de esta vieja tierra. En otra ocasión ya hablé del yacimiento de Torralba y Ambrona, que por entonces era una zona cenagosa donde muchos grandes herbívoros quedaban atrapados, siendo la ocasión aprovechada por los carnívoros, entre los que se encontraba el ser humano, para cazarlos y comer.
Conforme el ser humano fue evolucionando y aprendiendo a observar los ciclos de la naturaleza, comenzó a adentrarse en la agricultura y domesticación de herbívoros salvajes (ganadería), de manera que se establecieron en zonas fértilesde fácil protección y comenzaron a construir por primera vez  poblados más o menos estables en el tiempo. Se seguía adorando a la Madre Tierra, a la fertilidad de la Diosa Madre, que generosa les alimentaba con cosechas, animales y agua fresca. Por eso sus santuarios se encontraban, o bien al aire libre o bien en el interior de alguna covacha o cueva bien situada con respecto a los recursos, viéndose como una especie de cuerno de la abundancia.
Pues bien, precisamente uno de estos parajes idílicos lo encontramos al sur de la provincia soriana, donde existía una inmensa laguna frecuentada por herbívoros, carnívoros, anfibios, reptiles y todo tipo de aves. A esta laguna daba una especie de plataforma natural que, cuando la visité ( aprovecho la ocasión para agradecer a mis amistades, D. Ricardo Heras, reputado médico, a su esposa, Dña. Chelo -enfermera y magistral jefa de intendencia en nuestras "escapadas"- y a su hijo Ricardo -arquitecto apasionado del románico-, por enseñarme todas estas maravillas y pasar agradabilísimos días de campo), tuve la impresión por todos los vestigios y marcas que observé en las rocas, que estaba ante los restos del equivalente a Les Eyzies-de-Tayac-Sireuil, en el sur de Francia, no lejos de las cuevas de Lascaux. Allí se había dado una ciudad medieval desarrollada durante siglos en esa garganta, en la plataforma natural sobre el río, conocida como La Roque Saint-Christophe (en Dordogne, Francia). Las marcas que observé cuando visité el yacimiento francés en compañía de mi hermana, donde se insertaban vigas de madera, estanterías, bancos, … eran muy similares a los que encontré en este paraje soriano.

Bisonte acicalándose, tallado en asta de reno y encontrado en la cueva de La Madeleine, cercana a la de Lascaux (detalle de una sala), próximo al poblado semirrupestre de Les Eyzies, que a su vez está cerca del yacimiento medieval de La Roque Saint-Christophe (detalle de una tienda).

            El yacimiento francés de La Roque Saint-Christophe se llama así (“la roca de San Cristóbal”) por el santo al que estaba consagrada la iglesia del poblado que se desarrolló sobre esta cornisa natural. También en la zona de Miño de Medinaceli a la que aludo, hubo ermita que aún pervive, de la Santa Cruz. Y como en el caso francés, también aquí hay restos prehistóricos o del Epipaleolítico puesto que junto a la ermita hay una pequeña gruta de la que sale un pequeño manantial y en las paredes se han contabilizado más de 1.200 cazoletas y algunos relieves. La pena es que el abandono de la Junta de Castilla y León de este paraje ha permitido que toda una legión de gamberros y delincuentes se hayan desahogado a gusto robando porciones de piedra con decoración, dejando sus nombres y arañazos por doquier, de manera que actualmente es muy difícil establecer una datación fiable para esta decoración o tan siquiera llegar a saber con seguridad qué había grabado.

Comparación del yacimiento de La Roque Saint-Christophe (en la grieta) con el paraje de la cueva y ermita de Santa Cruz, entre Miño de Medinaceli y Conquezuela.

            Con todo, el año pasado salía a la luz un artículo científico en la revista Zéphyrus donde se daban a conocer nuevas pinturas, posiblemente neolíticas, en el paraje soriano mencionado (para ver el artículo o descargarlo en pdf, picar aquí).
            Como se aprecia en las imágenes, las paredes de la cornisa o visera natural rocosa, antaño colgada sobre una gran laguna desecada en tiempos de Franco, presentan oquedades que hacen pensar en la existencia de construcciones adheridas de hasta dos pisos de altura.

Por la longitud de la cornisa, es viable que en este paraje existiera una comunidad de la envergadura de la que hubo en la Edad Media en La Roque Saint-Christophe, en Francia.

Dos detalles del yacimiento francés y reconstrucción del aspecto que debió mostrar en el s. XII. Para agrandar las imágenes, picar sobre ellas.

            Ya se ha visto que esta zona estuvo poblada desde muy antiguo y que tanto por la cueva con manantial incluido que lo hacía un lugar sagrado, como por el lago (fuente inagotable de alimento), es muy posible que este paraje fuera sagrado para los primeros pobladores. De hecho, no lejos de allí, hacia la localidad de Miño de Medinaceli, se llega a una zona que estaba situada en la otra orilla del lago, limitando su extensión. Y allí, los arqueólogos se llevaron una muy grata sorpresa.

Emplazamiento de los megalitos identificados hasta ahora en la provincia de Soria. Vista actual del túmulo de Miño de Medinaceli y reconstrucción del aspecto que debió mostrar.

            Para sorpresa de todos, aparecía un túmulo megalítico con restos de varias personas. Entre el ajuar funerario, cerámica campaniforme de tipo marítimo (para más detalle, ver el artículo publicado en 2006 sobre el tema, en “Trabajos de Prehistoria”, aquí). Pero no era el único, había varios en los alrededores.
            Otra nueva sorpresa saltaría a las noticias al analizarse el contenido de este túmulo, conocido como Túmulo de la Sima, pues en él se encontraron –en el interior de un vaso campaniforme–  los restos conocidos  más antiguos de cerveza de toda Europa, de 6.000 años de antigüedad. Para más datos, picar aquí.
            Así que entre los V-III milenio a.C., los megalitos de esta zona han atestiguado la presencia de grupos humanos en estas tierras. Aunque considero que la presencia debió ser ininterrumpida, lo cierto es que los siguientes restos son del yacimiento calcolítico de El Mosquito, concretamente de su muralla, para pasar a la necrópolis celtibera prerromana excavada en la roca, en los farallones rocosos que afloran en la propia localidad de Miño de Medinaceli.
Y es que toda esta mole rocosa vuelve a presentar marcas y talladuras de viviendas, estancias y otras estructuras hoy mal conocidas, que me hace pensar de nuevo en una población rupestre como la que existió en el paraje de Santa Cruz y en La Roque Saint-Christophe, de Francia.
Estas ciudades estaban tan bien camufladas en la roca y por las gargantas fluviales de la zona que fueron lugares con un valor estratégico envidiable, motivo por el cual, durante la ocupación islámica de la Península Ibérica, se instalaron aquí los árabes reforzando con atalayas la zona. Hoy día pueden reconocerse los restos de estos torreones, tanto en Miño de Medinaceli, como en la montaña próxima al túmulo de la sima.


            Y con la Reconquista llegó otra de mis sociedades favoritas, la Orden del Temple. No tardaron mucho en reconocer el carácter sacro de este área, de manera que se instalaron a sus anchas en los alrededores, patrocinando la construcción de muchas de las iglesias románicas de la zona y, como ya es habitual, cargando con doble significado a muchos de los relieves y figuras que decorarían estos templos cristianos. Debemos recordar que no muy lejos de esta zona se encuentra Barahona, con todo su pasado brujeril que ya traté aquí y que toma su nombre de la guerrera varona, que señalé aquí.
            Por cierto, ¿adivinan cuál es el patrón de Miño de Medinaceli?. Lo tienen fácil, en base a toda la sacralidad de la zona en tiempos pretéritos que he mostrado. Exacto, San Miguel.

Distintos aspectos de Romanillos de Medinaceli, cuya iglesia parroquial de San Miguel presenta distintos estilos (el románico contenía un crismón, señal de que por aquí pasaba un ramal del Camino de Santiago) y restos de tumbas antropomorfas junto al ábside.


1 comentario:

  1. Precioso trabajo realizado por la autora.Muchas gracias por compartir su amplio bagaje cultural con los lectores. Seguimos conectados.

    SoriaTorri.

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